Las historias de emprendedores siempre empiezan con una idea osada y un grupo de personas que se animan a aquello que otros no. La de Elefante Wines tiene esto en común con la mayoría, pero a su vez se diferencia porque lo que hacen Felipe Azcona y Juliana Rauek es un vino de buena calidad que se ha colado entre las botellas de grandes bodegas en prácticamente todas las vinotecas de San Juan y algunas de otras provincias.
Un elefante en la habitación es algo que todos ven, pero de lo que pocos se animan a hablar. Este es el punto de partida del relato "oficial" de la marca, que habla sobre un producto al que no podían nombrar. Pero Elefante Wines es también interpela a ese tabú que casi nadie pone en palabras: que la industria del vino sanjuanina necesita renacer de sus cenizas y la idea de hacer una bodega "de garage" y diseño es una propuesta que, si bien ni siquiera ellos lo dicen, puede ser una puerta que se abre en esa dirección.
Es que Felipe, un ingeniero agrónomo sanjuanino, y Juliana, enóloga mendocina, decidieron empezar a hacer vino cuando todavía eran novios y sólo contaban con sus conocimientos y sus ganas. En pleno 2013 hicieron la primera cosecha, en la casa de los Azcona, de forma totalmente artesanal. Pero el resultado les gustó tanto que de a poco la idea de seguir haciendo y esta vez para vender de a poco fue creciendo entre los dos jóvenes.
El gran lanzamiento fue en el casamiento de Felipe y Juliana. En ese momento la decisión de bautizar la bodega como Elefante Wines había afianzado y para esa noche especial los profesionales se animaron a poner en cada mesa una botella del malbec que ya tenía su etiqueta y diseño listo. Ese fue el primer Elefant in the room, nombre comercial del varietal que tuvo una primera cosecha de 400 botellas, 100 de ellas servidas en la cena y el resto vendidas a familiares y amigos, que se convirtieron en los primeros clientes exclusivos.
El siguiente paso de los emprendedores fue empezar a darle forma a la bodega "de garage", comprando y armando el equipamiento que año a año crece. Tras esa primera tanda de 400 botellas, Felipe y Juliana han ido haciendo crecer el emprendimiento y este último año sacaron 6.000, mientras que el objetivo a futuro es llegar a las 60.000.
En la casa que ocupan en un barrio capitalino tienen 6 tanques de acero inoxidable, más las barricas de madera en una de las habitaciones. Tras la cosecha trabajan desde bien temprano en la madrugada, sobre todo los fines de semana, y transforman por completo el barrio del IPV de clase media con la llegada de camiones cargados de uva a medio procesar. "Los vecinos son unos genios, porque por lo general hacemos esto a las 4 o 5 de la mañana, en días no laborables" cuenta Felipe sobre cómo es hacer vino en plena ciudad. "También les damos una botellita por las molestias", confiesa.
Los procesos más complicados, como el despalillado o hasta el embotellado, lo hacen en una cooperativa de pequeños productores, donde alquilan las máquinas que es imposible tener en una casa o son muy caras y de un sólo uso.

Si bien el trabajo tiene mucho de artesanal y cooperativo, los ideólogos de Elefante Wines tienen metas altas. Para ellos, jóvenes y con muchas ganas de crecer, hacer vino es un industria que está entrelazada profundamente con el turismo y sobre todo el turismo de experiencias, ese que va ganando terreno en el mundo y de a poco se va conociendo por estas latitudes. El objetivo que tienen con la bodega de garage es que en algún momento se convierta en una bodega boutique cerca de la ciudad de San Juan. Un lugar al que los turistas puedan ir y disfrutar de algo único.
Por el momento, tropezar con una botella de Elefante tiene algo de esta impronta. Cada uno sus productos tiene una historia, un diseño único.
Los blancos llevan como nombre Elefante Blanco, porque "hacer uno de estos vinos de calidad es un esfuerzo importante para una bodega chica como la nuestra, lo comparamos con los grandes señores del sudeste asiático que no podían trabajar pero sí costaba mucho mantenerlos, pero significan prestigio para el que los tenía". El malbec insignia, el elefante en la habitación, es el primero y cuenta la historia del arranque de la marca. En cambio el malbec guardado en barrica, llamado Elefant Gun, lleva el nombre de un arma de gran calibre por su explosión en la boca.
Dónde conseguirlo
Además de un par de restaurant que ya incluyeron los vinos de Elefante en sus cartas, los productos de la bodega se consiguen sobre todo en vinotecas locales y a través de la página de Instagram que manejan los mismos Felipe y Julieta. Quienes ya conocen el producto saben que hay que estar muy atentos a la salida de una nueva cosecha porque suelen agotar su producción después de algunos meses.
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