Sin dudas la historia estremeció a San Juan, incluso se generó un debate en los medios sobre las formas de contar la noticia, por el minuto a minuto que se sostuvo cuando estalló el caso hasta el final que develó el calvario de las menores involucradas. Es que las hermanitas abusadas por Chingolo vivieron un verdadero infierno y ahora dos de los culpables de ese espantoso contexto en el que estaban inmersas rinden cuentas ante la Justicia.
Es que el juez que investigó el caso, Guillermo Adárvez del Tercer Juzgado de Instrucción, procesó con prisión preventiva a Mario Antonio Ortíz, alías Chingolo, por abuso sexual gravemente ultrajante agravado por su condición de guarda por tres hechos -es decir por las tres víctimas que padecieron las agresiones sexuales- como así también procesó sin prisión preventiva a la madre de las niñas por exhibiciones obscenas.
Detrás de una resolución judicial que hoy le pone distancia al calvario de las nena de 8 y las mellizas de 6 años se esconden dos puntos inflexivos en el caso: el cuestionado proceder de la madre y el accionar de un externo, más bien de la declaración de una vecina que terminó con el sufrimiento de las menores.
Según se desprende de los documentos judiciales a los que accedió Tiempo de San Juan, un testimonio fue clave para que la situación de las pequeñas saliera a la luz y desde el Estado se interviniera. Fue una vecina quien dio aviso a la Policía sobre el rapto que desencadenó la búsqueda y el posterior hallazgo de las nenas y la detención del abusador. Lo que motivó a la mujer a radicar la denuncia al 911 sobre la desaparición de las pequeñas fue que dos días atrás, una de ellas -la mayor- le había confesado ser víctima de abuso en manos de Ortíz, a quien todos consideraban el tío de las nenas aunque sólo se trataba de un conocido de la madre.
Acorde al relato de la vecina, la chiquita de 8 años le contó a su mamá M.P (no se identifica a la madre para resguardar la integridad de las menores) lo que las tres padecían en manos de 'Chingolo', pero aseguró que no le creyó. La nena le habría dado detalles de las vejaciones a las que eran sometidas, aunque no habría conseguido una respuesta favorable pues continuaron estando a cargo del acusado.
Como coinciden todos los testimonios, 'Chingolo' "cuidaba" de las niñas cada tanto y se las llevaba a su ranchito ubicado en el basural de Las Talas, en Caucete.
"Chingolo sabía ir a mi casa, pero yo jamás he visto que él les haga algo, él nunca las ha tocado delante mío", fue la excusa que esbozó la mujer en sede judicial.
Otro de los conocidos que prestó declaración para la instrucción comentó que en varias oportunidades le advirtió a la madre sobre el comportamiento del acusado del aberrante delito y, como ya lo había indicado la mayor de las hermanas, nuevamente descartó la versión sin hacer caso omiso a lo que le estaban apuntando, pese a la gravedad de la cuestión.
Así, las hermanitas continuaron relacionándose con el hombre al que nunca acusaron directamente en Cámara Gesell. En sus declaraciones -recortadas y omitidos los detalles en este artículo- evitaron la confesión dadas sus retraídas personalidades, sumisas ante la presencia de su madre, con síntomas asociados a la vergüenza y con confusión de conceptos entre el sexo, el afecto, el cuidado y la desconfianza, según señala el reporte psicológico.

A pesar de la conducta restrictiva de las menores, el entender de los profesionales que intervinieron se centró en sus gestos y sus acciones como la hipervigilancia de una de ellas, es decir preocupación para que ninguna de sus hermanas escuchara lo que tenía para contar. Además, los conocimientos sexuales que manejaban pese a su corta edad fueron suficientes como para llegar a la conclusión, entre otros tanto signos, de que habían sido víctimas de abuso sexual y de violencia física -pues no sólo las atacaba sexualmente sino que también las amenazaba y golpeaba- , siendo la mayor la más afectada por ello.
Sobre la imputación de la madre. Si bien no hubo pruebas suficientes para la Justicia para comprobar otro tipo de delito como el abandono de persona, el que sí se le endilgó fue el de exhibiciones obscenas tras el testimonio de las niñas, quienes señalaron que su mamá mantenía relaciones sexuales en frente de ellas con diferentes hombres. Así, una de las pequeñas habría detallado episodios en los que tenía que dormir en un colchón en el piso cuando un sujeto extraño dormía con su madre, a pocos metros en el mismo cuarto de su rancho.
¿Hacía prostituir a una de sus hijas mayores? Una declaración que se desprende de la causa señala que una hija de 20 años de M.P, una de los diez hijos que tiene, era prostituida por su propia madre cuando tenía 17. Uno de aquellos clientes a los que frecuentaba es actualmente pareja de la joven y él mismo habría confirmado que la progenitora le cobraba el pago por el trabajo sexual, mientras que a unos le cobraba 200 pesos, a él le cobraba 500.
El mejor final, tras ser rescatadas de la pesadilla. Con la intervención de la Dirección de Niñez, las chiquitas fueron puestas bajo custodia del papá de la mayor, quien ya antes había denunciado a la madre por el desempeño de su rol ante el 102 pero por la burocracia de los trámites nunca logró la tenencia de su hija. Profesionales convinieron que el hábitat y el ambiente de familia que ofrecía el hombre, con su pareja y demás hijos era el mejor lugar para las pequeñas, de modo que no fueran puestas en adopción y posiblemente fueran separadas.