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Complicado escenario

Golpeada por la crisis textil: una marca de ropa para niños cerró locales y pidió su concurso preventivo

Owoko afronta una fuerte crisis financiera. Las deudas, el descenso del consumo y la presión de las importaciones complican la continuidad de la empresa

Por Redacción Tiempo de San Juan

Owoko, una marca con más de 20 años de historia en la indumentaria infantil, atraviesa una crisis severa tras solicitar la apertura de su concurso preventivo para sus sociedades y cerrar locales en los principales shoppings del país. El deterioro financiero que llevó a la empresa a esta instancia judicial responde a la caída del consumo y a la crisis profunda del sector textil.

Según el expediente que tramita en el Juzgado Comercial N° 9, la suma de deudas entre De Niños S.A. (dedicada a la comercialización) y Kokoloko S.A. (productiva), las empresas detrás de la marca Owoko, supera los $2.800 millones. Tan solo De Niños acumula $1.457 millones de obligaciones, mientras Kokoloko agrega $1.354 millones, abarcando compromisos comerciales, bancarios, previsionales y fiscales, según el expediente judicial. La presión en la cadena de pagos también es crítica: Kokoloko registra 1.400 cheques rechazados por alrededor de $600 millones y De Niños otros 164 por $117 millones. En paralelo, algunos proveedores ya presentaron pedidos de quiebra.

Según el escrito que presentó la empresa en la documentación del concurso, el promedio mensual de ventas cayó de $400 millones en 2024 a $250 millones en 2025, lo que representa una disminución acumulada de más de $1.000 millones en términos nominales dentro del último año.

El propio texto elevado al Juzgado reconoce la gravedad de su situación: “La afectación de la capacidad de consumo del cliente objetivo ha hecho que prescinda de bienes que no resultan indispensables. Y los productos que comercializa la Sociedad, que no son otra cosa que moda, son los primeros en caer”, sostiene la empresa. La compañía advierte también en su presentación: “El stock, que desde el punto de vista contable constituye un activo, se convierte en la práctica en un capital inmovilizado, incapaz de cumplir su función económica primordial”.

La caída de ventas, el exceso de stock y la presión de las importaciones, son, según un informe de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), las principales preocupaciones de la industria textil. En un escenario en el que las ventas no repuntan, los depósitos se llenan de mercadería sin salida y crecen los problemas financieros a lo largo de toda la cadena, se complica la supervivencia del sector.

Cierre de locales

En los hechos, Owoko materializó su crisis con el cierre de puntos de venta en ubicaciones clave. Entre los locales que bajaron sus persianas figuran las plazas de la marca en Abasto Shopping, Galerías Pacífico, Recoleta Mall y Alto Avellaneda, espacios de alto tránsito y visibilidad en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano. Aunque aún conserva presencia en barrios como Palermo, Caballito, Adrogué y en distintas ciudades del interior, la escala de la empresa es hoy mucho menor a la de su etapa de mayor expansión.

El deterioro operativo implicó, además, una reducción considerable en la estructura de la marca, que en su mejor momento llegó a emplear 120 personas en plantilla y generó trabajo para cientos más en talleres y proveedores vinculados a su cadena de valor. La presión de los acreedores y la situación judicial pusieron en conflicto tanto la continuidad de la red comercial como el funcionamiento productivo.

Según la encuesta de la CIAI correspondiente al primer bimestre del año, las ventas cayeron 8,4% interanual y consolidaron una tendencia negativa que ya lleva dos años. En 12 de los últimos 13 relevamientos bimestrales, el sector registró retrocesos en su facturación.

El origen de la marca

El nacimiento de Owoko remonta a 2003, cuando la diseñadora María Fernanda González Zeolla y el diseñador industrial Martín Boero fundaron la marca con el objetivo de crear una propuesta diferenciada para la infancia, apostando a la innovación y el diseño. González Zeolla, que había trabajado casi una década en Alpargatas -la marca fundadora de Topper, hoy en manos brasileñas-, decidió romper con el esquema dominante, lejos de los tonos pasteles y diseños clásicos: “Hago ropa de niños que parece ropa de adultos”, sostenía en sus declaraciones, en abierta crítica al mercado.

El primer local abrió en Palermo Soho en 2004 y, desde entonces, la expansión incluyó tiendas propias, franquicias y presencia en multimarcas, alcanzando una red de más de 40 locales en shoppings, centros comerciales y calles de alto tránsito. El modelo de negocios incorporó, además, una estructura productiva propia y una política de comunicación alternativa: rechazó el uso de niños modelos en campañas y promovió prendas pensadas para circular en la familia, apostando a un consumo más durable y menos subordinado a la lógica de renovación estacional.

FUENTE: Infobae

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