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Personaje

Doble vida: escribe la letra dura de la ley y los cuentos más originales

Andrés de Cara es redactor de la Corte y su función es escribir el grueso de los fallos más importantes de la Justicia sanjuanina. Hasta que sale de Tribunales y la literatura gana terreno en su teclado. Por Carolina Putelli.

Por Redacción Tiempo de San Juan

 

Extranjero

"Mano dura” fue el eslogan de campaña; "Nación”, la idea-fuerza. Años después, la ciudad militarizada pero segura, vino la orden. La orden vino de arriba. Sin excepciones, dijo el ministro. Súperman, el extranjero, el inmigrante; Súperman, el ilegal, fue desterrado de Metrópolis.

 

Andrés de Cara es una mezcla rara: un abogado - escritor. Más aún, un Secretario de la Corte de Justicia de San Juan - escritor. Es de los secretarios con mayúscula, no de los que atienden llamadas sino de esos que hacen el trabajo intelectual más importante y, entre otras cosas, le dan forma y redactan el grueso de los fallos, en este caso del órgano máximo de la Justicia sanjuanina.

 

En resumen, Andrés de Cara es quien se sienta frente a un teclado y redacta las largas páginas que le darán un marco legal a los sanjuaninos. Hasta que llega a su casa y se pone a escribir microrrelatos, cuentos y hasta una novela.

 

Lejos de las palabras "de abogado”, duras y llenas de tecnicismos, los cuentos del Secretario son ágiles y fáciles de leer. La mayoría de sus textos tienen un giro sorprendente y dejan entrever los conocimientos del escritor.

 

Es justamente la inteligencia y su cultura general, uno de los rasgos que más llaman la atención al hablar con Andrés. No reniega del título de ‘’ratón de biblioteca’’, aunque prefiere definirse a sí mismo como un lector voraz, que desde muy chico leyó de manera apasionada y durante su adolescencia comenzó a escribir.

  

En cada una de las etapas de su vida, las letras y los libros han sido determinantes. Desde niño la lectura se convirtió en uno de sus mayores placeres y apenas ingresó a la adolescencia empezó a escribir. Esa fue su primera etapa de literatura dura, que cerca de los 20 años abandonó, cuando se convirtió en padre de Lía, la mayor de sus 4 hijos, y comenzó a trabajar en Tribunales mientras todavía estudiaba abogacía. 

 

Desde ese momento, la letra dura de ley se convirtió en su foco principal. ‘’Me convertí en abogado por inercia familiar’’, resume. Su historia es parecida a la de muchos, que al momento de decidir una carrera el hecho de tener un padre abogado, que tenía un estudio jurídico, hizo que las leyes se convirtieran en un buen camino a seguir. Su siguiente paso fue ingresar a Tribunales, donde comenzó en el escalafón más bajo y siguió avanzando hasta su puesto actual.

 

Pero en la vida de Andrés de Cara las letras siguieron siendo una línea conductora y al momento de recibirse y comenzar a ejercer eligió un lugar poco conocido para la mayoría: el de redactor de fallos.

 

‘’Hay dos biotipos de abogados, el litigante que extrovertido, que participa en los juicios y responde a la idea que tiene la mayoría sobre la profesión y después están los otros, que entre otras cosas redactan proyectos de sentencias’’, explica el letrado. Los redactores como Andrés son quienes escriben el grueso de las decisiones de la Justicia, son también los que hacen trabajo más detallado y hasta engorroso, pero en el que se basan las decisiones judiciales. Como redactor de la Corte, él tiene el trabajo de darle forma a los textos de páginas y páginas que son ‘’la última palabra’’ de la Justicia sanjuanina.

 

Este camino dentro de la Justicia, aunque relacionado con la redacción y la lectura, lo mantuvo alejado de la literatura durante un tiempo, hasta que se convirtió en su puerta de entrada otra vez.

 

‘’Yo trabajaba como Secretario en un juzgado cuando me enteré de que había un taller de redacción, que dictaban en una librería. Me acerqué buscando mejorar mi redacción para mi trabajo, pero cuando entré el profesor, Juan Carlos Herrera, me dijo ‘ya te va a picar el bichito de la escritura’. No le creí, para mis adentros pensé ‘no me va a picar ningún bicho’, pero al final él tenía razón’’, relata.

 

Volver a jugar con las palabras terminó siendo, para Andrés, una invitación a ese mundo que 25 años antes había abandonado. Así, entre trabajos prácticos y pequeños ensayos volvió a descubrir su pasión por la escritura y terminó escribiendo decenas de microrrelatos El bichito lo picó y con ganas.

 

Lenguaje de abogados y poesía, dos extremos de la letra

 

 


El tradicional OIC, que nuclea a multimillonarios cristianos de todo el mundo occidental, parece haber perdido el rumbo. Tras suprimir el patrocinio de los siete centros teológicos más importantes de Europa, ha comenzado a financiar proyectos tan diversos como disparatados: desde el modesto plan de un pueblo galés, que aspira a construir la aguja de coser más grande del mundo, hasta el costoso proyecto del instituto genético de Burdeos, que trabaja en la miniaturización de animales. El instituto ha logrado versiones pequeñas de cerdos, conejos y perros. Hacia finales de la década, promete obtener un camello diminuto.

 

Los letrados tienen la mala fama de escribir ‘’difícil’’ y hasta feo, según la subjetividad de cada uno, por eso un Secretario de la Corte - escritor puede parecer algo cercano a lo imposible. Pero en el caso de Andrés estos mundillos conviven y hasta se ayudan.

 

Así como la abogacía lo llevó a un taller de escritura, la literatura le dio una perspectiva diferente a la hora de pensar la Justicia. ‘’Además de secretario y escritor, soy docente en la universidad, y siempre le digo a mis alumnos que escriban como personas y no como abogados’’, aclara.

Pero más allá de la broma sobre su profesión, el abogado lleva adelante un proyecto para impulsar una nueva forma de hablar y escribir la justicia. Es que es partidario de las corrientes, que tienen fuerza en Estados Unidos, de escribir los textos de la justicia en lenguaje llano. ‘’La idea es pensar los textos para que los entienda la sociedad y no el abogado, porque muchas veces lo que se escribe en la justicia falla en su función más importante, que es la de comunicar’’, resume. 

 

Fallos gigantes, microrrelatos y una novela 

 

 

Cambio de táctica
Durante los primeros días de marzo del año 628 (6 de la Hégira), fuertes temblores sacudieron las montañas Asir, en la región sur-occidental de Arabia. Aunque no hubo víctimas que lamentar, numerosas casas se desmoronaron en el poblado de Arab, hoy conocido como Abha. Los movimientos también se percibieron en Mecca, distante seiscientos kilómetros. Más al norte todavía, en Yathrib, hoy conocida como Medina, tres obreros que construían la mezquita de Quba se hirieron al caer de un andamio.
Advertido, el profeta Muhammad, hoy conocido como Mahoma, cambió de táctica. Decidió que, en adelante, él haría el viaje a la montaña.

 

Las páginas de la Justicia tienen la mala fama de aburridas y largas, pero este redactor de la Corte eligió para su otra vida, contar historias de una manera totalmente distinta. Así, sus relatos son cortos, escritos muchos de ellos en clave de acertijo y con mucho humor inteligente.

 

Una única excepción es su ‘’novelita’’, como él mismo define, titulada ‘’El gol a los ingleses’’. El texto empezó como un cuento largo, tomó vida propia y el escritor breve tuvo que resignarse a que había tela para cortar y un libro completo para publicar. Aunque no es lo único que escribió Andrés que ha quedado escrito en papel, sí es su única novela editada y publicada en solitario.

 

‘’El gol a los ingleses’’ tiene su propia historia, con ribetes judiciales. Es que el autor llevó su texto a publicar por primera vez hace algunos años a la Editorial Fundación Universidad pero el editor de ese momento no se convenció y literalmente la cajoneó. Así descansó un tiempo, entre otros manuscritos en un archivo de la editorial hasta que un nuevo editor la vio y decidió publicarla.

 

Desde 2014, gracias a la visión del nuevo responsable, la ‘’novelita’’ da vueltas por las bibliotecas sanjuaninas y hasta ha salido de gira en ferias y eventos culturales por todo el país. Ha tenido hasta el momento buenas críticas e incluso ventas calificadas como buenas por los que más saben. ‘’El gol a los ingleses’’ llama la atención por su diseño que bien puede pasar por una edición hecha en Buenos Aires.

  

Lo que se viene

Para Andrés De Cara la literatura ya no es un hobbie y combina su trabajo escribiendo en lo más alto de la Justicia con sus proyectos literarios. En poco tiempo su segundo libro saldrá a la luz, con una propuesta multimedia y al nivel de las ediciones más modernas.

 

El libro, que también editará la EFU, se llamará ‘’Muchacha y otros relatos musicales’’. Está planteado como un homenaje a Luis Alberto Spinetta en clave literaria y tendrá además de relatos breves del abogado, códigos QR en cada página para poder escuchar la canción que inspiró el texto durante la lectura. Al final, habrá otro código que llevará a una lista de reproducción de Spotify con temas del ‘’Flaco’’.

 

 


Acertijo
El tranvía se detiene entre chirridos y empujones. "Demonios”, dice el chofer por lo bajo. Un anciano se interpone. Camina agachado, la espalda casi horizontal, con un precario equilibrio que logra a fuerza de rápidos movimientos de los brazos. El pasaje levanta la vista y observa el trabajoso cruce del anciano. Son veinte espectadores, si incluimos al impaciente chofer. Doce vuelven enseguida a lo suyo. Los ocho restantes descubren la similitud. No es tan difícil, si lo pensamos bien. La posición del cuerpo, el aleteo de los brazos: fácil establecer la analogía con un insecto. En seis de los ocho casos, la imagen mental titila, superficial, y al punto se apaga. Para cuando el anciano termina de cruzar, sólo un joven y una niña de gorro azul juguetean con la idea. Sin embargo, el coche reinicia la marcha y el gorro de la pequeña cae sobre sus ojos; tras la interrupción, ella no volverá a pensar en el hombre-insecto. Queda el joven: un sujeto delgado y de ojos hundidos, que, allá en el rincón, luce de golpe pensativo.
Pista uno para el lector: el año es 1912.
Pista dos para el lector: la ciudad es Praga.




 

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