Todos los argentinos, los que viven dentro de la Gral. Paz y en las 23 provincias, nos sentimos Messi por un día. Y es que, al igual que la Pulga, todos nos caemos, acumulamos desilusiones, pero igual la seguimos peleando para ver si algún día suena la flauta.
Lo de Lio es más mediático, miles de millones de personas lo han visto durante mucho tiempo hincar las rodillas con la celeste y blanca, pero eso “se terminó porque en el Maracaná la final con los brazucas la volvió a ganar papá”.
La euforia por la Ciudad de la Furia no encontró techo y eso que aún son muchos -como indicaban sus caras- los compatriotas que no terminan de caer de que 36 años después la Argentina vuelve a subirse a lo más alto del mundo, como lo hicieran Kempes en el 78 y un tal Diego Armando Maradona en el 86.
Chicos, padres, mujeres, no binarios, hombres, rubios, morochos, adinerados, planeros, cabuleros, antisupersticiones, profesantes K, globos amarillos, RH+ y 0-, todos, todos los que entran dentro de este cambalachero país, hicieron uso de esa ley no escrita que, por puro amor y fidelidad a la Selección Argentina, nos hace igual de campeones del mundo que el Dibu, el Toro, el Huevo o el Motorcito.
El día que todos nos sentimos Messi
Las malas, los contratiempos, los problemas, las deudas y toda esa manga de detestables paisajes que viven en el camino de cada uno de los argentinos hoy no entraron a la cancha, no se sacaron selfies en el Obelisco.
Sí fueron titulares las emociones positivas, los abrazos sentidos con esos padres, parejas, amigos o hijos que se juntaron con el Diego para celebrarlo desde otro lugar. Los acentos de un inmenso país se unieron para hilvanar los distintos ‘himnos’ de la cancha.
Mañana tocará volver a ponerse el mameluco, agarrar el volante o madrugar para amasar. Y se hará sin rechistar y con el plus que te da ser campeón del mundo. Hasta para Messi, que nadie duda que tiene un buen pasar y mucho conseguido, elevarse a lo más alto del planeta futbolístico no se puede comparar con nada del mundo. Hoy, si alguien grita Lionel, todos nos daremos vuelta.