Originada en el folclore de Oaxaca, su tierra nativa, Lila
ha tomado y mixturado ritmos de otros pueblos, y la resultante es un huracán de
canciones en donde tanto campea el compromiso social como el verso al amor, a
la tristeza y a la alegría de vivir.
"Balas y chocolate”, particularmente, nace de su homenaje a
la Tradición de los muertos de México, el primero de noviembre para los
angelitos, los pequeños, y el 2 para los mayores. Entre medio, hace hincapié en
la realidad de los pueblos latinoamericanos, México primero con una recordación
a los 42 estudiantes desaparecidos a la fuerza en Iguala, cuando manifestaban
por sus derechos, y luego por los "hermanos periodistas en la línea del fuego”.
De más está decir que donde fue, arrasó. Buenos Aires,
Córdoba, Rosario y antes de cruzarse a Chile, Mendoza. En Cuyo puso a llorar de
gozo a una multitud en el Bustelo. Grandes y chicos cayeron rendidos con su
canto, su encanto y su tremenda banda, La Misteriosa, al comando de su esposo,
el gringo Paul Cohen. Y si alguien no era "cómplice" de antes, ese lunes en el que los argentinos le rendían nuevo homenaje al Padre de la Patria, se convirtieron.
Se extrañó, para quien tuvo la suerte de verlo alguna vez en
el escenario de la oaxaqueña, a su compadre Celso Piña y el arpa de los dioses.
Por lo demás, el desempeño de Lila Downs fue impecable como siempre, desde que abandonó
la carrera de antropología, embelesada por la voz de "Doña Mercedes”, a quien
oyó cantar "Gracias a la vida” en un pueblo de su México lindo.
Interpretó enterito "Balas y chocolate”, que incluye además clásicos
como "La Farsante”, de José Alfredo Giménez, "Cucurrucucú paloma”, de Tomás
Mendez y "Viene la muerte”, un poema de toda la vida mexicana en la pluma de
Don Ascención Aguilar. Regaló dos tandas de bises con canciones de discos
anteriores y aunque todo el mundo lo sabía, hubo que cumplir con la demanda y
pedir a gritos "La cumbia del mole”, que ni se hizo de rogar.
Luminosa como su rey sol, salvaje como su selva, multicolor
como su quetzal. Ardiente como su tequila y su mezcal, picante como su chile y
dulce como su cacao. Alegre como sus niños y respetuosa como su tradición por
sus vivos y sus muertos. Lila Downs nos acribilló con balas de chocolate. Habrá
que ver cuando vuelve a resucitarnos. Se dice que el próximo año. Ojalá estemos
en este mundo. Pero si no, sabemos que de regresar también será para honrarnos
en el más allá.
Ah, y mientras, si alguien la extraña demasiado, vaya a contemplar su
mural recién pintadito al costado del puente de hierro de la Anzorena y San Martín. Lila
también mora allí, junto con "Doña Mercedes” y las artistas mendocinas Yolanda
Navarro, Juanita Vera y Sandra Amaya.
@atahualpaacosta