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¿Pachaco resucita?

El pequeño oasis donde vivió y murió la ‘santa de Pachaco’, fue el lugar de paso obligado para los que transitaban la vieja ruta 12. Ahora alberga esperanzas de resurgimiento con la nueva ruta de perilago.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Como un pueblo abandonado se ve hoy Pachaco. Ranchos que ya se caen, la escuela desierta y saqueada, y la vieja hostería cerrada. Resiste la construcción de ladrillo donde funcionaba la delegación de Vialidad.  El vergel que tuvo su época de esplendor en los años en los que el colectivo que iba a Calingasta tenía parada oficial en esta localidad; cuando la escuela recibía a los niños de la zona y de otras más alejadas como El Palque, cuando el comedor ofrecía tantos manjares calingastinos que era imposible no rendirse a su embrujo. Y cuando la capilla donde descansan los restos de Margarita Lima era visitada por cientos de creyentes que mantenían viva la fe en la ‘santa de Pachaco’.

La traza del nuevo camino de perilago, del que ya se construye la primera etapa Cerro Blanco-Caracoles, encendió las esperanzas de Pachaco, que volvería a quedar en el camino hacia Calingasta y en una zona privilegiada junto al embalse del dique El Tambolar.

Rolando Vila, que vive en la cantina, dijo que aún no está definido si la traza definitiva del camino pasará por Pachaco. “Los técnicos que están trabajando en la futura traza del camino se quedan acá de lunes a viernes, les doy alojamiento y comida. Escuché que es posible que el camino cambie y con el dique pase a la margen izquierda del río”, contó Vila.

Rolando es yerno de Rosa Cordeje, la última dueña y administradora del comedor. El era empleado de comercio, pero se fue a vivir a Pachaco cuando su despido coincidió con el saqueo de las construcciones del lugar, para entonces el comedor estaba cerrado al igual que la ruta.

“En el 2004, cuando terminaron Quebrada de las Burras se cortó la ruta 12. Ahí nos cortaron pies y manos. Quedamos totalmente aislados en bien del desarrollo. Parece que el camino nuevo no pasará por acá pero el deseo de todos los calingastinos es que reaviven este tramo. Esto es el paraíso, no cambio esta vida por nada”, dijo.

Fernando Mó, en uno de sus libros Cosas de San Juan, contó que en Pachaco, se encuentra a 89 kilómetros de la Ciudad de San Juan, en Zonda, “entre montañas y quebradas se halla el oasis donde el viajero obligado se detiene para tomar descanso de su largo repechar”.

En los ’90, funcionaba la escuela y la población era de de 57 habitantes, también contaba con  control policial y cantina. “Allí está también momificada la Santa de Pachaco, Margarita Lima, llamada así por la credulidad de un culto profano practicado por el pueblo dispuesto a aceptar tradiciones oscuras”.

Vila dijo que a pesar del corte del camino, mucha gente sigue visitando la tumba de Margarita. “Es como la Difunta Correa mucha gente cree en ella, viene, le reza, le traen velas, es una cuestión de fe”, señaló.

FRASES
“Parece que el camino nuevo no pasará por acá pero el deseo de todos los calingastinos es que reaviven este tramo. Esto es el paraíso, no cambio esta vida por nada”, Rolando Vila.

La historia y la leyenda
Los más viejos les contaron a los más viejos que la casa de Margarita Lima estaba cerca de donde hoy se levanta la casa de Vialidad, junto a un árbol varias veces centenario.

La historia de los pobladores asegura que la encontraron muerta en el mismo cerro donde hoy está la capillita de adobe que guarda sus restos.

Mó contó que la Santa de Pachaco era una mujer hermosa, estanciera rica del lugar, hija de una familia honorable, que hacía una vida “casi monacal”. Hija de Vicente Lima Zambrano y Manuela Echegaray, Margarita nació en 1872 y murió en el primer decenio de 1900, “presa de crueles desengaños amorosos de que fuera objeto por apuestos jóvenes que escalaban la montaña para cortejarla”.

“Su tarea permanente era hacer el bien, no existía en la zona nadie que no le debiera un favor. Era la dama buena a la que acudían todos para recibir el auxilio necesario y el apoyo para continuar el camino. Regalaba aguardiente en invierno y en verano ofrecía frutas secas y dulces. Dueña de gran fortuna heredada en tierra y pesos fuertes”.

Mó señaló en su libro que resultaba lógico era pensar que después de su muerte la gente siguiera pidiéndole favores y que, según los moradores del lugar, otorgaba con frecuencia.

La zona fría y seca favoreció la momificación de su cuerpo descubierto 20 años después de su muerte. “Esta momificación fue suficiente para que el pueblo sacudiera clamorosa credulidad proclamándola santa”.

En 1939 fue sacada de su sepultura para colocarla en una capilla construida por un devoto, José Bermúdez. Hoy la capilla está descascarada y deja ver el adobe triste. En el interior abunda la tierra y el desorden de los pocos ‘regalos’ que le dejaron sus promesantes. Un lugar de fe popular que permanece en el olvido. 

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