Este verano en San Juan, el pañuelo dejó de ser accesorio para convertirse en actitud. Y entre el sol, las piscinas y el vino, encontró su mejor versión. Porque acá, donde el calor exige ingenio, el estilo siempre gana. Leé la nota columna completa de Raffa Andrada en otro miércoles con "M" de moda en Tiempo de San Juan.
Hay algo que siempre me fascinó de la moda: el modo en que una tendencia puede viajar miles de kilómetros, atravesar temporadas, climas y ciudades, hasta encontrar una nueva forma de existir. Este verano, el protagonista inesperado es el pañuelo. Esa pieza simple, cuadrada, liviana, que lo mismo sirve para cubrir la cabeza que para transformarse en top, pareo o accesorio. Y que, de pronto, apareció en pasarelas, editoriales y redes como si siempre hubiese estado ahí, esperando su momento.
El regreso del pañuelo tiene algo de Mediterráneo —esa vibra Riviera, playas italianas, gafas oscuras, autos descapotables— pero también tiene algo muy nuestro. En San Juan convive con el sol, el calor seco, la vida social intensa y esa costumbre de estar arregladas aunque vayamos a la pileta, a un asado o a una degustación de vinos. No somos una ciudad tímida a la hora de vestir; al contrario, las mujeres sanjuaninas saben elegir, combinar y probar. A veces sin darse cuenta, hacen moda.
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La tendencia llegó fuerte: pañuelo en la cabeza, estilo pirateado retro, pañuelo con pelo suelto; pañuelo como pareo para la pileta; pañuelo como top anudado en triángulo o strapless; pañuelo accesorio en cartera, muñeca o cinturón. Y en medio de este revival, yo salí a mirar un poco la calle. Porque me encanta cuando la moda deja de ser concepto y se vuelve conversación.
Si uno recorre San Juan en enero, descubre una escena interesante. En los diferentes departamentos, en los barrios y en las plazas, el pañuelo aparece como solución inteligente: liviano, práctico, fresco y con un toque chic. En la zona de los bares, cerca de la Avenida Libertador, se lo ve más como statement: pañuelo-top con blazer o camisa abierta, gafas XL y labios fuertes. Y en la pileta —esa institución social sanjuanina— el pañuelo es comodidad, casi estrategia: pareo para salir del agua, top para tomar sol, cabello recogido para no sufrir el calor.
pañuelo cabeza
Me gusta imaginar diálogos. Si preguntara por ahí, estoy seguro de que muchas mujeres responderían cosas como: “Lo usaría para la pileta, obvio”, “top sí, pero con saco arriba”, “me encanta para el festival”, “yo lo uso en el pelo porque no me banco el calor”. Respuestas reales que hablan de algo que la moda global a veces olvida: la vida cotidiana.
El pañuelo tiene otra ventaja: no exige cuerpo, ni edad, ni ocasión. Se adapta. Es democrático. Las chicas jóvenes lo vuelven top para recitales; mujeres adultas lo usan en la cabeza, como esos lookazos de los 70, otras lo llevan como pareo con malla enteriza negra, que siempre es una apuesta segura. Y todas lo hacen a su manera.
Ahora bien, ¿por qué volvió? Creo que hay dos razones. La primera es estética: el pañuelo aporta color, textura y sensualidad. La segunda es emocional: tiene algo nostálgico, casi vintage, que recuerda a las mujeres más lindas de las fotos familiares; esas que salían arregladas para ir a ningún lado. Mujeres que, sin saberlo, anticiparon la moda.
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Yo siempre digo que las sanjuaninas tienen una virtud: se visten para el clima y para la ocasión, pero nunca renuncian al estilo. En eso, el pañuelo encaja perfecto. Es pieza pequeña, pero habla fuerte.
Y si hablamos de cómo usarlo, mis sugerencias para este verano son simples:
Pileta: top de pañuelo + pareo, lentes oscuros y malla entera.
Fiestas: pañuelo en la cabeza + jeans + cadena fina.
Noche: top + blazer liviano + labios intensos.
Tardes: pañuelo cuello o cartera + vestido midi.
Día: pañuelo cabeza + gafas + aro grande.
El cierre de esta historia es sencillo: la moda volvió a recordar que las piezas más inteligentes suelen ser las más antiguas. Y que un cuadrado de tela puede decir mucho más de lo que parece.
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Este verano en San Juan, el pañuelo dejó de ser accesorio para convertirse en actitud. Y entre el sol, las piscinas y el vino, encontró su mejor versión. Porque acá, donde el calor exige ingenio, el estilo siempre gana.