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Historias

Con la guinda como herencia

Juan, Pablo, Nicolás y Manu conforman una de las familias más tradicionales de Huazihul Rugby Club, los De La Plata. Se criaron en la cancha, fanatizados de una pasión que heredaron de su papá José. Por Carla Acosta.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Carla Acosta
Tiempo de San Juan

Hace ocho años su papá José De La Plata, conocido por todos como "Papagayo”, falleció a raíz de cáncer dejando en su cuatro hijos la herencia más preciada para ellos: el rugby. Él, un tipo loco por el try y sobre todo un dirigente nato que ayudó al crecimiento del club Huazihul, incentivó y hasta a uno "obligó” a ponerse los botines y la camiseta del Cacique. Hoy Juan, Pablo, Nicolás y Manu cuentan cómo fue heredar la pasión por la guinda y seguir una tradición familiar que arrancó con su padre. 

"Mi papá jugó en el club, fue técnico y hasta dirigente. Desde chico nos trajo a jugar rugby. A Nico, que era rebelde, no le gustaba. Pero de todos modos mi viejo lo traía y si no entraba a la cancha se quedaba todas las horas de entrenamiento sentado arriba del auto. Es más, viajaba a los torneos y no llevaba los botines (risas). Estuvo un año así hasta que un día se animó a jugar”, comentó Pablo, junto con Juan, uno de los primeros en comenzar en el deporte. 

Su papá, agrimensor, fue uno de los dirigentes que formó parte del traslado de la histórica institución del terreno ubicado detrás del Penal de Chimbas a su sede actual, en calle Coll, en Rivadavia: "Recuerdo cuando todo esto era descampado. Él siempre nos traía a tomar las medidas y a poner las estacas. Por eso el rugby es muy importante en nuestras vidas, porque aquí compartimos todos y tenemos todo, como la familia y los amigos de la vida (Juan)”. 

La familia De La Plata es una de las más conocidas del club y del rugby local. Los cuatro muchachos nacieron con la guinda bajo el brazo, compartiendo desde viajes hasta innumerables anécdotas. Sin embargo, a una de las integrantes de la familia, su mamá Mabel, le costó lidiar con la idea de que sus nenes practicaran un deporte de mucho contacto físico. "Cuando vamos a mi casa y hay almuerzo familiar se ve rugby. Se habla todo el día de ello. Pobre mi mamá, al principio estaba cansada pero después se acostumbró (risas). Igual ahora va poco a los partidos”, comentó Nico, casi con una expresión de reclamo. 

Los cuatro hoy juegan en una misma división, en diferentes posiciones y según contaron no hay competencia entre ellos, sino puro compañerismo. Son compinches no sólo en la previa, sino también en el tercer tiempo. "Antes de los partidos nos juntamos en el club  y después, depende del resultado, hacemos algo. Cuando toca perder te amargás y no tenés ganas de nada”, señalaron. El último en incorporarse fue Manu, quien un poco tímido en las entrevistas contó "no siento presión por mis hermanos, tomo sus consejos y trato de disfrutar lo que pasa en la cancha”. 

Los De La Plata, en un término deportivo, son tipos que van "al hueso”. Contaron que no tienen cábalas, porque señalaron que son de futbolistas; que no son nada cobardes a la hora de definir a quién realmente consideran su clásico rival, como Alfiles; y se confesaron bastantes temperamentales dentro de la cancha. "Tenemos el defecto de jugar siempre al límite (risas)”, comentó Pablo.
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