Verano, estilo y esa mujer +50 que no negocia su identidad
Entre el calor sanjuanino y la vida cotidiana, la moda se vuelve herramienta. Cómo vestirse para sentirse fresca, linda y auténtica, sin morir en el intento.
El verano en San Juan tiene una particularidad: no pide permiso. Llega, se instala y condiciona todo. El sol es protagonista desde temprano, la noche no siempre alivia, y lo que una mujer se pone encima deja de ser solo estilo para convertirse también en supervivencia. Y cuando la mujer es +50, la ecuación suma otro componente: la identidad. No se trata de verse más joven ni de resignarse a una idea de “edad”, se trata de verse bien, sentirse cómoda y reconocerse en el espejo. Y aunque parezca simple, no lo es.
Hay algo que admiro en las mujeres +50: ya aprendieron a mirarse con honestidad. Saben qué les favorece, qué les incomoda, qué les suma y qué les roba energía. No necesitan disfrazarse ni pelear con el tiempo; necesitan que la moda acompañe. Y el verano, con su calor persistente, las obliga a decidir con criterio: telas que respiran, colores que iluminan, largos que no sofocan, y prendas que permiten moverse sin sentir que el cuerpo está atrapado.
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Las telas son el primer territorio estratégico. El algodón siempre noble, los linos bien tratados, la viscosa liviana, el rayon y ciertas gasas son aliados en esta provincia. El verano castiga las fibras gruesas y los sintéticos que no permiten el paso del aire. La caída importa, porque aligera la silueta y evita el volumen innecesario. Los estampados pueden ayudar a disimular o equilibrar, pero la mujer +50 sabe que no todo lo que se estampa favorece. Por eso elige con ojo fino: flores suaves, geométricos discretos, rayas que estilizan, y colores que armonizan con la piel de verano, que tiende a dorarse.
Los largos también cuentan historias. El midi es un gran recurso: fresco, contemporáneo y elegante sin esfuerzo. Permite mostrar pierna con sutileza y al mismo tiempo evita el “me estoy desnudando para poder respirar”. Las mangas 3/4 o cortas estilizan el brazo y equilibran la zona del torso. Los escotes moderados abren el cuello —una de las zonas más lindas de la mujer +50— sin sentir que se exhibe demasiado. Nunca se trata de esconder, se trata de elegir.
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En cuanto a los colores, el verano invita a jugar. Los neutros arena, miel, suela, blanco roto, verde oliva suave, azul marino, gris claro son un sueño en climas calientes. Pero también vale sumar un coral, un mandarina, un verde agua o un rojo ladrillo que eleve el ánimo sin gritar. La mujer +50 no necesita estridencia para tener presencia. La presencia la trae ella.
Hay una escena que recuerdo de muchas madres de esa generación, bueno para ser sincero de mi madre. Adentro de casa, vestidos frescos, shorts, telas livianas, libertad. Afuera, la seguridad del color negro. No era coquetería, era identidad. “Quiero verme bien, pero no vieja”, decía. Y en esa frase había una sabiduría enorme: no buscaban parecer de veinte, buscaban ser ella con dignidad. Esa búsqueda sigue viva en tantas mujeres hoy. No quieren resignar quien son, pero tampoco quieren pasar calor ni sentirse disfrazadas.
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Los accesorios terminan de resolver el verano. Un buen par de lentes pueden contarte el estilo entero. Los aros en metal dorado suave iluminan, las carteras livianas no cansan, y las sandalias bajas en cuero color suela se llevan mejor con la ciudad que cualquier taco. La mujer +50 es práctica; sabe que un look no funciona si duele.
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Y aunque la moda a veces quiera segmentar por edades, el verano en San Juan tiene su propia democracia: te obliga a ser funcional. Lo interesante es cómo cada una resuelve esa funcionalidad sin resignar belleza ni carácter. Algunas lo hacen desde un boho suave, otras desde el minimalismo fresco, otras desde el color, otras desde la sobriedad. Todas desde la misma premisa: ser una misma.
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Hay algo profundamente moderno en esta forma de vestir. No es tendencia, no es anti-tendencia. Es sentido común elevado a estética. Y creo que ahí está el verdadero estilo de la mujer +50: en elegir con criterio, con respeto hacia sí misma y con un deseo silencioso de sentirse linda para ella, no para la mirada ajena.
Al final, vestir en verano no es una cuestión de edad, sino de libertad. Libertad para no morir de calor, libertad para no disfrazarse, libertad para no sentirse “vieja”, libertad para reconocerse. Cuando una mujer +50 sale a la ciudad y elige una prenda que la acompaña en ese calor irreverente, está haciendo un acto de autoestima. Y eso siempre va a ser más poderoso que cualquier tendencia.