Malena Gómez descubrió que la familia que tiene con su hijo Bastián podía ser más grande gracias a La Gloria, el club de Pedernal que se convirtió en su segundo hogar. Unidos en las buenas y en las malas, sueñan con crecer y marcar la historia de su pueblo.
En el corazón de Pedernal, donde el viento sopla fuerte y el sol cae sin filtro sobre la tierra, el club del pueblo no es sólo una institución deportiva: es una forma de transitar la vida en comunidad. En un escenario de esfuerzo y pasión, la historia de Malena Gómez, una mamá soltera de 27 años, se mezcla con la de Club Sportivo La Gloria como si siempre hubieran estado destinadas a caminar juntas.
En un nuevo capítulo de Pasiones del Interior, la protagonista de este relato cumple varios roles a la vez y en su tímida intervención deja al descubierto que la institución con asiento en Sarmiento representa mucho más que una camiseta. Es que el club se convirtió en su segundo hogar y su gente se volvió su familia.
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Malena jugaba al vóley en La Gloria cuando el club atravesaba tiempos difíciles. Con su renacer, decidió dar un paso más y acompañar al nuevo presidente, no sólo como dirigente sino también como hincha de su hijo Bastián, de 7 años. Hoy es secretaria de la flamante comisión directiva, al mismo tiempo que se calza los colores para alentar al arquerito de las inferiores.
Madre soltera desde los 20, cuenta que desde entonces son inseparables. “Como yo empecé a ir al club, él se animó a ir también y a jugar”, relata y sigue: “Me gusta que le guste el deporte, lo veo con una pasión que ojalá que siga creciendo y que más adelante siga jugando al fútbol”.
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Como jugadora de vóley y como dirigente, la joven mamá señala que han disputado amistosos con otros equipos y que el grupo sueña con incorporarse a una liga oficial para competir. “Es lindo vestir la camiseta y representar a nuestra gente. Vemos las fotos, la historia del club y uno se siente parte de eso. Siempre se ha amado al club La Gloria y por eso ha tenido mucha hinchada”, afirma.
Esa identidad es el corazón de una institución que nació entre 1900 y 1920 y que durante décadas tuvo al fútbol como única disciplina. Hoy, gracias al playón, compite oficialmente en futsal masculino y ya celebró un primer puesto, una finalísima y un segundo lugar. Además, el fútbol infantil reúne a 40 chicos y el femenino a 12 jugadoras.
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Quizás la actividad de los más chicos es lo que más mueve a la entidad, pues en cada evento el club se revoluciona y todos los miembros de La Gloria se multiplican para aprovechar la ocasión. Allí todos hacen de todo, pues el club funciona a pulmón y a cielo abierto. Y a ello, Malena lo vive en carne propia.
“Un día que tuvimos actividad, en los festejos por el aniversario del club, mientras Bastián jugaba, yo vendía pasteles y sopaipillas con la gente de la comisión para recaudar y cuando me desocupaba lo iba a ver y a acompañar. Fue una experiencia muy linda, por eso me gusta estar acá”, recuerda.
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Entre sus múltiples roles, la representante del cuadro de Pedernal reconoce que el desafío es grande, pero que la ilusión lo es aún más. “Es algo lindo y espero que todo marche sobre ruedas, que crezca todavía más porque se está trabajando para ello”, destaca la misma que remarca que el gran objetivo es poner en condiciones la cancha grande, lograr el cierre perimetral de la mano del municipio y, en un futuro cercano, sembrar el pasto.
“Ojalá más adelante tengamos la cancha de once para proyectar más a futuro”, confiesa quien halló en La Gloria una segunda familia. Más allá de los resultados deportivos, Malena destaca lo que el club le da a su hijo y a ella. “Acá se siente como estar en familia y por eso me gusta ver a mi hijo todo lo que aprende estando en el club, el compañerismo que tiene con otros chicos”, reconoce y deja en claro que en ese rincón de Sarmiento, la pasión y la identidad pesan más que cualquier necesidad.
Embed - Club La Gloria: Malena, mamá y colaboradora