Ernestina Muñoz
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Canal 13 San Juan
Como chicos, encaramos una excursión a la reserva de animales de Rivadavia. Conocimos en profundidad la nueva administración del lugar, el modelo de trabajo y hasta los jaulones de los animales, por dentro. Atrás parece haber quedado los cuestionamientos y la crisis por la muerte de la leona.
"Se está trabajando para que sea algo que valga la pena", dijo Sirly Adárvez, una de las nuevas biólogas incorporadas al equipo de trabajo.
Esta nueva administración nos dejó ingresar a las jaulas para observar de cerca a las rapaces y primates y entender cómo funcionan las instalaciones. Lo primero que exploramos fue el área destinada a las rapaces. Un águila mora tuerta comparte con un jote cabeza colorada.
"La convivencia se maneja. Primero las ponemos aisladas en cuarentena y evaluamos su estado físico y comportamiento. Después vemos con qué especies pueden compartir. Por ejemplo, los loros que son más aéreos conviven bien con faisanes que se mueven al ras de la tierra", explicó Mauricio Pérez, encargado de las aves.
En la jaula de las rapaces notamos unos muebles muy particulares. Las "perchas", donde reposan los pájaros, fueron "tuneadas".
"Tienen un problema común al pasar mucho tiempo en perchas sufren una inflamación en las patas. Una alfombra les acolchonada la percha y además combinamos fijas y con otras móviles", explicó Pérez. "En la naturaleza, las ramas se mueven. Imitamos eso con las perchas móviles y sirve para que practiquen cómo equilibrarse con la cola. Cuando llegan generalmente las rapaces están con los músculos débiles y tienen que fortalecerse en el ejercicio. Es lo que les permitirá cazar todos los días y vivir", agregó Pérez.
De seguir como antes en palos estáticos las aves terminan atrofiando su musculatura y a veces no pueden ni mantenerse de pie. Sin embargo son bichos de imponente tamaño y meten miedo. "Antes no tuve la experiencia pero miedo no tengo", aseguró Mauricio Pérez.
"Antes de cualquier manejo nos informamos, vemos cómo actuar y qué hacer. Y para mantener el cuidado de ellas sobre todo", agregó.
Todos los jueves mantienen reuniones técnicas en las que comparten experiencias y observaciones. Además, observan videos de monitoreo de los animales para detectar comportamientos normales y enfermos y así evaluar acciones a seguir. Lo mismo se aplica al plan alimenticio. Si el plumaje se opaca es por una mala nutrición o exceso de semillas de girasol.
"Les damos fruta que ayuda al tamaño y plumas, en cantidad y brillo. Es lo más parecido a la naturaleza", agregó el jovencito.
Similar manejo se lleva con los monitos. Laura Sánchez es la responsable del enriquecimiento ambiental de primates. "Son tareas que se hacen para emular la silvestría. Ellos en las jaulas tienen el espacio marcado, saben a que hora llega la comida y esa rutinas los lleva al stress y a que le baje la calidad de vida. Les damos complejidad para ocuparlos", explicó.
"En lo estructural incorporamos sogas, troncos, para que jueguen y se ejerciten. Lo otro es el modo de suministrarles alimento, siempre de forma variada, porque en la naturaleza pasan un 45% del tiempo forrajeando, buscando alimentos”, describió otra de las integrantes del equipo.
Por eso se observan cajones con compartimentos en donde se esconde el alimento. En algunos hay comida, en otros nada, en otros hojas. Deben explorar y trabajar para comer, así no se atrofian. Todo se graba y se vuelve a revisar en video. Los monitos Caí son más movedizos. Prensiles y juguetones.
La mona Carayá (o ahulladora) es la más amorosa, la única en su especie, tiene un peluche de compañía y estufas para simular el clima tropical del que vienen.
Además, en cuanto a la "cocina" del Faunístico se busca lo más natural posible. Para eso no solo trocean verduras y frutas, también cultivan cucarachas, lombrices, insectos, cuyis o ratas para el menú. Todo bajo el respaldo bioético, respetando la impronta del animal.
Los cuatro pilares del nuevo Faunístico son la conservación (de animales como individuos), la investigación (lograr una suerte de banco genético para que no se pierdan los rasgos autóctonos), educación, y al final la recreación. Por estos últimos ejes es que los guías turísticos acompañan el recorrido con explicaciones de las lesiones de los residentes y cómo llegaron al lugar.
"El 80% de los animales llegan producto de la honda, del cetrerismo o de los operativos", explicó el veterinario Iván Simoncelli, coordinador histórico. "Hay especies que hoy por hoy sólo existen en zoológicos porque son cazados en hábitats naturales. Y esto es una forma de enseñarle a la gente por qué está en nuestro zoo un mono que debería existir silvestre pero sufrió mascotismo o cazadores furtivos. Si es por ese fin, es viable tener este lugar.
Mi idea es reestructurar el lugar, separar exóticos de autóctonos. Esos deberían ir del lado del canal con menor ruido de la ruta para que se estresen menos. Los de granja están más adaptados. Son nacidos en cautiverio", analizó Simoncelli.
"Esta es la única gestión que le puso pilas, antes era una carga para el municipio hacerse cargo de los decomisos sin tener fondos asignados de antemano", confió el veterinario. El desafío entusiasma.
