De niño jugaba a ser árbitro y hoy, diez años después, ya dirige en la Liga Sanjuanina: la historia de Jeremías, el pibe que convirtió su pasión en realidad
Todo empezó cuando tenía 8 años y les pidió a sus papás que le compraran un uniforme de árbitro. Como no había para chicos, una costurera se lo hizo a medida. Así comenzó a dirigir partidos en escuelitas de barrio, convencido del camino que quería recorrer. Hoy, después de una formación que empezó cuando era apenas un niño, Jeremías Asunto Royón ya dirige en la B local. “Desde chico supe que esto era lo que me gustaba”, cuenta.
A los ocho años, Jeremías Asunto Royón hizo un pedido que en su casa generó sorpresa. No quería botines nuevos ni la camiseta de algún club. Tampoco soñaba con ser delantero ni con gritar goles. Lo que quería era un uniforme de árbitro. Como no existían talles para chicos, su papá Claudio tuvo que resolverlo de otra manera: fue hasta una costurera y le encargó uno a medida. Ese traje negro, que para cualquiera podía parecer un disfraz, para Jeremías era algo más. Era la forma de empezar a hacer lo que ya tenía decidido desde muy chico.
Hoy, diez años después, su historia sigue ligada a las tarjetas, pero ya no como aquel niño que jugaba a arbitrar en las canchas del barrio, sino de manera profesional. Con 19 años dirige en la Liga Sanjuanina, sigue los pasos de sus referentes y se imagina algún día llegando a las grandes ligas del arbitraje.
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La escena que marcó el comienzo de todo se repitió muchas veces en su infancia. Mientras acompañaba a su papá a la cancha -Claudio había jugado durante años al fútbol y tuvo paso por San Martín- Jeremías se quedaba mirando algo que para la mayoría pasaba desapercibido. No seguía la pelota ni las jugadas cerca del área. Sus ojos estaban puestos en el árbitro. “Cuando iba a la cancha con mi viejo me llamaba la atención cómo se movían, cómo manejaban el partido. Siempre miraba eso”, recuerda. Aquella curiosidad se transformó en una especie de obsesión temprana. Primero fue el uniforme hecho a medida. Después vinieron los partidos entre amigos, los torneos barriales y las primeras experiencias en escuelitas de fútbol.
Para cuando tenía 10 años, Jeremías ya estaba dentro de la cancha con cierta naturalidad, como si ese rol siempre le hubiera pertenecido. Lo llamaban de escuelitas o torneos infantiles para dirigir partidos, incluso de chicos mayores que él. “Me llamaban y yo iba. Arbitraba partidos de chicos de mi edad o más grandes. Ahí fue donde empecé a aprender”, cuenta.
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En ese ambiente empezó a hacerse conocido. La historia del chico que soñaba con ser árbitro llamó la atención de varios medios locales y comenzó a aparecer en notas y programas deportivos cuando todavía estaba en la primaria. “Entre los ocho y los nueve años me hacían muchas notas. Salí hasta en Paso a Paso, de TyC Sports”, recuerda. Aquella exposición también le abrió puertas inesperadas.
Gracias a ese recorrido llegó a conocer a algunas figuras importantes del arbitraje argentino. Una de las anécdotas que más recuerda ocurrió en 2018, cuando pudo estar cerca de uno de sus grandes referentes. “Conocí a Federico Beligoy (actual director de Arbitraje de la AFA) y también a Néstor Pitana. Incluso estuve con Pitana después de que dirigiera la final del Mundial. Para mí era una locura”, dice.
De chico, Pitana era el nombre que repetía cada vez que hablaba de su sueño. Conocerlo, dice, fue cumplir una parte de esa historia que venía imaginando desde hacía años.
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El gran paso llegó en 2024. Después de mucho tiempo caminando canchas como hobby, decidió anotarse en el curso de árbitro de la Liga Sanjuanina. Para él no significaba empezar de cero, ya que llevaba casi una década conviviendo con el arbitraje. “Ese mismo año que hice el curso ya empecé a dirigir”, explica. Algunos árbitros y dirigentes ya lo conocían de antes, lo que facilitó su ingreso al ambiente.
Hoy suma dos temporadas dentro del fútbol local. Dirige en Cuarta División en las categorías A y B y además trabaja como asistente en Primera B, un recorrido que considera apenas el comienzo. A su edad, reconoce que el avance ha sido rápido, aunque también lógico si se mira el camino recorrido. “Es mucho, sí, pero también porque es lo que siempre quise”.
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El objetivo ahora es seguir creciendo dentro del arbitraje sanjuanino. Primero quiere consolidarse en el fútbol local, dirigir en Primera A y cumplir con todos los requisitos que exige la carrera. Después vendrán los cursos federales y la posibilidad de escalar hacia competencias mayores. “Primero hay que dirigir la Primera del fútbol local, después hacer los cursos del Consejo Federal y los nacionales. A partir de ahí se puede aspirar a un contrato”, explica.
Mientras tanto, reparte su tiempo entre las canchas y el estudio. Jeremías cursa Abogacía, una carrera que también eligió pensando en el futuro. “El arbitraje es una pasión muy grande para mí, pero también está bueno tener herramientas”, dice.
Claro que el arbitraje no es solo correr detrás de la pelota y tomar decisiones. También implica convivir con la presión, los reclamos y los gritos desde la tribuna. Jeremías lo sabe desde chico. “Nunca vas a salir de una cancha sin una puteada, eso es normal”, dice con naturalidad. Y enseguida agrega una frase que parece haber adoptado como una especie de filosofía: “Si escuchás una puteada en la cancha es porque algo estamos haciendo bien”.
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Está claro que Jeremías ya no es el chico que "jugaba" a ser árbitro en partidos en el barrio. Ahora está en el medio de la cancha, haciendo exactamente lo que imaginaba cuando todo recién empezaba. Y convencido de que esa historia todavía tiene muchos capítulos por escribir.