La situación financiera del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) en San Juan atraviesa un momento difícil debido al bajo nivel de cobro de sus adjudicatarios, una realidad que condiciona la posibilidad de reinvertir en nuevas soluciones habitacionales. Elina Peralta, directora del organismo, reveló a TIEMPO DE SAN JUAN que actualmente el nivel de cobro fluctúa significativamente mes a mes, lo que impide que el sistema sea autosustentable. Según explicó la funcionaria, “el recupero hoy por hoy cuesta muchísimo, sobre todo por la situación que se vive, cuesta muchísimo que las familias contemplen el pago de la cuota del IPV. Entonces, el recupero que tiene el IPV no alcanza. De hecho, es para gastos fijos nada más. No nos rinde como para decir con esto construimos un barrio”. Esta falta de fondos propios obliga a la institución a quedar atada exclusivamente a las partidas que pueda girar el Gobierno provincial para cualquier proyecto futuro.
El desfasaje económico se vuelve evidente al comparar el costo de las cuotas del IPV con la realidad del mercado inmobiliario sanjuanino. Mientras que el alquiler de una casa estándar en el Gran San Juan ronda entre los 400 y 450 mil pesos mensuales (según los datos Cámara de la Construcción e Inmobiliaria de San Juan de febrero) la cuota promedio que pagan los beneficiarios del instituto es de apenas 150 mil pesos, es decir, un tercio de lo que cuesta una renta privada. Sobre este punto, Peralta fue muy crítica respecto a la percepción del valor del techo propio y aseguró que “hoy tenés una cuota promedia de 150.000 pesos. A pesar de que mucha gente se queja, pero la verdad que no pagás ni una boleta de luz con eso”. Esta brecha de precios resalta la accesibilidad del sistema público, pero también subraya la dificultad del organismo para mantener su operatividad financiera sin ayuda externa.
Uno de los mayores obstáculos que enfrenta la gestión es el lugar que ocupa el compromiso con el IPV dentro de la economía doméstica de los sanjuaninos. La funcionaria describió con preocupación que existe una conducta generalizada donde el pago de la vivienda queda relegado frente a otras obligaciones, principalmente porque el sistema no cuenta con mecanismos de interrupción inmediata del servicio ante la falta de pago. En palabras de la directora, “siempre en la lista de prioridades, la cuota del IPV es la última que las familias deciden pagar. El recupero de está entre un 60, un 50 por ciento; es variable. Pero es la última que deciden pagar porque no es como la luz que te la cortan al otro día”. Esta falta de "presión" por el corte del beneficio generó una morosidad que oscila entre el 40% y el 50%, debilitando la estructura de financiamiento de la obra pública habitacional.
Esta limitación en el ingreso de recursos influye directamente en las metas de construcción, ya que el inicio de los más de 30 barrios proyectados que el IPV tiene en carpeta está estrictamente supeditado a la disponibilidad financiera de la provincia. Para este año, el organismo se ha propuesto finalizar las obras en ejecución para mantener un ritmo de entregas mensuales. Asimismo, la posibilidad de activar las 300 nuevas operatorias individuales para la construcción en lote propio queda a la espera de fondos, ya que sin un recupero sólido o mayor presupuesto estatal, el lanzamiento de nuevos planes debe mantenerse bajo una agenda flexible.
Ante este panorama, la dependencia de los fondos provinciales se ha vuelto total, especialmente tras la desaparición del financiamiento nacional que anteriormente representaba la mayor parte de los recursos del instituto. Peralta resaltó que antes de la actual gestión, el 70% del presupuesto del IPV provenía de la Nación, una cifra que hoy ha desaparecido, obligando a trabajar exclusivamente con fondos provinciales. Para intentar revertir esta tendencia, las autoridades están en una etapa de revisión técnica y legal para hallar herramientas que incentiven el pago. La funcionaria confirmó que “sí o sí dependemos de la provincia, a pesar de que estamos trabajando con diferentes mecanismos para ver cómo mejoramos. También es algo que estamos evaluando, cómo mejoramos el recupero”. El objetivo es lograr que el instituto recupere su rol de fondo solidario, donde el pago de quienes ya tienen su casa financie el sueño de quienes todavía esperan.