A varios kilómetros del Gran San Juan, se encuentra el Club Atlético Recabarren. Un paredón largo sobre calle Libertad, nos posicionó justo en la entrada. Un escudo partido a la mitad -por lo que el portón se abría-, nos dio ingreso a la inmensidad de una cancha entre medio de verde, montañas, una pequeña popular y hasta un horno de barro. La historia del club Recabarren: fundado por familias, un empuje a pulmón y que se mantiene de pie con la venta de empanadas.
Familias, que llevan el rótulo de dirigentes o colabores del club, les dieron la bienvenida a Tiempo de San Juan en la sede del club zondino, el reciente ascendido a la Primera División del fútbol sanjuanino.
"Es mi segunda casa, de chiquito he mamado Recabarren, nos hemos criado todos acá", comenzó relatando Raúl Recabarren, uno que también fue descendente y partícipe de la familia que lo fundó. "Este club es grande y antes, a modo de que hubiera deporte en Zonda y como no había mucho para distraerse acá fuera del trabajo, se fundó. Fue una muy buena iniciativa de los viejos", afirmó emocionado, por uno de los legados más importantes que le dejó su padre.
La Academia de Zonda tiene 92 años. Fue fundada por un grupo de familias el 12 de Octubre de 1931. Si bien pasaron generaciones, Raúl sostiene que siguen colaborando y yendo a la cancha aunque no haya partidos: por legado, por ser casa o por un simple amor a los colores.
Más allá de que los represente un club de fútbol, Iris González, perteneciente a la subcomisión de apoyo del club zondino, le contó a Tiempo que para poder mantener los gastos del club se hacen semitas y empanadas para vender, justamente en el horno de barro que se encuentra en un rinconcito del ingreso a la institución. "Todos los dirigentes y colaboradores somos los que nos ponemos a hacer para vender, los chicos (jugadores) siempre nos ayudan".
El Club Atlético Recabarren tiene 92 años de vida y es clásico barreal de Juventud Zondina. El fin de semana pasado le ganó por la mínima a Punteto en la final de la B Local, y se convirtió en el segundo ascendido a la Primera División del fútbol local. El que subió a la A en primera instancia había sido López Peláez.
Un club humilde y con el empuje de las familias que lo fueron formando en el camino. Los dirigentes que ya pasaron y los que todavía ponen manos en la masa para seguir horneando y solventar los gastos de su segunda casa: por amor, por legado y por los colores de la Academia que llevan marcados en la piel.