Hace 46 años, el 24 de marzo de 1976, grupos económicos, políticos, militares y civiles instauraron la más sangrienta dictadura de la historia argentina. Lo llamaron Proceso de Reorganización Nacional, quitaron al gobierno peronista de María Estela Martínez de Perón y pusieron en el poder al general Jorge Rafael Videla, al almirante Emilio Massera y al brigadier Orlando Agosti. Cada uno, representante de un sector de las Fuerzas Armadas: Ejército, Armada y Aviación, respectivamente. Fueron los iniciadores de un ciclo que duró hasta 1983, con el regreso de la democracia, y que desapareció a 30.000 argentinos. Entre ellos, hubo decenas de sanjuaninos. Este diario cuenta la historia de apenas tres militantes, en representación de la lucha de los detenidos/desaparecidos.
El primer desaparecido sanjuanino por el terrorismo de Estado fue José Luis Olivares. Tenía 27 años y estudiaba Geología. El 18 de agosto de 1976 un grupo de tareas lo secuestró de su vivienda ubicada en la calle Las Heras 1459, en Villa del Carril. Redujeron a la familia: a su madre, a su hermano, y a la esposa de su hermano. A la mamá le pusieron un un revólver en la boca para que se calle mientras sacaban a Olivares de la casa en pijama. Se lo llevaron en Peugeot 404 celeste. La madre de José Luis, Clara Narváez, portó su pañuelo blanco hasta su muerte. Fue una de históricas luchadoras de la provincia por la Memoria.
A Federico Guillermo Soria Nacif le decían Mario. En 2020, este medio habló con la viuda. Ella lo describió como "un sanjuanino llegado de los sueños más profundos del Che Guevara, de los Uturuncos de la propia historia". "Era una persona íntegra, idealista, soñadora. Cuando lo conocí venía dando todo lo que tenía por esta Revolución, su entrega era total, su honestidad absoluta. Él fue uno de mis primeros jefes en montoneros, yo lo admiraba por su entrega y empecé a aprender de él a dar la vida por la causa", dijo.
Acto seguido, contó que "nos fuimos al sur de Tucumán y allí trabajamos en los ingenios, en las escuelas, en lo que hiciera falta. En agosto del '76 ya no había dónde quedarse y menos con un hijo a cuestas. Él no vivía con nosotros sino que estaba mucho tiempo en la carretera, enlazando los pocos que habíamos quedado. El día de su detención tomó él mal su decisión, yo había abandonado dos horas antes el lugar que era el campo y me fui a esperar el tren para regresar a Buenos Aires, pero él decidió quedarse a dormir y esa noche llegaron militares y se lo llevaron".
"Muchos años después me contó, sólo por carta, un sobreviviente de Famaillá que cuando llegó nadie sabía su nombre real pero sabían su puesto. Lo mataron en la tortura", señaló.
El 17 de agosto de 1976, a las 3 de la madrugada, un grupo armado secuestró a Nicolás Alberto Farías. Era militante de la Juventud Trabajadora Peronista, trabajaba como oficial albañil, estaba casado con Victorina Esperanza Ortiz, embarazada de 5 meses, y tenía un hijo de un año. Los uniformados irrumpieron en la casa de los suegros, donde vivían todos, les vendaron los ojos y los golpearon. Victorina lo buscó hasta que el 28 de agosto desde el RIM 22 la mandaron al Hospital Rawson donde encontraron el cuerpo sin vida de Nicolás. Tenía ropa ajena y un orificio de bala en la cabeza. La dictadura calificó su muerte como la de un "extremista de Zonda".