En Concepción, la pasión no se explica: se hereda, se siente y se cumple como una promesa. Y si hay alguien que lo sabe bien es Julio Aballay, fanático enfermo de San Martín, socio desde hace años y dueño de una cábala que respeta a rajatabla cada temporada. "A esta no me la saco más", le dijo a Tiempo.
Cada vez que el Verdinegro juega en casa, Julio aparece en la cancha con la misma camiseta y sin duda es una reliquia. Una casaca que lleva el peso de la historia grande del club: la del ascenso a Primera División en 2007, aquel logro inolvidable que tuvo como protagonista a Luis Francisco Tonelotto, delantero e ídolo eterno de San Martín.
"La uso todos los partidos, es mi cábala", le contó Julio a Tiempo de San Juan, con el orgullo dibujado en la cara, la camiseta se la regaló el propio Tonelotto después del ascenso. Un gesto que quedó tatuado en su memoria para siempre y hasta la fecha lo recuerda con detalles.
Tras aquella gesta histórica, el delantero -hoy retirado y dedicado a la dirección técnica- había regalado prácticamente toda su ropa a hinchas y familiares. Pese a eso, Tonelotto volvió sobre sus pasos, fue hasta la utilería y regresó con una camiseta sin número, también de ese ascenso glorioso, y se la entregó en mano.
"Para mí tiene un valor sentimental enorme", dijo Aballay, que la guarda como un tesoro pero que al mismo tiempo la hace rodar cada fin de semana en la tribuna, como parte de su ritual sagrado.
Aquella jornada inolvidable no solo le dejó un recuerdo a él. Su hija también se fue con un regalo especial: el obsequio de otro jugador clave de ese plantel, Gino Laciar, sumando otro capítulo dorado a la historia familiar.