El recuerdo

Mirá la emocionante nota que hizo Tiempo con Viviana Castro

La Calandria sanjuanina habló en 2012 con este medio y contó cómo era su vida cuando empezó a revolucionar la música con su presencia. Entrá a la nota y leé la inolvidable entrevista.
viernes, 25 de septiembre de 2015 · 22:45

Viviana Castro murió este viernes a los 84 años y dejó un gran vacío y tristeza para la música sanjuanina y argentina. La artista tuvo su época de gloria cuando el folclore era tierra de hombres y quedó para siempre en la memoria colectiva.

 

 

En el año 2012 fue entrevistada por Viviana Pastor para Tiempo de San Juan y contó cómo fue este camino en el mundo de hombres y abrió las puertas a las artistas. Leé otra vez la entrevista y emocionate.

 

 

 

PERSONAJES: VIVIANA CASTRO

La reina rebelde del folclore cuyano

Empezó a cantar cuando empezó a hablar y a los 82 años sigue tocando la guitarra y deleitando con su voz impecable, aunque ya no para el gran público. La apodaron como "La calandria sanjuanina”, y ella se hace cargo de su legado. Muchos artistas todavía la buscan para pedirle consejos a este mito viviente. Para ella, la tonada ya no se canta como antes. Por Viviana Pastor.

La reina rebelde del folclore cuyano

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

"Mi hermano siempre me decía: en la p…” se interrumpió, revoleó los ojos y se quedó esperando una mínima aprobación. La risa estaba por estallar, ella lo detectó y al instante se mandó: "mi hermano siempre me decía: ‘en la puta vida te dejas de cantar’”, disparó Viviana Castro.

Esa bajada de bandera fue suficiente para ella y las bromas se sucedieron durante toda la charla, igual, se notaba que se medía bastante, después de todo era la primera vez que estaba ante esta periodista. Pero esa frase suya la resume: con casi 82 años, ella sigue siendo la niña rebelde del folclore. Fue la única hija mujer entre 6 varones, y la más chica; "mis hermanos me decían: ‘salí de acá, chinita de mierda, dejá de joder’”, recordó. 

En su mundo siempre estuvo rodeada de hombres, tal vez por eso fue la única mujer que se animó al folclore en San Juan, allá por fines de los ’40. Ella era la eterna cantora de lo cuyano y la que siempre se destacó por su buen humor. La que todos querían tener en sus fiestas, veladas, guitarreadas, serenatas y lo que se presentara, es que con ella nadie se aburría.
Todos los folcloristas cantaron con Viviana, todos se maravillaron con su expresividad, con su forma única de sonar, con su habilidad para hacer que la tonada llegara más allá, hasta estrujar el corazón.

Fue homenajeada en el Congreso Nacional, en la Municipalidad de la Capital, en la Fiesta de la Tradición, en Jáchal, y en la Fiesta del Sol. Cantó hasta en Estados Unidos. Conoció a Buenaventura Luna y cantó con los monstruos del folclore nacional, sin embargo es muy poco lo que hay escrito sobre ella, casi nada. Será por eso que preguntó al menos tres veces: "¿Cómo fue que dio conmigo?”.

El próximo 28 de agosto Viviana cumplirá 82 años, y está radiante. Para la nota se había producido: botas negras que parecían recién compradas, pantalón negro, pullover con vivos rojos, pañuelo al cuello haciendo juego y un chal de lana blanca que se sacó cuando tomó la guitarra. Cabello rojizo, un toque de labial y rubor en las mejillas. Ella se olvida de algunos nombres y fechas, pero su voz sigue intacta. 

Entre paredes llenas de sus distinciones y fotos, la Calandria Sanjuanina, como la bautizó el aparcero Jorge Darío Bence, recordó su historia con la ayuda de su "hermana en el cariño”, Nidia Perona, amigas de toda la vida.

La niña calandria

La guitarra y el canto nacieron con ella, su papá era un gran cantor, aunque sólo para las fiestas familiares y los amigos. Viviana tenía 3 años cuando se paraba en la vereda de su casa a cantar a conocidos y extraños que la quisieran escuchar. "Canto desde siempre. ¿Quién me enseñó? Nadie. En la escuela siempre me ponían adelante para cantar”, afirmó la autodidacta.
Nidia contó que Viviana no quería estudiar y desde chica le dijo a su madre que quería ser gráfica como su padre, quien trabajaba en el Boletín Oficial, y que quería cantar. Y así fue, Viviana entró muy joven a trabajar al Boletín, "pero yo sabía hacer de todo porque me había criado en esa imprenta con mi papá”, aseguró. 

El trabajo le dio estabilidad económica y ésta le permitió vivir para la música sin esperar retribución. Sin embargo la tuvo. A los 18 fue a LV1 Radio Colón, la probaron y la contrataron para el cuerpo estable de músicos de la radio. "En Colón estaba de director José Rocha y cuando me tomaron la prueba me dijo: ‘tenés que venir a cantar’. En esa época eran buenos sueldos y me acompañaban en las guitarras Escobar, Ezcurra y Garramuño, pero cuando no había guitarristas cantaba igual”, contó.

Cuando apenas tenía 20 años surgió la posibilidad de cantar en Buenos Aires, pero sus padres no la dejaban viajar sola, por entonces no era bien visto que las hijas solteras salieran solas, más aún tan lejos. Recién cuando murieron sus padres, varios años después, Viviana pudo hacer giras y cantar por todo el país.

Su madre, antes de morir, le pidió que cuando se quedara sola se fuera a vivir con las "niñas Perona”, eran tres hermanas vecinas que también habían quedado sin sus padres. Desde entonces Viviana vive en la casa de Nidia. "Ella me hace acordar de todo, si no…”, dice medio en broma medio en serio la Calandria. 

El amor por lo cuyano

La joven cantora pronto se destacó por su estilo, por su "decir” lo cuyano. "Gracias a Dios he caído muy bien en todos, les gustaba como cantaba. Yo tenía una forma de cantar que me salía de los otros puestos, si tenía que cantar un vals lo hacía, me decían: ‘cantante este vals’ y lo cantaba y quedaba grabado en la radio”, dijo. 

Conoció a Atahualpa Yupanqui y a Buenaventura Luna, con este último incluso pudo cantar. "De esa época mis autores preferidos eran Dardo Palorma, Buenaventura Luna y Carlos Montbrun Ocampo. Con Buenaventura conversábamos, hablábamos de los temas, de cómo los hacíamos, él me decía ‘me gustaría que cantaras esta zamba de esta forma’, y yo lo hacía”, recordó. 
Su repertorio era tan amplio que incluía no sólo folclore local, cantaba chamamé, guaraña, y después empezó a cantar tangos, boleros, vals. Nada quedaba fuera del alcance de su garganta. 

Ella ya era Viviana Castro, tenía que dominar todos los ritmos, no podía permitirse no conocer un tema y era famosa por eso. "Yo tenía un repertorio bastante grande, así que nunca me pillaban sin perro. Me decían: ‘cantate esto’, bueno como no”, dijo orgullosa. 

Y claro, hubo muchas noches de farra continuada. "¡Mejor ni le cuento! Muchas noches de peñas… de eso no le digo nada, pero sí muchas noches. Yo estaba cantando en un lado y me buscaban de otro y de ahí nos íbamos a otro y así hasta el otro día”, recordó. 

Pero el canto también fue una cuestión social para ella. Por propia voluntad fue muchas veces a cantar a los abuelos en el Hogar de Ancianos, a los presos en la cárcel, y siempre, siempre había alguna escuela que le pedía que cantara para una fiesta patria o una velada.

Aunque había muchas canciones grabadas en la radio, su primer disco, un LP, llegó recién en 1980, "Viviana Castro Cantando”. Hizo colaboraciones y grabó con otros artistas. También participó en programas de tv como "El gran debut”. 

-¿Le puedo hacer una pregunta indiscreta?
-Sí, como no.
-¿Por qué no se casó?
- Porque no me gustó. Me gustaba andar de aquí para allá, hoy estaba en San Juan, mañana en Mendoza, o de Santa Lucía pasaba a Buenos Aires, no tenía tiempo para una familia, yo no paraba; me decían: "pará un poquito niña”. Todavía gracias a Dios canto. ¡Pasame la guitarra Nidia!

Mientras ensayaba los primeros rasguños a las cuerdas, Viviana contaba que es amiga de todos los folcloristas, que todos la aprecian y que muchos le piden consejos. Sin embargo criticó el tratamiento que le dan algunos a la tonada: "La tonada no es cualquier cosa, muchos la cantan, pero no como debe ser cantada. La tonada debe ser bien cantada, ahora la desvirtúan con los acompañamientos”, aseguró. 

Lechuga García la fue a ver un día para que le indicara la línea de una tonada. Viviana le dijo: "discúlpame pero la batería no va para mí”. Ella es una autoridad, y todos saben que cantó como pocos la esencia de la música cuyana.

"Soy amiga de todos los músicos, bueno la mayoría de los que quedan, donde voy me conocen. No me puedo quejar, donde llego a veces voy escondida y me ven y me dicen: ‘te venís a comer a casa’ y después otro me dice: ‘y te venís al mate con nosotros’. Claro que ahora salgo menos, ahora estoy más tranquila, pero si salgo ahora vuelvo mañana, terrible, terrible”, dijo muy seria. 

Nidia aseguró que Viviana ha sido muy reconocida por la gente y que hizo muchas cosas de puro solidaria. "Quiso el destino que quedáramos las dos solas para acompañarnos, somos hermanas en el cariño”, dijo Nidia. 

"Cuando me dicen: ‘¿te acordás Viviana que cantabas esto?’ Yo les digo: no, no me acuerdo…” entonces, con la guitarra firme, cantó Merceditas de principio a fin. Después agregó: "Si miro para atrás me siento muy bien. Canté mucho en todos lados, me conocen todos… pero, ¿cómo cayó usted aquí?... Muchísimas gracias”. 

 


 

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