Una estancia de 8,5 hectáreas en Ullum fue entregada a los sacerdotes Jesuitas entre 1742 y 1748 por Lorenzo Quirós; lo que quedaba en pie de esa construcción fue reciclado y en noviembre próximo albergará un nuevo museo para la provincia en lo que ahora se conoce como El Fortín de los Jesuitas.
Su actual propietario, José Grimalt, contó en detalle cómo será el museo que además busca poner en valor un sitio histórico, desconocido por la mayoría de los sanjuaninos.
El lugar es como en entrar en el túnel del tiempo: Las construcción tiene más de 5 metros de alto y el ancho de los adobes forman paredes de 70 centímetros, se entiende ahí que hayan soportado dos terremotos.
Dicen que es una de las construcciones más viejas de San Juan, por eso en ese lugar se filmó la película “La Difunta Correa” (1975, dirigida por Hugo Reynaldo Mattar), y el documental “Sarmiento” (Canal Encuentro).
Investigaciones realizadas por Celia López y plasmadas en su libro “Los Jesuitas de San Juan colonial”, definieron las 13 propiedades que había recibido la congregación en concepto de donación en la provincia, y la de Ullum figura entre ellas.
López señala en su libro que Lorenzo Quirós donó la estancia Las Tumanas a la Compañía por testamento, además de otras dos propiedades: una chacra en Ullum y una casa con viña y bodega en la Ciudad. Cuenta la publicación que Quirós donó estos inmuebles para que fueran destinadas al ramo de los santos ejercicios. Las tierras de Ullum eran de sembradío pero no hay datos en la documentación acerca de su explotación, cuenta López. Para la fecha de la expulsión de los Jesuitas, en 1767, ellos trabajaban esas tierras en Ullum, la viña les dio abundante producción de aguardiente para ser comercializado. Pero además, en esta propiedad se realizaban anualmente los ejercicios espirituales para hombres. Usaban mano de obra conchabada para las épocas de poda y vendimia y un capataz cuidaba la viña y bodega.
Cuando los Jesuitas fueron expulsados por orden de España, la propiedad se vendió a Clemente Salinas quien nunca terminó de pagarla. Finalmente fue rematada.
Movido por una curiosidad histórica, Grimalt, que es ullunero y conocía esta propiedad, se interesó en sus centenarios adobes y decidió alquilarla. En la zona, el predio se conocía como la quinta de doña Eloisa Recabarren, esposa de Juan Meglioli.
Finalmente hizo una oferta de compra por toda la propiedad, aun que de las 8,5 hectáreas sólo le interesaban la parte de la construcción antigua, o sea 1,5 hectáreas. Las 7 hectáreas restantes se vendieron a una constructora.
“Empecé a reconstruir lo que estaba caído. Me motivó el rescate de este lugar histórico, ante el temor a que desaparezca o sea desmantelado, puse dos caseros en la lugar para que cuidaran. Busqué en Rodeo a quien sabía hacer tapias como antaño y cerramos todo con ese sistema de tapias con moldes y piedras encastradas. Puse un portón de madera que traje del puerto de Buenos Aires. No quería dejar nada al azar y fui respetando sistemas de construcción y materiales”, contó Grimalt.
En un pequeño altar había una imagen de la Virgen que se cree es de la época de los Jesuitas, aunque cuando Grimalt era un niño nadie los mencionaba como antiguos habitantes y eso se supo después de las investigaciones. “En una esquina estaba la imagen de la Virgen del Rosario de Pompeya que tiene los ojos de vidrio, y cuando la vio Margarita Ferrá de Bartol (prima de Grimalt y Profesora de Historia) se quedó sorprendida y me dijo que la guardara bien hasta que tuviera seguridad en el lugar. Ella dijo que éstas eran las únicas ruinas de los Jesuitas que siguen de pie”, aseguró.
Esa imagen está hoy en la capilla, que fue lo primero que reconstruyó Grimalt, con ayuda económica de la firma Roemmers, el resto salió todo de su bolsillo.
miércoles 29 de abril 2026




