Mientras el técnico Luis Enrique en la
conferencia de prensa sostuvo que para jugar la final del Mundial de Clubes los
ases bravos de Barcelona necesitan estar en un 99% de sus condiciones físicas,
minutos más tarde, en el césped del Internacional Stadium, Lionel Messi y
Neymar se presentaron en sociedad y comenzaron a develar cuáles son las
posibilidades para que ambos sean parte de la formación que buscará, frente a
River, el tercer título de esta competición para la entidad catalana. Nadie lo
confirmó, pero las sospechas de que el tridente que demuele rivales en el
fútbol europeo, ese que tiene como tercera pata al uruguayo Luis Suárez,
también se unirá a la cita intercontinental.
Un cólico renal tuvo a maltraer al crack rosarino, que se
ausentó del partido con Guangzhou Evergrande, de China, y también del
entrenamiento de ayer. Sus faltazos, sin embargo, no hicieron que las alarmas
sonaran con más fuerza en la delegación de Barcelona. El entorno de Leo
manifestó que el rosarino había mejorado, y las imágenes del estudio de rutina
que se le practicaron fueron satisfactorias. La eliminación del cálculo no fue
confirmado, pero quienes están cerca del crack dieron a entender que ya no era
un problema y que, a partir de su desaparición, la mejoría era notable. Sin
dolores, sólo quedaba conocer cuáles serían las respuestas físicas, las
sensaciones, y en el terreno a Messi se lo observó de buen talante, con sonrisas
que reflejan que el mejor jugador del mundo vuelve a estar pleno. Una alegría
para el Barcelona, una preocupación que siempre estuvo latente para los
millonarios, que se prepararon, según lo explicó Gallardo, para afrontar el
definitorio partido imaginando que Leo y Neymar estarían en la estructura del
rival.
Tampoco Luis Enrique dio a conocer la alineación de
Barcelona, y aunque todos confían en que la planilla tendrá al argentino y al
brasilero entre los titulares, sólo una hora y media antes de la final se sabrá
si el tridente estará desde el arranque o, dependiendo del desarrollo, el
técnico irá echando mano de sus máximas estrellas.
Con el regreso de Messi el mundo futbolístico vuelve a
sonreír, una mueca de alegría que solamente no contagia en River, que tendrá un
desafío mayúsculo por delante para levantar el trofeo que lo consagre como el
mejor del planeta.