Dicen que la necesidad agudiza el ingenio y ese concepto parecería aplicar a la perfección a la forma en que Atlético Huaco descubrió cómo mantener su cancha como si fuera un billar. Es que, si bien no cuenta con los recursos económicos para utilizar sofisticados sistemas destinados a los cuidados del césped, se valió de una herramienta natural para lograr su cometido: las cabras de su vecino.
En un San Juan donde la sequía golpea cada vez más fuerte, Jáchal y Huaco no son la excepción. Sin embargo, cada institución, como la que protagoniza el Capítulo 3 de Pasiones del Interior, encuentra la manera de tener su campo de juego en las mejores condiciones posibles.
Es por ello que mientras algunos equipos invierten en riego por aspersión o cortan el pasto con tractores de última generación, en escuadras como las del Decano el método más efectivo se compone por el riego a manto y la puesta en marcha de un rebaño de unas 30 cabras, las que no sólo eliminan las malezas, sino que además abonan la tierra.
Los animales que encarnan una atípica postal dentro de la cancha pertenecen a un vecino que vive justo al frente del club huaqueño y que los presta cada vez que los necesitan. Acorde comenta la presidenta Érica Fuentes, son comisionados cuando el césped creció demasiado. Durante cuatro o cinco días, permanecen encerradas entre los arcos y las tribunas, que por ese momento la pelota deja de rodar para transformarse en un exótico corral.
Pero por si la historia de las cabras no fuera suficiente color en el Atlético Huaco, hay un detalle que convierte el relato en una pieza todavía más novedosa y, para seguir en la línea de los refranes, vale decir que la realidad supera la ficción, pues el guía del rebaño se lleva todas las luces. Se trata de Toto, el perro salchicha que, cual mastín de granja, pastorea a las cabras con un estilo inigualable.
Su sola presencia sorprende y divierte a foráneos, ya que para hinchas y allegados al club es un personaje más de los tantos que se encuentran en la órbita del Decano. Con la ayuda de otros perros de mayor porte, el líder del rebaño entiende a la perfección las órdenes de su amo y dirige a las cabras, desde el rancho donde viven, hacia las instalaciones del rojinegro.
"Tenemos cortadoras de pasto que son únicas", destaca entre risas Érica Fuentes, la presidenta del club. La dirigente señala que, si bien no cuentan con la tecnología ideal para el mantenimiento, sorprendentemente, se resuelven con las cabras. "Dejan el césped como si realmente pasara una cortadora", advierte de manera orgullosa porque remarca que eso los hace únicos.
Sobre el mantenimiento en general de la cancha, la matriarca huaqueña explica que son los hombres del club los que se encargan de cuidarla, de marcarla con cal y de regarla cada vez que entra agua. "No tenemos un sistema de riego moderno, esperamos que nos toque el turno del agua, que es una vez por semana, y, cuando ingresa el agua por las acequias, empantanamos toda la cancha", detalla.
A pesar de las adversidades que los clubes afrontan día a día, el esfuerzo de los suyos, la pasión y su entrega son lo que los hace grandes a su manera. Sin la colaboración de su gente, estas instituciones no serían nada. Y claro está que, sobre todo en los lugares más alejados, trascienden los límites de lo deportivo y se convierten un sitio de reunión de toda una comunidad.
Aunque el fútbol es su bandera, la casa del Atlético Huaco es mucho más que el espacio donde chicos y grandes, mujeres y familias enteras, juegan a la pelota. Es el punto de encuentro en donde los vecinos de la localidad se mantienen unidos y trabajan para sostener sus humildes estructuras, pues comparten un mismo sueño: ver a su escuadra campeona, como aquella vez que lograron el ascenso en 2014.
Al igual que los versos del poeta Buenaventura Luna, nacido en las entrañas de Huaco y contemporáneo en los inicios del club protagonista, los ranchos serán pobres, pero su gente es buena y los integrantes del Decano son el fiel reflejo de ello.
Embed - La curiosa forma de Atlético Huaco para tener su cancha como un villar