Calles empedradas, antiguas casonas de madera y una historia marcada por la inmigración europea convierten al Barrio Inglés de Coquimbo en uno de los paseos más atractivos para quienes visitan la ciudad puerto. Sin embargo, detrás de su encanto patrimonial y su aire bohemio, el lugar esconde una de las leyendas más inquietantes de la región: la del pequeño Jon, el fantasma que todavía deambula entre los edificios del siglo XIX y que, según relatan vecinos y turistas, no deja dormir a más de uno.
El Barrio Inglés nació al calor de la fiebre del cobre y del auge portuario de Coquimbo. A mediados del siglo XIX, comerciantes y colonos ingleses se instalaron en esta zona estratégica del puerto, levantando elegantes construcciones de estilo europeo que aún hoy definen la identidad del sector. Pero en medio de ese pasado próspero, una tragedia marcó para siempre la historia del lugar.
La figura del pequeño Jon, también conocido como Juan o John, es hoy una de las postales más llamativas del barrio. Una estatua que recibe a los visitantes recuerda a este niño cuya vida se habría truncado de manera brutal. Según la leyenda, en el mismo sitio donde hoy se levanta una de las construcciones más conocidas del Barrio Inglés, estaba la casa familiar del pequeño, una casona típica de los puertos del Pacífico que también funcionó como el recordado “Almacén Inglés”.
Cuentan que una tarde, Jon salió a jugar a la calle Santiago Aldunate, una de las principales arterias del puerto de Coquimbo por donde, en aquella época, circulaban los trenes de carga. En su inocencia, el niño no advirtió la cercanía del convoy y fue arrollado trágicamente. El accidente conmocionó a la comunidad y, con el paso del tiempo, el hecho se transformó en un relato transmitido de generación en generación.
Décadas más tarde, la antigua casona fue demolida para dar lugar a una nueva construcción que sería destinada a hotel. Todo parecía normal hasta que, tras su inauguración, comenzaron a surgir los primeros testimonios inquietantes. Huéspedes aseguraban escuchar, en plena noche, ruidos extraños en los pasillos y escaleras: pasos pequeños, risas, carreras y golpes que parecían los de un niño jugando.
Las llamadas a la recepción se volvieron frecuentes. Turistas, visiblemente alterados, afirmaban no poder descansar por la presencia de un infante que recorría el edificio cuando el silencio se apoderaba del lugar. Lo curioso es que muchos describían situaciones similares sin conocerse entre sí, alimentando aún más la fama paranormal del barrio.
Con el tiempo, la historia de Jon se consolidó como una de las leyendas urbanas más conocidas de Coquimbo. Hoy, el Barrio Inglés no solo atrae a quienes buscan gastronomía, cultura y arquitectura, sino también a curiosos y amantes de lo paranormal que recorren sus calles con la esperanza (o el temor) de sentir alguna señal del pequeño fantasma.
Entre lo histórico y lo sobrenatural, el relato de Jon forma parte del encanto oscuro de Coquimbo. Una historia que, aseguran, sigue viva y que convierte a este tradicional barrio portuario en uno de los rincones más misteriosos del norte chileno. Para algunos, solo una leyenda. Para otros, una presencia que aún no descansa.
Mirá el video completo con la historia del pequeño Jon:
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