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Presas de amor: así fue la vuelta de las visitas al Penal en San Juan

La mayoría son madres y esposas de los que están privados de la libertad y hace 96 días ansían ver a sus seres queridos. "Nosotras también pagamos la condena por habernos enamorado de gente que cometió errores en la vida", contó una de ellas.
martes, 23 de junio de 2020 · 13:15

Desde este martes quedaron habilitadas las visitas a los presos que están alojados en el Servicio Penitenciario Provincial. Fue después de 96 días y bajo un estricto protocolo que los reos recibieron mercadería y pudieron ver a sus familiares sin mantener contacto físico. Solo visual. Ya que el dispositivo implementado prohíbe los abrazos y cualquier contacto entre los visitantes y los presos.

Más allá de los protocolos, en la puerta del penal la ansiedad y la expectativa eran moneda corriente. En su mayoría, las visitantes eran mujeres; madres y esposas de los presos que se acercaron desde temprano para poder ver a sus seres queridos en un lapso de 15 minutos, que es el máximo permitido por el momento.

En líneas generales resulta difícil adivinar la edad de estas mujeres que se agrupan en el pequeño patio frente al ingreso principal del Servicio Penitenciario. También resulta imposible definir cuál es el vínculo entre ellas. Hay un código que se comparte, y no es solo en la vestimenta y en el lenguaje, sino en la experiencia de tener a un ser querido privado de la libertad.  

Una de las personas que dialogó con este medio, sintetizó la vuelta de las visitas al penal. "Nosotras también estamos presas , porque uno no elige de quien enamorarse, y en nuestro caso fue porque nos enamoramos de hombres que cometieron un error y ahora tienen que pagarlo. Siempre vas a escuchar a más de una decir que mi marido no hizo nada, pero acá no hay inocentes. Por eso lo mejor es no preguntar, porque cada uno sabe y de lo que se sabe es mejor no decir nada. Ahora, porque hayan hecho lo que hayan hecho no los podés dejar tirados; eso no se le hace a ningún ser humano”, afirmó Micaela  que visita a su marido hace varios años. 

Detrás de cada paquete de yerba, harina, fideos o cualquier otra cosa que les sirva a los internos para cocinar, siempre hay una requisa por parte de los funcionarios del Servicio Penitenciario. Muchas de las que relataron su experiencia contaron que tienen que desvestirse en cabinas individuales frente a la mirada de las guardias para descartar la presencia de cualquier elemento sospechoso. Una vez que ingresan empieza a correr ese reloj de arena que define el lapso de 15 minutos para cada pariente con el reo. 

“Fueron días difíciles estos que pasaron, hay que tener en cuenta que si bien ellos son delincuentes, en su mayoría, también son personas y nosotras somo su único nexo con el mundo. Porque nosotras le contamos como está la calle, la familia, las causas que quedaron (problemas en la jerga tumbera). Y cuando se podía estaban las visitas higiénicas que son muy importantes para los dos y que ahora van a tener que esperar", contó Yohana que tiene preso a su marido y a un hermano. La misma llevaba facturas para el mate y una foto de sus hijos actualizada. 

Dejando de lado el repudio social y la condena judicial que atraviesa cada reo, en el transcurso de esta mañana se vieron diferentes muestras de cariño y solidaridad por parte de las familias. Casos como el de Nilda González se repetían de a montón.
Se trata de una madre que viajó desde Media Agua a las 5 de la mañana para poder ser una de las primeras en dejar la mercadería a su hijo. Con el ingrediente de que esta mujer, como otras tantas, no pudo ingresar a ver a su pariente porque está dentro del grupo de personas de riesgo. “De todas maneras yo quise venir hasta la puerta a dejarle algunas cositas”, sostuvo González a este diario. Y agregó que “mi hijo está aquí por zonzo, y mientras tanto yo me encargo de cuidar a sus 7 hijos con mucho sacrificio. A veces se le compra zapatillas a uno y luego a otro y así se va”, sostuvo la mujer que amplió su testimonio en el siguiente video:

Las visitas comenzaron cerca de las 10 de la mañana y en su mayoría eran mujeres las que llegaron a visitar a los presos. Dentro de los paquetes que traían se podía ver varios insumos, como alimentos y otros de higiene y limpieza personal. "El otro día hicimos un carneo y vamos a ver si me dejan pasar esta comida", contó otra de las internas.

No todos quisieron quedarse a compartir los 15 minutos de entrevista que implementaron las autoridades para recibir a las visitas y solo dejaron la mercadería en la puerta de la guardia y se retiraron.

De acuerdo al protocolo, el visitante debe respetar el distanciamiento social y evitar el contacto personal. El mecanismo establece que las visitas se dan una vez a la semana, de lunes a viernes de 9 a 16. En ese esquema, se autoriza el ingreso de un solo familiar directo o allegado de la persona privada de libertad. Además, se exige el uso de barbijo o cubre bocas y que se respete el distanciamiento social en la entrevista. El protocolo, presentado por las autoridades penitenciarias, no habilitó el ingreso de visitantes mayores de 60 años, personas con patologías crónicas incluidas en el grupo de riesgo al Covid-19, ni menores de edad.

Además, en el ingreso, el personal penitenciario entrevista al visitante, controla el uso del cubreboca y que la persona sea la designada por el interno. Además se le toma la temperatura con un termómetro infrarrojo. Por otra parte, los guardiacárceles, con una mochila pulverizadora manual que expulsa alcohol diluido en agua, desinfectan por completo al visitante. También requisan las cajas de mercaderías que se quieran entregar al interno, al igual que efectúan la revisión corporal a la persona que ingresa al establecimiento.

 

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