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Gustos son gustos

La carne de burro divide las aguas: casi la mitad de los sanjuaninos está dispuesta a probarla

Un relevamiento de TIEMPO DE SAN JUAN revela que el 47% de los lectores aceptaría o probaría este producto si su precio fuera la mitad que el de la vaca. Mientras en Chubut el proyecto ya es un éxito comercial, en la provincia la falta de habilitaciones y el factor emocional frenan su llegada a las góndolas.

Por Redacción Tiempo de San Juan

La escalada de precios en los cortes tradicionales empezó a resquebrajar tabúes históricos en la dieta de los sanjuaninos. Un reciente sondeo realizado por TIEMPO DE SAN JUAN entre sus lectores mostró que la barrera cultural frente al consumo de carne de burro, cuya discusión está sobre el tapete en todo el país, no es tan inexpugnable como se creía, especialmente cuando la variable económica entra en juego.

El empresario cárnico local Sebastián Parra comentó días atrás que el mercado nacional atraviesa un punto de quiebre donde el encarecimiento de la carne vacuna, cuyo kilo de blanda especial puede equivaler a un día de trabajo, está forzando a los consumidores a buscar nuevas proteínas. En este marco, los datos del relevamiento muestran un escenario fragmentado pero con una tendencia marcada hacia la exploración de alternativas. La opción mayoritaria, con un 33.9% (3437 votos), fue el rechazo absoluto, donde los participantes afirmaron que no la comerían bajo ninguna circunstancia. Este porcentaje refleja la vigencia de lo que especialistas definen como "enlaces afectivos" y una "romantización" hacia ciertos animales que tradicionalmente no son vistos como alimento en la cultura local.

Sin embargo, el pragmatismo económico pisa fuerte: un 26.8% (2717 votos) de los encuestados aseguró que la compraría sin problemas si el costo fuera un 50% inferior al de la vaca. A este grupo se suma un 20.2% (2051 votos) que manifestó que la probaría solo por curiosidad, lo que indica con un 47% que casi la mitad de los consultados muestra algún nivel de apertura hacia el producto. Finalmente, un 19.1% (1935 votos) expresó sus reservas no por el origen de la carne, sino por cuestiones de seguridad alimentaria, indicando que lo pensaría por dudas sobre la higiene.

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El análisis general de estas cifras sugiere que la resistencia no es unánime. Si se agrupan las respuestas positivas y las exploratorias, se observa que el interés potencial (47%) supera al rechazo absoluto (33.9%), dejando un margen de indecisos marcados por la desconfianza sanitaria. Esta última tendencia resalta la importancia de la regulación, ya que el consumidor sanjuanino asocia este tipo de productos con la informalidad o los embutidos artesanales sin control.

A pesar de este interés latente en el sondeo, la realidad en los mostradores es distinta. Carniceros de la Feria de Capital coincidieron, consultados por TIEMPO DE SAN JUAN en que hoy la demanda es inexistente y que ningún cliente ha consultado por este producto de textura más oscura y sabor desconocido. No obstante, la experiencia en otras latitudes como Trelew, Chubut, demuestra que cuando el producto llega a la carnicería con los controles de SENASA y a un precio competitivo, la respuesta puede ser inmediata: allí, una prueba piloto agotó en un día y medio el stock previsto para una semana.

Barreras estructurales y nutricionales

Más allá de la voluntad del consumidor, San Juan enfrenta obstáculos insalvables en el corto plazo. La provincia no cuenta con plantas de faena habilitadas para burros o caballos, lo que impide cualquier comercialización legal inmediata. Además, aunque referentes como el médico Alberto Cormillot destacan sus beneficios nutricionales -bajo contenido graso y alto nivel de hierro-, la falta de una normativa federal que permita el tránsito nacional del producto limita estas iniciativas a pruebas locales.

El fenómeno, según Parra, podría seguir el camino que hizo el cerdo hace unos años: de ser una carne marginal y con prejuicios, pasó a ocupar exhibidoras completas debido a su competitividad. Por ahora, en San Juan, la carne de burro permanece en el terreno de la hipótesis económica, esperando que la necesidad termine de inclinar la balanza frente a una tradición carnívora que empieza a mostrar signos de cansancio.

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