El sanjuanino Manuel Armoa Morel, exjugador de UPCN San Juan Vóley y actual integrante del Al Jazira Club, atraviesa horas de extrema tensión junto a su madre, Carla Morel, en Abu Dhabi, en el epicentro de la escalada bélica que mantiene en vilo a Medio Oriente. Ambos respondieron a Tiempo de San Juan mediante audios de WhatsApp, ya que las llamadas son inestables y el uso de VPN se volvió casi una necesidad para poder comunicarse. El espacio aéreo está cerrado, los vuelos cancelados y la única certeza es el encierro.
“Estamos encerrados, da miedo estar cerca de las ventanas. Mirando por la ventana, durmiendo en un cuartito porque te da miedo estar cerca de las ventanas. Pueden explotar algo, muchas cosas”, describió Manu, con la voz atravesada por la tensión.
El jugador había arribado a principios de febrero para disputar las finales del campeonato local tras un paso exitoso por el vóley brasileño. La definición del torneo se fue postergando varios días hasta que coincidió con el momento más crítico del conflicto. “Se dio así, un desastre. Se jugó el día y empezaron a interceptar todos los misiles en nuestro cielo. Nosotros encerrados, por lo que nos llegan siempre las alertas de emergencia”, relató. “Gastamos plata, con comida, pero con mucho miedo, viendo a la gente haciendo vida normal afuera”, agregó, marcando el contraste entre la aparente calma en las calles y el terror puertas adentro.
Carla Morel viajó para acompañarlo en la final y terminó viviendo una escena que jamás imaginó. A través de un audio contó que el sábado al mediodía escucharon tres estruendos. “Miramos para arriba y vimos humitos blancos. Después Manu me llama y me dice: ‘Mamá, metete en casa, volvé al departamento porque eso que nos explotó arriba fueron tres misiles que mandó Irán contra bases militares’. Fue arriba, en nuestra literal cabeza. Los interceptaban en el cielo”, recordó.
A pesar de ese contexto, el partido no se suspendió y tuvieron que trasladarse dos horas hasta otra ciudad, con alarmas en los teléfonos que advertían que buscaran refugio. “Fuimos a jugar un partido de vóley en medio de la guerra. Fue una cosa loquísima”, resumió. Claro que lo deportivo quedó relegado frente a la gravedad del escenario.
El regreso tampoco fue sencillo. Tras el encuentro, las alertas continuaron y decidieron refugiarse durante horas en una estación de servicio junto a otros argentinos porque les advertían que no regresaran a la capital. Mientras tanto, los vuelos comenzaron a cancelarse. “Mi vuelo era desde Dubái, ya lo perdí. También perdimos las conexiones desde Brasil a Argentina. Nadie te ayuda. La embajada nos dijo que si no estábamos heridos, nos quedáramos en casa y que habláramos con la aerolínea”, explicó Carla. Los gastos se acumulan y la incertidumbre crece. “Lo único que queremos es irnos, como sea. Apenas abran el espacio aéreo, tomar el primer vuelo a donde sea, Italia, España, salir de acá y después ver cómo llegar a casa”, sostuvo.
Manu fue contundente sobre el presente que les toca atravesar: “Apenas se abre el espacio aéreo, ya es seguro, por ahora están todos los aeropuertos y aviones todo cerrado. No mucho más para decir. Esperemos pronto estar de vuelta”. La angustia pesa, pero también la determinación. “Tengo ganas de volver más que sea, a donde sea. Y si tengo que volver, volveré cuando se firme la paz, no sé, pero así no se puede estar encerrado”, cerró.