Una nueva modalidad gana terreno en la gastronomía de San Juan y se ofrecen como una alternativa viable tanto para quienes disfrutan del buen comer como para aquellos que apuestan a emprendimientos innovadores y con pocos riesgos en la inversión. Se trata de los restó a puertas cerradas, manejados en su mayoría por chefs que ofrecen una propuesta que resulta un gran atractivo para los turistas que visitan la provincia.
Es por eso que Tiempo de San Juan llegó a uno de ellos para conocer, desde su interior, cómo allí se come y cómo trabajan. Con un estilo diferente, el concepto de comer como en casa se presenta como la renovación culinaria que cada vez gana más adeptos. Sentate, ponete cómodo y disfrutá la experiencia, como si ahí estuvieras.
Con apenas unas cinco mesas, el espacio reducido pero cálido invita al deleite del comensal. A través de redes sociales, vía Whats App o Instagram, el sitio se maneja sólo con reservas sin la chance de que el público en general pueda ingresar, como cualquier otro restaurante. Y es que a eso se refiere el concepto de 'puertas cerradas'.
La cocina está a la vista de todo y también su chef que saca platos con precisión de cirujano, revisando cada detalle de su presentación. El calor de las llamas que cocinan se aprecia y, cuando el mesero se acerca, toda la atención se vira hacia él. Con una cordial bienvenida explica el sistema del local que tiene sus propias reglas: no hay menú, sólo platos que el mismo chef diseñó para la velada. ¿No lo dije? Es de noche y es fin de semana, porque otros días este en particular no trabaja.
"Los productos que han sido seleccionados para los platos de hoy son de estación, en su mayoría, lo mismo que su origen es de la región", advierte el camarero que pidió ser llamado por su nombre durante el servicio y ante cualquier necesidad. Como no podía ser de otra manera, entre las opciones de bebida el vino es la elegida: directo de bodega boutique, el malbec fue elaborado y embotellado en los valles de San Juan, en altura.
En cinco pasos se ofrecen los platos. El primero, que hace su vez de entrada, es un Picante de Pollo que -como su nombre lo indica- el picor que tiene viene bien para el frío.
La segunda comida es un Ceviche de Vegetales con base de Batata Andina, Palta y Flores comestibles.

El tercer plato es Empanada de Quinoa y Queso con Croqueta de Espinaca.

El plato principal es un Lomo con Ensalada de Radiccio, Brotes de Soja y Endivia con Salsa de Tomates Secos y Hongos.
En cada uno de los cambios de platos, una porción de pan casero y caliente en su medida justa acompaña, mientras que el vino se amolda a los sabores. Entre sus bondades, el malbec no es uno muy comercial y está decididamente seleccionado con el fin de poner en valor 'lo nuestro', señala el mozo.

Como quinto y último plato, es la hora del postre: Polvo de Brownie, Crocante de Semillas de Girasol, Espuma de remolacha y Helado de Dulce de Leche. Con un tiempo mínimo de espera, los platos han sido servidos con un timming oportuno. Asimismo, su composición es suculenta de modo que la cena se presenta como "llenadora".

Si bien no se puede contar como plato aunque sí como cortesía de la casa, un té de hierbas se ofrece como el 'bajativo' (digestivo) del momento.

Cuando la botella de vino que acompañó durante la cena llegó a su final, es un indicio de que poco le queda a la sobremesa. Tras una distendida charla con el chef y el mesero, explican que la modalidad de reserva es una apuesta segura por las estimaciones que se hacen cuando se configura un servicio. Es decir que al conocer la cantidad exacta de personas que comerán, la materia prima no se desperdicia y esto no impacta de forma negativa en la economía que sustenta el restó.
El hecho de que haya poca cantidad de mesas en el lugar, representa una menor demanda en las necesidades de los comensales y mayor atención al instante. Rescatar el valor de intimidad y de.lo propio con productos autóctonos del territorio, como el jugo de la uva y las verduras optadas.
Diferente y personalizado, para el bolsillo se muestra como una elección ideal para ocasiones especiales. El monto a pagar es por persona -como en una parrillada- y lo que varía el monto final es la bebida que se consuma. Con 600 pesos per capita, con postre incluido, el comensal se puede dar por satisfecho y, teniendo en cuenta el precio del fast food tan sanjuanino que asusta como lo es el lomo, resulta caro en la comparación. Pero la experiencia, el sabor y la oportunidad de probar algo distinto son el plus. Y es que cada bocado fue pensado por su autor y se nota.