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Todos los días, una batalla: cómo es vivir con Parkinson en San Juan

Omar Rojas es un sanjuanino de Sarmiento que lucha contra una enfermedad degenerativa que le consume la vida. Sin embargo, cada mañana se levanta pensando en frenar lo inevitable.

Por Redacción Tiempo de San Juan

El Parkinson es una enfermedad progresiva del sistema nervioso que afecta el movimiento. Los síntomas comienzan gradualmente, a veces, inician con un temblor apenas perceptible en una sola mano y luego se agravan con el paso del tiempo. Si bien los temblores son habituales, otros síntomas son la rigidez y la disminución del movimiento. No tiene cura, pero a pesar de ello la medicación es clave puesto que mejora la calidad de vida de quienes lo padecen y retrasa el deterioro. 

Omar Rojas lucha todos los días contra el Parkinson y cada mañana que se levanta libra una nueva batalla. A sus 54 años, el hombre oriundo de Media Agua, Sarmiento, decidió darle sentido a su afección y por ello concientiza sobre la enfermedad de una manera muy particular. Es que pese a sus limitaciones físicas, hace deportes y afronta diversos desafíos arriba de una bicicleta. 

Hace 14 años que convive con la enfermedad que se apoderó de su cuerpo y que lentamente avanza. Como al principio los síntomas que se presentaron fueron leves, sumado a que la diabetes de su esposa lo obligaba a estar atento a la salud de su compañera, no se ocupó de lo que le pasaba. Fue recién cuando su mujer falleció, hace dos años atrás, cuando tomó la decisión de empezar un tratamiento. 

Durante todo el tiempo que transcurrió, fue testigo de cómo el Parkinson ganó terreno y poco a poco lo afectó. Primero fueron temblores en sus manos, luego la rigidez hizo lo propio y directamente lo atacó en su movilidad. En la video nota, cuenta que de un momento para otro no podía caminar porque su cadera se trababa. También solía perder el equilibrio y, como consecuencia, se caía. Fue por ello que debió usar un bastón para evitar lo peor.  

Una vez que comenzó a tomar la medicación adecuada, luego de recorrer varias provincias y encontrar en Buenos Aires a un especialista que lo diagnosticó correctamente, Omar notó el cambio en su cuerpo y los temblores que se habían apoderado de él fueron desapareciendo. A paso lento pero firme, su salud evolucionó favorablemente y, de la mano de dos elementos claves, sus condiciones físicas mejoraron. Es que la actitud y el ciclismo se convirtieron pilares fundamentales de su recuperación.

Como figura de inspiración, el protagonista sabe que su enfermedad no lo define sino más bien su mentalidad lo hace. Está convencido de que antes que el Parkinson lo ataque, él lo ataca primero con una disciplina admirable. Siempre está en movimiento, cuando no es arriba de la bicicleta es en su propia casa donde montó un pequeño gimnasio con pesas para estimular sus músculos cada vez que siente rigidez. 

Habla de la vergüenza de las personas que padecen la enfermedad, que sin darse cuenta se aíslan para no ser vistos con los síntomas activos y se quedan sin recibir una ayuda adecuada. A esos 'parkisianos' -como él los llama- pretende llegar y decirles que salgan adelante como él lo hizo. Refugiado en el deporte, que es su propia medicina, invita a aquellos sanjuaninos que afrontan otros padecimientos a aceptar lo que tienen, pero sin dejar que eso los consuma y se los lleve por delante. 

Confiesa que sufrió, pero que no se quedó en un mismo lugar y que salió a buscar una solución que mejorara su calidad de vida. Su historia se convierte en un ejemplo y propone una perspectiva diferente sobre las adversidades y las formas de afrontarlas. Un mensaje valioso y motivador, más aun en épocas en las que muchos creen que todo está perdido. 

Además de luchador, un soñador

Omar Rojas recorrió en su bicicleta de ruta de San Juan a Neuquén, en una travesía para demostrar que las personas con Parkinson se pueden proponer desafíos y superarlos. Ahora tiene dos objetivos en mente: llegar hasta la Quiaca y crear una fundación. 

Lo deportivo es lo que lo mantiene con vida y por ello planea sumar más kilómetros. Sin embargo, quizás lo más significativo está relacionado con la organización que busca crear ya que sostiene que la medicación es costosa y no todos los sanjuaninos con Parkinson pueden pagarla, cuando en los hospitales públicos hay faltante.  

También señala que el tratamiento para los pacientes no sólo debería enfocarse en los remedios sino en una atención más integral, sobre todo para aquellos que no cuentan con recursos, como las personas que conoce en Sarmiento. Con su bicicleta, cuenta que salió a recorrer el departamento y realizó su propio relevamiento. Tras esa experiencia conoció varias realidades y advirtió que los recursos disponibles no siempre llegan o son suficientes.

Su sueño es tener un espacio con profesionales que puedan asistir no sólo física sino emocionalmente a los pacientes. Donde se ofrezcan herramientas para fortalecer la mentalidad de quienes ya se dieron por vencidos. "Espero algún día lograrlo y quien tenga la posibilidad de colaborar, me de una mano. Estaría cambiando muchas vidas", cerró. 

 

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