Iglesia

La cámara secreta de la capilla de Achango que nadie abrió en 200 años

En la parroquia más antigua de San Juan hay una habitación que no tiene puertas ni ventanas. Nadie sabe si hay algo adentro. Una vez intentaron hacer un orificio en el techo pero no lograron ingresar. Por Natalia Caballero.
lunes, 29 de abril de 2019 · 23:41

Achango es un pueblo iglesiano estancado en el tiempo, en el que la parroquia más antigua de San Juan resiste con un misterio que aún no se ha podido develar. Las paredes de adobe de un metro de ancho le dieron vida a una habitación sin puertas ni ventanas, que nadie abrió en 232 años. No se sabe que hay adentro. Quizá haya un tesoro, quizá no haya nada, quizá esas paredes resguarden alguna enseñanza escrita por los jesuitas que construyeron el monumento histórico.

Abel Montesino es el último poblador de Achango y con los 76 años de experiencia que tiene anhela que alguien se anime a abrir la "cámara secreta" de la parroquia que viene cuidando desde que nació. "Una vez vinieron de la Universidad Nacional de San Juan, hicieron un pequeño boquete en el techo pero la luz no entró nunca a la habitación. Me dijeron que iban a volver alguna vez con la gente de patrimonio para ver qué había adentro pero hasta ahora no han vuelto. No quiero morirme sin saber que hay adentro", dijo. 

Fue construida por los jesuitas en 1655 y reconstruida en 1787. La parroquia es humilde, guarda una mística especial. Allí dentro descansan los restos de los tatarabuelos de Abel, quienes trajeron desde Chile la imagen de la virgen del Carmen. La imagen es original de Perú, tiene pelo natural y una corona de plata. Todos los días Abel le arregla la larga cabellera de niña a la imagen que cuida amorosamente. Él es creyente. Y se nota. 

Dos puertas de madera resguardan el interior de la capilla de Achango. La habitación misteriosa está abajo del campanil. "No sé qué pensar. No sé que habrá. Pienso que como los jesuitas eran muy sabios resguardaron libros ahí dentro, pero no sé si se conserven", apuntó. 

La Virgen del Carmen de Achango fue testigo del paso de las tropas del Comandante Cabot en 1817. Casualmente la virgencita es la patrona del Ejército y también de los agentes penitenciarios. El piso es de tierra, pero se encuentra tapado por alfombras. Para que la tierra no sea volátil, los jesuitas la compactaban con sangre de ganado. Otras de las claves de su diseño era revocar las paredes con estiércol.

Cuando uno cree haberlo visto todo, en uno de los costados de la capilla hay una escalera de adobe. Luego de subir los peldaños, el regalo es maravilloso: una vista impactante de Achango y dos campanas que resuenan en la tranquilidad del pueblo que guarda un misterio que aún nadie se atrevió a develar. 

 

 

 

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