El avance del pistacho en San Juan intensificó su vínculo con la fauna nativa. Un estudio liderado por el biólogo Exequiel Gonzalez analiza el impacto real del loro barranquero y busca respuestas basadas en evidencia. En el marco del Día del Animal, la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan difundió los avances de una investigación que pone en el centro de la escena a una especie tan visible como discutida en el ámbito productivo: el loro barranquero.
El estudio llevado adelante por el biólogo e investigador del Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera (CIGEOBIO), dependiente de la UNSJ–CONICET, quien trabaja en comprender la interacción entre esta ave y el cultivo de pistacho, una de las economías regionales en expansión.
“Mi trabajo se centra en comprender la interacción entre el loro barranquero y el cultivo de pistacho en San Juan”, explicó Gonzalez, quien remarcó que el objetivo es “generar bases científicas sólidas para abordar un problema que viene creciendo en la región”.
El crecimiento del cultivo es significativo: la superficie pasó de 600 hectáreas en 2013 a unas 6.500 en 2025, concentrando la mayor parte de la producción nacional. Este escenario, según el investigador, genera nuevas relaciones con la fauna nativa, en particular con una especie que los productores identifican frecuentemente como causante de daños.
“En principio el estudio se enfoca en el loro barranquero, ya que es la especie señalada con mayor frecuencia por los productores”, detalló. No obstante, aclaró que no es la única involucrada: “En algunas ocasiones también hemos observado que la cotorra puede producir daño en el cultivo”.
Uno de los ejes centrales del trabajo es medir con precisión la magnitud del impacto. “Evaluamos cómo la especie utiliza los cultivos, cuál es la magnitud y distribución espacial del daño para poder determinar su impacto económico”, indicó Gonzalez.
Los primeros resultados aportan una mirada más matizada frente a percepciones generalizadas. “El daño existe, pero su intensidad puede variar bastante entre plantaciones”, señaló el investigador. Además, subrayó que “no es homogéneo: hay sectores particularmente más afectados que otros”.
Incluso, los niveles registrados hasta el momento se ubican por debajo de los valores que, en otros cultivos, suelen considerarse críticos. “Los valores que estamos registrando se ubican por debajo del límite inferior de los niveles que en otros cultivos se consideran umbrales para comenzar a aplicar medidas de manejo”, explicó, aunque advirtió que esos parámetros aún deben definirse específicamente para el pistacho.
Otro aspecto que complejiza el análisis es el comportamiento de la especie. “Uno de los factores más importantes es la alta movilidad del loro barranquero”, afirmó Gonzalez, lo que puede generar “mucha variabilidad entre temporadas” e incluso entre distintas fincas.
A pesar de los desafíos, el investigador destacó la importancia de abordar el tema con una mirada integral. “Es clave poder diseñar estrategias que reduzcan las pérdidas económicas sin afectar la conservación de las especies”, sostuvo, en referencia a un ave nativa que además está categorizada como amenazada a nivel nacional.
En ese sentido, también remarcó el valor ecológico del loro barranquero, una especie característica de los ambientes áridos que contribuye a la dispersión de semillas y forma parte del equilibrio natural.
Finalmente, Gonzalez subrayó el aporte de este tipo de estudios: “Nos permite avanzar hacia modelos productivos que integren conservación y desarrollo”, dijo, en línea con uno de los grandes desafíos actuales.
FUENTE: Facultad de Ciencias Exactas, UNSJ