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Polémica

Misma liga, distintos esfuerzos: las diferencias entre el fútbol femenino y masculino en San Juan

Después de la renuncia de cuatro jugadoras a la Selección Argentina, con graves críticas y reclamos hacia la AFA, otra vez se puso en debate la precarización del fútbol femenino en general. En la provincia, en comparación con el fútbol masculino, las chicas pagan árbitros y hasta una cuota para poder jugar.

Por Carla Acosta

El fútbol femenino sanjuanino sigue rompiendo barreras, pero por esfuerzo propio. En 2021 Palermo fue el único equipo que salió del mapa local para participar de la inédita Copa Argentina femenina y, este año, son seis las instituciones que participan de la Copa Regional, el nuevo torneo que nació desde el Consejo Federal de AFA y repite el modelo del Regional Amateur masculino, del que 23 clubes de San Juan participaron en 2023. Un crecimiento a pulmón, generado desde las entrañas del fútbol femenino, por quienes transpiran la camiseta domingo a domingo.

En San Juan, las diferencias entre un plantel y otro son abismales. Esto en el plano local, porque a nivel nacional, ahora que hay varios equipos femeninos compitiendo en un Regional, la desigualdad está mucho más marcada, empezando por los sueldos.

En la provincia no existe una jugadora que perciba un salario o reciba viáticos. Es cierto que no hay mujeres con contratos profesionales, porque tampoco lo exige la competencia local, pero sí hay jugadores que no están en los libros y cobran una remuneración mínima o especie de ayuda de 30.000 pesos. También están los futbolistas que tienen sueldos fijos y elevados que pueden rondar entre los 180.000 y 300.000 pesos.

Lo que genera curiosidad es que, en muchos clubes, como Sportivo Desamparados y Alianza, las jugadoras básicamente tienen que pagar para jugar. Todas deben abonar una cuota, como lo hace cualquier hincha, para sustentar sus propios gastos.

En Alianza las chicas pagan 4.500 pesos por mes, dinero que es administrado por una pequeña comisión que está integrada por ellas mismas y sus familiares, y sirve para pagar los profes, árbitros, seguro y para realizar un aporte mínimo a la institución lechuza. Son autosustentables, no le generan ningún gasto, sino al contrario, ellas son las que colaboran con el club. Quizás el aporte de los dirigentes no es monetario, pero sí a través de pequeños gestos, por ejemplo, dejando que las chicas manejen la taquilla y la cantina. Sino, se la rebuscan a través de rifas y venta de alguna que otra cosa.

En Desamparados la cuota es mucho más elevada. Allí pagan 10.000 pesos, dinero que va exclusivamente a las arcas del club. De los arbitrajes se hace cargo el plantel con lo que deja la recaudación de los partidos (se paga hasta 40.000 pesos la terna arbitral). La plata que sacan de la boletería también se invierte en elementos del botiquín y cualquier imprevisto que surja. De eso dependen, de lo que genera el público que las acompaña.

Obviamente que en el fútbol masculino estas cosas no ocurren, aunque ambos compitan en un mismo torneo. Los chicos no pagan una cuota prácticamente para jugar al fútbol, ni se hacen cargo del pago de los árbitros, que es lo que corresponde, claro, para ambos torneos.

Como tampoco pasa que los futbolistas se hagan cargo del pago del colectivo para trasladarse a las canchas, cuando juegan de visitante. Son los dirigentes quienes costean el transporte en el fútbol masculino, mientras que en el femenino las chicas viajan por su cuenta, ya sea en movilidades particulares o transporte público. A veces, cuando toca jugar en algún departamento alejado, son ellas las que hacen un “vaquita” para pagar una combi. Lo hace el plantel femenino de San Martín, lo hace también Palermo. Sí, los dos multicampeones en el femenino sanjuanino.

Rifas para vestirse

La indumentaria también es un tema. En el Verdinegro la situación es muy diferente a la de los otros clubes en muchos aspectos, aunque en otros no tanto. Las chicas en Concepción no pagan su indumentaria y, de hecho, si ganan un torneo, se quedan con todo el conjunto, desde medias hasta camisetas, en lo que sería un obsequio del club hacia el plantel. Sin embargo, en otros clubes el femenino debe realizar rifas e incluso hacer comidas para costear la indumentaria. Pasa Juventud de Santa Lucía, uno de los equipos de la Copa Federal, quienes previo a los partidos y con ayuda de familiares, salen a vender empanadas para solventar los gastos que producen el campeonato.

También es real que San Martín construyó un vestuario exclusivo para mujeres, con instalaciones modernas y hasta mucho mejores que las del plantel de la Primera Nacional. Y que las chicas entrenan en la misma cancha auxiliar que utiliza el equipo del “Gringo” Schiaparelli. Claro que no juegan en el mismo césped del plantel profesional, quizás por eso, porque no son “profesionales”.

Porque la exclusividad de los terrenos de juego la tiene el masculino – a excepción de las que no tienen siquiera esa suerte, como Palermo y Juventud de Santa Lucía, que no cuentan con espacios físico-. Como también gozan del privilegio de contar con un cuerpo técnico completo. En general, en el femenino son las chicas quienes buscan quienes la acompañen en el banco de suplentes, a excepción del Verdinegro. Algunos equipos pueden costear sólo al entrenador, a veces la parte física la hace algún amigo que oficia de profe. Sólo algunas pueden le pueden pagar a un profesional y si se hace, es para preparar algún torneo importante.

Aunque las comparaciones son odiosas, la brecha entre ambos géneros dentro y fuera del campo de juego sigue siendo profunda. Es cierto que el fútbol femenino genera mucho menos negocio e ingresos que el masculino, pero también es cierto que esto sucede porque "estructuralmente" se planteó así, siempre empujando para el masculino, en el fútbol y en otros deportes y actividades. Y si bien se está en el camino del cambio y la igualdad, las chicas todavía conviven con un ambiente por demás precarizado.

Un escándalo nacional

Esta semana, el tema vuelve a estar en foco por la inesperada renuncia de tres jugadoras a la Selección Argentina. Se tratan de Lorena Benítez, Julieta Cruz y Laurina Oliveros (después se sumó Eliana Stábile), quienes apuntaron contra la AFA y denunciaron que en los entrenamientos en el predio, las futbolistas no tuvieron desayuno y tampoco almuerzo. En ese sentido, aseguraron que lo único que recibieron fue un sándwich de jamón y queso junto con una banana. "Vaya privilegio, un sándwich de jamón", diría cualquier aficionado. ¡Pero son quienes defienden la camiseta albiceleste en el mundo! Un poco de empatía.

Si bien se está en el camino del cambio y la igualdad, las chicas en la Selección Argentina, en San Juan, en el mundo, todavía conviven con un ambiente por demás precarizado. Es cierto también que en San Juan, en el fútbol en general, ese que consumimos domingo a domingo, hay muchos clubes que la reman a pulmón y ese esfuerzo no distingue género.

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