Muchos de los que bajan, lo hacen con lágrimas porque no saben si van a volver. A muchos de los que contratan se les traban las perspectivas, en especial si se endeudaron o invirtieron. Entre los protagonistas –la empresa Barrick, los funcionarios nacionales y provinciales- no es precisamente la certeza lo que abunda. El episodio de Pascua Lama se ha convertido en los últimos días en el más preocupante de la serie económica reciente, con un condimento que no hace más que alimentar la ansiedad: la incertidumbre de ser testigo, sin nada por hacer. Capricho del destino, el escenario está en Chile y las consecuencias se pagan en San Juan. Daños colaterales de lo que fue una fortaleza y hoy es el huevo de la serpiente: la primera mina binacional del mundo, que tuvo un cortocircuito en un país y termina derramando sus esquirlas en el otro.
Como todo entuerto de los gruesos, el futuro de Pascua Lama está plagado de reflexiones que no deben ser terminantes. Una radiografía objetiva de la situación indica, hoy, la presencia de un puñado importante de certezas y otro equivalente de dudas. Las primeras: que la producción no comenzará en el segundo semestre del 2014 como estaba previsto, que nada de lo que se haga en San Juan tendrá sentido sin el complemento de Chile donde está la mayoría del mineral, y que esas demoras ya produjeron una grieta en las finanzas de la empresa porque contaba con el producido de su primer año para financiar la obra de construcción, y ese mineral no estará a disposición para ser transado en la fecha prevista.
Las dudas son todo lo demás, con una que aparece excluyente: ¿de qué dimensión será la reacción de la empresa Barrick ante este nuevo escenario? El abanico ofrece desde la más remota chance de echar candado al proyecto hasta que aclare el panorama o venderlo a otro inversor, hasta un lento recálculo de los tiempos bajando el ritmo de la construcción hasta tener una certeza de los tiempos y empalmarlos con la remediación en Chile.
De esa decisión depende no sólo la vida del proyecto sino todo lo que tiene adentro. Ni más ni menos que unos 12.500 trabajadores en pico de construcción hace un mes, unas 650 pymes subcontratadas con un 90% de trabajadores sanjuaninos que hoy siguen funcionando con el corazón en la boca porque no saben si seguirán. Sólo las cifras entregan un panorama de estos días y del neblinoso futuro, con versiones echadas a rodar con rapidez y hasta irresponsabilidad, pulseadas empresarias por mantenerse a flote, y mucha carne podrida en todos los estantes.
En Barrick aseguran que no hay aún una decisión de fondo, y que la postura que predomina es la de esperar para ver. En todos los ambientes calculan que habrá un rumbo claro a fin de mes, cuando la compañía deba presentar el reporte financiero del segundo trimestre, salga a calcular los daños en metálico y anuncie los próximos pasos. Por ahora, sólo se limitan a las deducciones y a leer las señas como en el truco: dicen en la empresa que el hecho de no haber suspendido ya las operaciones es un buen indicio de continuidad. A nadie le gusta perder dinero, y mucho menos a una compañía que cotiza sus papeles en Nueva York. Y la operación de Pascua Lama cuesta alrededor de 400 millones de dólares mensuales, flujo que no se ha frenado. Hasta ahora.
Como se puede comprender con facilidad, el gran dilema para asumir una decisión empresaria es la incertidumbre en Chile. Porque allí es donde se localiza el episodio ambiental que descerrajó la catarata de consecuencias, con daños exclusivamente en la parte argentina (sanjuanina). En Chile se produjo el aluvión que generó la rotura de un canal y la inundación de una superficie de vegas, y allí frenaron la construcción, primero la justicia y ahora al superintendencia ambiental.
En Chile hay obras absolutamente minoritarias: toda la actividad se concentra en San Juan, y por lo tanto una paralización del proyecto no tiene ribetes dramáticos en materia económica y social de aquel lado, como sí los tiene acá. En Chile también hay una tempestad política con la campaña presidencial y a Sebastián Piñera no se le ocurrió mejor idea que atacar a Michelle Bachellet, la contrincante de su candidato, con la autorización de la mina.
El Presidente dijo que todo el proceso de la Declaración de Impacto Ambiental estuvo mal hecho, y a ese trámite lo había otorgado el gobierno de la ex presidenta y candidata ahora a un nuevo período. Bienvenida con este tortazo a Pascua Lama en la presidencial chilena, gesto de Piñera que le valió varias críticas empresarias, curiosamente donde mejor se mueve el mandatario. En ese tembladeral es donde Barrick debe decidir de manera inminente si pide los permisos para las nuevas obras. De allí también la dificultad de calcular el tiempo, que no es obra pura sino de trámite burocrático en un ambiente enrarecido. Coctel no sólo peligroso, sino de imposible abordaje desde San Juan, donde reportan los principales daños.
Mientras eso ocurre, en San Juan se envicia un ambiente empresario cada día más aislado de data segura, que no la hay en ningún lado. Aparece entonces el que tiene la posta, el que la vende con rigor científico, el que recalcula sus propios pasos, el que especula con versiones y luego debe recular en chancletas. El primer efecto se vio en el banco: se cayeron drásticamente los pedidos de líneas crediticias para invertir en bienes de producción. Esperar para ver.
A muy pocos le bajaron el pulgar en sus contratos con Barrick, pero el tembladeral se hace sentir. Lo que hay hasta ahora es un flujo de pagos que se mantiene por los contratos vigentes, y un freno en las nuevas licitaciones de Lama. Y los empresarios se enfrentan a esa indefinición con otro factor de peso. Es que ninguno quiere hacer sentir sus críticas con nombre y apellido –e incluso hubo estos días casos de críticas luego retractadas- porque los mismos que están tecleando en Lama, siguen licitando para Veladero. Temen –y con razón- que si zapatean fuerte les corra el escarmiento por la mina que trabaja a pocos kilómetros del gigante Lama.
Otros se decidieron a salir a hacer ruido, pero luego debieron arriar la vela ante la ola expansiva de su dinamita. Otros prefirieron el bajo perfil para sus relatos apocalípticos, apostando a engordar el clima de clara inestabilidad que se respira. Casi todos frenaron sus decisiones de expansión e inversión.
El lunes de la semana anterior, los empresarios de CASEMI recibieron al ministro Felipe Saavaedra y les plantearon sus temores, según reportó Mining Press. También se quejaron por los datos con los que el Ministerio salió a contrarrestar las quejas sanjuaninas, publicadas en Tiempo de San Juan. Según esas cifras, el 60% de los contratos queda en San Juan. Los empresarios le dijeron a Saavedra que era “extemporáneo”, según la revista especializada.
El contrato más importante de Lama es el que tiene con Flúor-Techint, la empresa que a fines del año pasado se hizo cargo de gran parte de la construcción, en un acuerdo por casi U$S 4.000 millones. En la multi argentina dicen que están bien al tanto de las dificultades, pero que a ellos nadie les entregó una orden concreta sobre cómo seguir. Por lo tanto, siguen.
El conglomerado constructor tiene hoy en planta una mitad de trabajadores propios y otra mitad de subcontratistas, y todos siguen al mismo ritmo que hasta el momento. Por lo bajo dicen “así como no hacemos demasiado ruido si hay que tomar a 1.000 personas, tampoco lo hacemos si hay que prescindir de ellas”. Pero hasta acá, esperan noticias oficiales que no las hay.
El otro gran contrato de Lama es de la constructora Haug, de origen peruano pero absorbida ahora por la constructora cordobesa Roggio. Ese contrato es de unos U$S 270 millones por la construcción de toda la parte metalmecánica de la plata de proceso. Es el único contrato que Lama admite haber dado por caído, y en proceso de ser entregado a metalúrgicas locales lideradas por Urbino.
Allí es donde aparece explicada también la cautela empresaria local: a río revuelto, ganancia de pescador. Aún en manos de Haug, había un acuerdo para que incluyeran en ese contrato a empresas sanjuaninas, y ahora hay entre manos una promesa directamente de endosar el contrato. Clink caja, claro que si el proyecto no se cae. Arreció la semana pasada la versión de que el anuncio se haría informalmente en la cena de presentación de la constructora sueca Skanska en San Juan, pero eso finalmente no ocurrió. La cautela pudo más.
El horizonte a futuro amanece enturbiado, pero con varias reflexiones. La primera es que no sería tan fácil para Barrick mandar a archivo a Pascua Lama, por una pila de argumentos bastante razonables. No sería buena señal para sus inversionistas un fracaso en su proyecto de mayor envergadura a escala global, con el agravante de un posible impacto en el otro que maneja, que es Veladero. Cualquiera puede imaginar que una parálisis en Lama daría de lleno contra su vecina Veladero: están unidas a San Juan por el mismo camino, posible de ser bloqueado hasta por el gremio más minoritario de 5 personas.
Las señales en los últimos días de Veladero no fueron malas. Incluso, el gobierno nacional flexibilizó su postura de impedir la liquidación de divisas en el exterior, y le abrieron el grifo por unos U$S 150 millones en este trimestre. No hay señales de que haya algún intento en hacer jugar en esta historia al emprendimiento que funciona al lado de Lama.
¿Las otras posibilidades de Barrick con Lama? Reportar a pérdida la inversión no parece figurar en el menú: el último informe financiero –de abril- señaló que hay enterrados en el Valle del Cura unos U$S 4.800 millones. Hoy, la cifra supera los 5.000 grandes, ¿a quién se le ocurre tirarlos?
¿Venderlo a un jugador con aires renovados? Difícil encontrar un postulante, más aún en un terreno difícil de leer, con el precio de los metales oscilantes y sin rumbo fijo. ¿Entonces? Superar el mal trago de Chile con dosis reforzada de Clonazepán y minimizar el impacto en San Juan, que es donde aprieta el zapato y nadie sabe con qué se come esta crisis imprevista que llegó como peludo de regalo.
miércoles 22 de abril 2026





