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HISTORIAS

La odisea del doble trasplantado, con final feliz

Tuvo que sortear todo tipo de obstáculos para que le hicieran un doble trasplante. Se concretó, pero de los tres órganos que recibió sólo le funciona uno. “Vale la pena pelear por la vida”, afirma. Por Gustavo Martínez Puga.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Gustavo Martínez Puga

“Cuando fui al baño y pude orinar, lloré de alegría. Me volvió el ánimo para seguir adelante”. La expresión es de Raúl Barea, el sanjuanino que tuvo que pasar las mil y una para recibir un trasplante de páncreas y de riñones. Y esa expresión que puede sonar hasta escatológica, contiene una razón de fondo: el riñón le empezó a funcionar a los 28 días de recibido.

Hasta ese momento, el cuerpo del sanjuanino de 38 años era una bomba de tiempo. De los tres órganos que recibió a fines de mayo último, sólo uno le funcionó: un riñón. Mientras que el otro riñón y el páncreas trasplantado no le prendieron, y su vida sumaba frustraciones.

“Vale la pena pelear por la vida”, asegura Raúl, lleno de optimismo. Y explica con crudeza cómo es vivir sin el páncreas y con un solo riñón: “Al páncreas se lo reemplaza con la insulina. Tengo que hacer dieta para cuidar el riñón. Me dijeron que si empieza a funcionar bien, tiene una vida útil de 10 a 20 años”.

A eso se agrega que ahora es muy difícil que lo vuelvan a trasplantar: “No me lo dijeron directamente, pero me dieron a entender que mientras funcione el riñón no me van a volver a trasplantar riñones y páncreas. Tendré que seguir dializándome”, explica.

Raúl se dializa desde los 19 años. Se ganaba la vida como metalúrgico. Pero cuando la enfermedad le avanzó, ya no pudo seguir trabajando. Vive en la Villa del Carril en una casa pegada a la de sus padres y en los últimos años se aferró a defender de la vida. No le fue fácil. Recibe una pensión por incapacidad y como cobertura social tiene Incluir Salud Programa Federal (PROFE).

A principios de mayo, Tiempo de San Juan informó sobre el calvario que debió soportar Barea: por motivos pocos claros, se le cayó el doble trasplante de riñones y páncreas. A pesar de tener prioridad en la lista nacional y de que le apareció un donante compatible, de un momento a otro le avisaron que no lo iban a trasplantar “porque en el PROFE no atendieron el teléfono”, según la explicación que le dieron a él.

Luego las autoridades de ese programa nacional, administrado en la provincia, explicaron que fue la empresa transportista ECCO la que frustró el doble trasplante.

Si bien nadie lo informó oficialmente, también trascendió de una alta fuente la posibilidad de que los órganos que iba para Barea hayan sido desviados hacia un paciente con una obra social prepaga, ya que en los hospitales suelen darle prioridad a esos pacientes porque puede cobrar más rápido el trabajo.

Dieciocho días después, milagrosamente, a Barea le apareció otro donante compatible y pudo ser trasplantado en el Hospital Privado de Córdoba.

Pero no todo se solucionó allí. Tras recibir el doble trasplante, la intervención se complicó: “Empecé a sentir un dolor muy fuerte en el estómago. Cada vez me dolía más. Los médicos me decían que tenía que aguantar hasta que el páncreas empezar a funcionar. Pero llegó un momento que no pude más. Me abrieron de nuevo la herida y vieron que se había echado a perder el páncreas. Así es que me lo sacaron y quedé sin páncreas”, cuenta Barea.

Luego de eso, Barea fue dado de alto y regresó a su casa en San Juan. Desde el punto de vista económico, pasar esos días en Córdoba tampoco le fue fácil a Barea y a su amigo Sebastián, quien lo acompañó en todo momento. Es que Barea había juntado un poco de dinero como para los dos o tres días que duraba la internación por el doble trasplante. Pero la complicación hizo que tuviera que estar más días internado. Mientras tanto, su amigo pagaba hotel y tenía que comer.

“Me gasté 7.200 pesos que yo había ahorrado y ahora estoy tratando de ver si en el PROFE me lo devuelven, porque ellos me habían dicho que tenía todos los gastos pagos y no fue así. Es toda la plata que tenía ahorrada para una emergencia”, dice Barea.

Pero al regreso a San Juan, Barea tuvo otro problema más grave que el económico: los dos riñones que había recibido no le habían prendido, por lo que no podía orinar. Eso recién ocurrió a los 28 días. “Me funciona uno de los dos riñones que me trasplantaron. El otro no. Pero me dicen que puedo vivir así, siempre que me cuide con la dieta”, explicar Barea.

Sortear todos esos obstáculos para seguir viviendo, le templaron el espíritu a Barea: “Soy muy creyente de Dios”, confiesa.


CIFRA
7.200
Son los pesos que Raúl Barea está tratando de recuperar. Los puso él y dice que en el PROFE le explicaron que ellos le cubrían todos los gastos, por lo que espera poder recuperar el dinero.

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