José Germán Álvarez expresa con orgullo que es el socio número 12 de la Unión Vecinal Colonias Unidas Richet y Zapata, tal como se denominó desde 1977. También, que pudo haber sido el 18 o el 1, pero que cuenta con ese guarismo simplemente porque estaba ubicado justo en ese lugar en la reunión en la que se concretó esa especie de refundación de la institución a la que dieron origen sus abuelos españoles. A través del testimonio de Álvarez, se puede conocer cómo fue la evolución de la famosa unión vecinal santaluceña.
Las necesidades eran muchas y los reclamos no escuchados, especialmente originados por la “revinición” de los suelos y la insatisfacción de los servicios básicos. Entonces entendieron que debían agruparse. Las tres colonias debían conformar un solo bloque. Pero a la reunión para armar la nueva entidad no asistieron miembros de la Colonia Gutiérrez. El tercer conglomerado de inmigrantes.
Igual siguieron adelante y la llamaron Unión Vecinal Colonias Unidas Richet y Zapata. En ese momento la cantidad de habitantes de la zona no superaba las mil personas. ”Había que progresar y para hacerlo el compromiso fue que cada vecino aportara todos los meses una bolsa de cemento o dinero para edificar y obtener mobiliario para la sede social”, dice para graficar claramente que todo se hizo a pulmón.
Las aspiraciones no pasaban únicamente por crecer institucionalmente. El fin era otro. “Inmediatamente comenzamos con los trámites ante Obras Sanitarias para contar con agua potable. Después de varias marchas y manifestaciones ante las autoridades militares que gobernaban la provincia conseguimos un préstamo del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), y dimos el primer gran paso”. Sin embargo, formalmente el suministro empezó en 1981.
La unión vecinal proporciona actualmente el servicio a 3.200 usuarios abarcando la extensa zona que va de Necochea y Benavidez, hacia el este, hasta el límite con el departamento 9 de Julio. En un principio la red de cañerías se extendía a lo largo de 90 kilómetros, hoy llega a los 120.
“Eso para nosotros significó un enorme progreso porque hasta ese momento teníamos que filtrar el agua de los canales para beberla, preparar la comida y el aseo personal”, explica José. Lo que pasa es que luego el agua llegaba muy contaminada porque los deshechos del matadero municipal y de la Bodega CAVIC eran arrojados al Canal Benavidez y era absolutamente insalubre. Teníamos que ir a Necochea y Benavidez a buscar el agua a un surtidor público”, rememora.
A partir de ahí, el progreso de la zona dedicada especialmente al cultivo de la tierra, ha sido enorme, increíble teniendo en cuenta sus orígenes.
Después fueron por el teléfono público que se instaló en la sede y para lo que se debió traer la línea desde Chacabuco y Benavidez donde funcionaba una fábrica muy conocida.
Luego fue el turno de la unidad postal donde los propios empleados de la unión vecinal se encargaban de repartir la correspondencia. La misma funcionó desde 1985 hasta hace unos 10 años. “Fueron dos avances muy importantes porque, si por ejemplo, se producía un incendio o ocurría una urgencia no teníamos forma de pedir auxilio. Y para enviar o recibir una carta o telegrama teníamos que ir a Alto de Sierra”, explica Álvarez.
Además, desde 1981, un médico atiende en la unión vecinal a todos los miembros de la comunidad sean, o no socios. La electricidad y el pavimento fueron las otras metas alcanzadas. Las calles Cordillera de Los Andes, Angualasto y San Lorenzo fueron asfaltadas con la emulsión comprada por la entidad, las maquinarias de vialidad y la colaboración del municipio. No sólo eso, los vecinos aportaron entre 10 y 15 camionadas de ripio cada uno, (unas 4 mil en total), para levantar el nivel del piso y realizar el ensanche del terreno. En total suman unos 10 kilómetros de calles pavimentadas. Eso fue en 1995. Antes, en 1992 se hizo el enripiado.
La iluminación de las mismas arterias se hizo íntegramente con fondos propios. Excepto por los postes. A todo ello se suma la inversión y colocación de tres perforaciones subterráneas para mejorar el servicio de agua potable. Una está ubicada en el camping, otra en Necochea antes de Rodríguez (Chimbas) y la restante en Alto de Sierra.
“Por todo eso es que nosotros llamamos a la unión vecinal una herramienta, porque con ella solucionamos todos los problemas.”, concluye José Álvarez. Y a juzgar por los logros, hay que darle la razón.
José Álvarez actualmente se desempeña como administrativo de la unión vecinal, junto a Cristóbal Benito Macías que es el primer empleado desde el 3 de marzo de 1981.