En un Mineirao colmado y con clima de Copa Libertadores desde el primer minuto, Boca vivió una noche tensa en Brasil. Y en ese contexto caliente, Leandro Paredes fue uno de los grandes protagonistas: primero por su temprana amonestación y después por un partido jugado al límite, con bronca incluida hacia el arbitraje.
Apenas iban seis minutos cuando el capitán xeneize vio la tarjeta amarilla. La jugada se dio dentro del área de Boca, cuando el juego ya estaba detenido por una infracción previa en la mitad de la cancha. En medio de un cruce con Matheus Pereira, Paredes reaccionó con un empujón que no pasó desapercibido para el árbitro Esteban Ostojich, que no dudó en sancionarlo.
Esa amonestación temprana condicionó todo su partido. Con el riesgo constante de una segunda tarjeta, el mediocampista igualmente mantuvo su intensidad en un encuentro áspero, friccionado y con muchas interrupciones.
El punto de quiebre llegó con la expulsión de Bareiro, una decisión que cambió el desarrollo del juego y que generó el enojo de los jugadores de Boca. Paredes no ocultó su malestar una vez terminado el encuentro: “Desde el minuto cero el árbitro se comportó igual. Acabo de ver las dos jugadas de Bareiro y ninguna me pareció de amarilla”, lanzó.
Lejos de bajar la intensidad, el partido siguió cargado de roces. En el segundo tiempo, el propio Paredes volvió a quedar en el centro de la escena cuando frenó con falta a Gerson y, en la continuidad de la jugada, lo tocó cuando el brasileño ya estaba en el piso. Una acción que hizo temer por su expulsión y que mantuvo en vilo a todo Boca.
“Se nos hizo cuesta arriba, estábamos bien y llegó la roja. Así y todo no sufrimos”, analizó el volante, que valoró la reacción del equipo pese a la desventaja numérica.
Más allá del resultado, la noche dejó secuelas. Paredes llegó a su segunda amarilla en la Copa y quedó al límite de la suspensión: si vuelve a ser amonestado, se perderá un partido en un momento clave del certamen.
Con bronca, desgaste y autocrítica, el capitán cerró la jornada con la cabeza puesta en lo que viene: “Hay que pensar en lo que sigue: el campeonato y Ecuador, que va a ser difícil”. Una frase que resume el ánimo de Boca tras una noche caliente, de esas que se juegan —y se sufren— hasta el final.