Los ladrillos de San Juan, con tierra de Matagusanos
Los ladrilleros de Rivadavia se quedaron sin materia prima de calidad en La Bebida y ahora tienen que comprarla en la localidad ullunera. Pidieron la creación de un parque ladrillero que los cobije a todos.
Por Viviana Pastor
A las 9,30 de la mañana el viento levantaba la tierra finísima y dejaba poca visibilidad. Dos hombres descalzos y con la cabeza envuelta en trapos, cargaban el barro en carretillas y armaban ladrillones en el piso con un molde, de dos en dos. Ambos son bolivianos. La tierra que usan no es de La Bebida, donde está el horno, viene desde muy lejos.
La primera cooperativa de ladrilleros de San Juan, que aglutina unos 40 trabajadores de Rivadavia, ha cambiado su materia prima y ahora ya no usan tierra de ese departamento sino de Matagusanos, que traen en camiones desde la localidad ullunera.
Se trata de un cambio obligado ya que los productores fueron agotando las tierras aptas de La Bebida, primero las de la calle Pellegrini y luego las de propiedades más al Oeste hacia calle Morón. Otra de las razones es la creciente urbanización de los terrenos de la bucólica calle Pellegrini, que fueron adquiriendo buenos precios y vendidos para la construcción de viviendas.
“Hace 20 años se trabajaba en hornos sobre propiedades de la calle Pellegrini, acá mismo donde estamos sentados, antes había un pozo de 2 metros que fue rellenado y forestado, se construyeron casas y hoteles. Pero se nos terminó la materia prima y tuvimos que salir a comprar terrenos al Oeste y trabajamos hasta que también se terminó la tierra”, contó Eduardo Torres, miembro de la cooperativa.
La mayoría de los ladrilleros de Rivadavia hoy compra tierra de Matagusanos, una empresa los abastece con sus camiones y es la misma materia prima que usa Cerámica San Juan para sus ladrillos cerámicos. “Es una fuente casi inagotable, son cerros de tierra apta para el ladrillo que se van renovando con las lluvias, es una mezcla de arcilla y arena muy bien combinada que hace que el material sea muy firme. Casi todos compramos, son dos o tres los que aún tienen tierra propia”, dijo Torres.
Este oficio, tan antiguo como indispensable para la construcción, ha tenido un enorme crecimiento en los últimos 10 años, del 80 %, y una retracción en las ventas del 10 % en el 2014. “La actividad se ha resentido un poco por la minería, había mucha gente trabajando en la minas que ampliaban su casa, hacían arreglos, divisiones, pero ahora se nota que hay mucha gente despedida y hay una baja del 10 % este año. Sin embargo se sigue trabajando bien, el producto de Rivadavia se vende todo”, señaló el productor.
También culpó a la situación económica del país, la devaluación del peso y la inflación por el bajón de este año. “La gente está muy precavida, no consume igual y prefiere guardar”, dijo. Sin embargo el balance global es positivo. “En los últimos años la actividad creció un 80 %, hace 10 años acá éramos 25 productores y ahora somos 40”, dijo Torres.
Los precios de los ladrillos subieron, pero no al ritmo de la inflación: el año pasado un ladrillón costaba $1,90 y ahora cuesta $2,20, “no aumentó en la medida de lo necesario, tal vez porque hay mucha oferta”, analizó el productor.
En este grupo rivadaviense, cada productor realiza entre 15.000 y 20.000 ladrillones cada dos meses, son 800.000 producidos en la cooperativa; algunos sólo venden a particulares y otros más grandes venden a las constructoras. Con las nuevas máquinas que obtuvieron mediante un subsidio podrán aumentar su rendimiento.
También hay ladrilleros en Rawson, Santa Lucía, 25 de Mayo, Albardón y San Martín.
El tema ambiental
En el 2001 los ladrilleros atravesaron una mala etapa, el municipio sacó una ordenanza que les prohibía traer tierra de afuera y les exigía una gran cantidad de metros libres alrededor y distantes del vecino.
“No nos querían dejar trabajar, creo que nos querían eliminar de Rivadavia a los ladrilleros. Tuvimos muchos problemas, hicimos manifestaciones contra el municipio y logramos que nos otorguen permisos provisorios para trabajar que tenían que renovarse cada 6 meses”, contó.
La ordenanza en cuestión sigue vigente según dijo Torres y hay muchos trabajando casi en clandestinidad. Hace tres semanas el Concejo Deliberante trató el tema porque se habían generado deudas por los hornos que no se dieron de baja, algunas de hasta $20.000 por productor. “Hubo predisposición de los concejales para solucionar esto y que sigamos trabajando. Pero por otro lado ahora hay mucha resistencia ambiental porque dicen que la quema en los hornos es contaminante, por eso ahora pedimos que se estudie la posibilidad de crear un Parque Ladrillero, que nos contenga a todos y donde no tengamos problema con nadie”, señaló.
Los hornos son los que se arman en el lugar para cocinar el ladrillo usando leña, la misma técnica ancestral. Todo el proceso sigue siendo muy rudimentario y la idea es que puedan seguir sumando tecnología.
“El año pasado se empezó a trabajar en el armado de grupos y se inició la formación de dos cooperativas, Callejón La Presilla Ltda., y Cooperativa de Trabajo Rivadavia Ltda., que están en proceso de reconocimiento y a las que se pueden sumar más ladrilleros”, contó Gustavo Sánchez, titular del área producción del Municipio.
Sánchez agregó que entre los dos grupos hay unos 33 ladrilleros pero en el departamento son como 50 y la actividad ocupa unas 500 personas.
Los beneficios
“Siempre habíamos trabajado solos, nada grupal, nada organizado, pero este proyecto que iniciamos incentivados por el municipio nos permitirá acceder a muchos beneficios y era necesario agruparse. La cooperativa, que tiene personería en trámite, nos permitirá ventas en gran escala”, explicó Torres.
Hace pocos días, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación otorgó un subsidio a la Asociación Civil Alas Solidarias, para llevar adelante el proyecto socio-productivo junto al grupo de productores de ladrillos del Callejón La Presilla.
Con esos fondos se compraron tres máquinas moldeadoras de ladrillos y sus respectivos moldes, cepillos y tablillas.
“Si bien son pocas máquinas para tantos productores, es un buen inicio. Se ve el resultado en el rendimiento: un operario que hace el corte del ladrillo en forma manual (con un molde que corta dos ladrillones por mes), para cortar 800 ladrillones demora 5 horas; mientras que la maquina los hace en 1 hora”, explicó el productor.