El recorrido que une Jáchal con Huaco es mucho más que un trayecto: es un viaje por paisajes que asombran, ríos que dan vida al desierto y escenarios cargados de historia y cultura. Desde el entorno del dique Los Cauquenes, pasando por la Ciénaga de Huaco y su río, hasta la imponente Cuesta de Huaco, el camino se impone por su belleza y su inmensidad.
El dique Los Cauquenes aparece como el punto de partida ideal para recorrer las maravillas naturales de Jáchal. Rodeado por cerros y un entorno árido que contrasta con el espejo de agua, el embalse ofrece un paisaje sereno que invita a la contemplación y al descanso. Con el correr del día, la luz transforma el color del agua y del entorno, generando postales que resaltan la amplitud del lugar y su valor escénico. Además de su función hídrica, el dique se ha convertido en un atractivo turístico donde es habitual ver a familias y viajeros disfrutar del aire libre, realizar caminatas, tomar fotografías o simplemente detenerse a observar el silencio del paisaje. Desde allí, el camino continúa hacia otros puntos emblemáticos del departamento, consolidando al dique Los Cauquenes como una parada obligada dentro del circuito turístico jachallero.
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A lo largo de la ruta provincial 491, el paisaje se transforma en una verdadera postal natural. La Ciénaga de Huaco aparece como uno de los puntos más atractivos del recorrido, un sitio paradisíaco elegido por vecinos y turistas para pasar el día y disfrutar del entorno. La ruta, considerada escénica, revela formaciones de rocas sedimentarias moldeadas por el viento y la lluvia, ofreciendo vistas únicas en cada curva.
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Pero Jáchal no solo deslumbra por su naturaleza. En este tramo, el paisaje se fusiona con una historia profundamente ligada a la identidad cultural del departamento. A la vera del río Huaco —muy visitado por quienes buscan refrescarse o descansar— se encuentran lugares que fueron fuente de inspiración para Buenaventura Luna, el poeta mayor de la provincia. Allí nació “Puentecito de mi río”, una de sus obras más reconocidas, inspirada en las crecidas del río que destruían el puente improvisado que el poeta construía para visitar a su amada.
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El recorrido también invita a conocer un sendero autoguiado que conduce al sector conocido como Los Morteritos, donde se conservan vestigios de antiguos asentamientos indígenas. En ese lugar, los últimos pueblos originarios que habitaron la zona utilizaban morteros de piedra para moler semillas, especialmente algarroba, con la que elaboraban alimentos y bebidas tradicionales como patay, ñapa y chicha.
La llegada a Huaco suma nuevos motivos para detenerse. Además de su valor histórico y natural, la localidad es escenario de celebraciones culturales como la Fiesta del Natalicio de Buenaventura Luna, que se realiza cada enero y convoca a artistas locales y nacionales en un evento gratuito que reúne música, tradición y gastronomía típica.
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La Cuesta de Huaco se presenta como uno de los tramos más impactantes del norte sanjuanino, un corredor natural que sorprende por la magnitud de su paisaje y la fuerza de su geografía. Los cerros multicolores y las formaciones rocosas, esculpidas durante siglos por el viento y el agua, construyen un escenario imponente que invita a detenerse y contemplar. Se trata de una ruta escénica por excelencia, donde cada curva ofrece una nueva postal del valle de Huaco y su hondonada de piedra. Desde el mirador natural, la vista se abre de manera infinita y permite dimensionar la inmensidad del territorio, convirtiendo a la cuesta no solo en un paso obligado para quienes recorren Jáchal, sino también en una experiencia turística en sí misma, donde la naturaleza y el silencio se conjugan para dejar una impresión inolvidable en quienes la transitan.
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Así, el camino de Jáchal a Huaco se presenta como una experiencia integral: naturaleza imponente, ríos, historia ancestral y poesía viva. Un destino que invita a recorrerlo sin apuro y a descubrir por qué este rincón del norte sanjuanino deja huella en quienes lo visitan.