Cuando los habitantes de la Villa Santa Anita se fueron del asentamiento a su nuevo hogar, quedó un panorama de tristeza atrás: los perros y gatos de las familias no pudieron irse con sus dueños, en medio del apuro por la mudanza. Con una vez fue suficiente, porque este martes hubo dos erradicaciones y los proteccionistas de San Juan se pusieron la capa de héroes y trabajaron codo a codo con Desarrollo Humano, el IPV y la Policía para que todos sin excepción empiecen una nueva vida.
Mirko Susmely, uno de los voluntarios, explicó a Tiempo de San Juan que se enteraron del operativo e inmediatamente comenzaron con un protocolo diseñado por ellos mismos. Antes de que llegaran las autoridades, realizaron un censo de animales, para saber qué mascotas tiene cada familia.
Durante el traslado ayudaron a todos los que podían a llevar sus mascotas en los camiones que van hacia el nuevo barrio y además controlaron que durante el derrumbe ninguno quede atrapado en los escombros, como pasó con anterioridad.
Lamentablemente no todas las familias podían subir los animales a los fletes, por lo que fue necesario que los voluntarios aportaran sus camionetas, que ya iban preparadas, para llevar a los perros a reunirse con sus familias. Para mayor seguridad, llevaron hasta caniles, para que viajen cómodamente y sin problemas entre ellos.
La jornada para estos voluntarios no termina este martes, sino que seguirán trabajando para que la comunidad, de unas 12 familias, recupere los animales que este martes no pudieron llevar. Es que algunos perros y sobre todo los gatos, suelen desaparecer durante la erradicación y luego volver a sus hogares, cuando ya no hay nadie ahí para rescatarlos. También encontraron un perro abandonado, que asistirán, y volverán al barrio nuevo para controlar, con los datos del censo, como se encuentran los animales luego de la mudanza.