La Ciudad estaría a punto de perder otra construcción histórica: la casona española en la que funciona un café literario, sobre calle Entre Ríos, entre Rivadavia y Laprida, la cual es el testimonio de un San Juan que desapareció. Por Gustavo Martínez Quiroga.
En una ciudad sin pasado, la fachada atrapa. Pero dice poco en realidad del encanto que atesora en su interior. Trasponer el pequeño zaguán y entrar a la sala y al comedor es ingresar en ese pasado e imaginar a los habitantes de la casa, en la década infame, con sus atuendos, con sus ocupaciones y sus preocupaciones, con la risa de los niños correteando por ahí.
Recorrer los amplios y luminosos dormitorios, la biblioteca, los pasillos, la cocina, la despensa y el estilo andaluz del segundo patio, es respirar el aire de los años 30 y de los incipientes 40 en el barrio “El Carrascal “, cuando nada hacía pensar que ese urbanismo creciente de pequeña ciudad desaparecería de la faz de la tierra pocos años más tarde por caprichos de la naturaleza.
Subir al desván y a los dos niveles de la amplia terraza recrea, sin esforzar la imaginación, las fiestas y las tertulias de un sector acomodado de la sociedad sanjuanina de entonces. Hay que rejuvenecer un poco los mosaicos mayólicos de los asientos, reconstruir la muralla de arcos, que se fue con el terremoto y volver a encender los faroles bajo el cielo estrellado para completar una vívida postal de época.
Se trata de la antigua casona de calle Entre Ríos Sur al 145, hoy recuperada para el funcionamiento de una librería y un café literario. Sin agregarle nada podría ser un excelente museo. Sus ambientes hablan y cuentan una historia.
Corría el año 1935 cuando el Dr. Horacio Videla le compró a los sucesores de Don Nazario Sánchez Benavidez un inmueble heredado en 1906 y cercano a la casa histórica de Doña Paula Albarracín. Cuatro años más tarde Videla se la vendía al Dr. Miguel Dobladez Ariza, que la selló su impronta española. Gran parte del material con que fue remodelada en esa época fue traído desde España y desde Buenos Aires. Se convirtió en una de las primeras construcciones sismo resistente de la provincia. Los altos muros que componen su intacta estructura son prueba irrefutable de la eficiencia del sistema edilicio pre-44.
Aunque entre 1957 y 1958 las dependencias de recepción sufrieron algunas reformas para adecuarlas a las normas de reconstrucción de la ciudad, la casa mantuvo su estilo y la construcción original de su espacio interior. Su propietario, medico de profesión y de vocación, hospedó allí al Nóbel de Medicina Bernardo Hussay y al reconocido Salvador Mazza, con quien integró el equipo de investigaciones sobre el Chagas de la provincia. Cada vez que venía a San Juan se hospedaba en esa casa el Dr. Marcial Méndez, fundador en 1918 de la farmacia Inglesa en Buenos Aires y descubridor del procedimiento antihemorrágico aplicado en la guerra europea. También se asoleó en esos patios la escritora y pedagoga española María de Maeztu.
Se podrían escribir miles de historias vividas en estos espacios. Miles de conversaciones interesantes están atrapadas en sus paredes. Los mágicos ambientes envuelven a los visitantes de inmediato. Abruman. Como si pidieran auxilio ante un nuevo e inminente terremoto, esta vez artificial y demoledor, contra el que no tienen resistencia. Tal vez en sus últimas semanas de vida, la casa sin embargo se muestra íntegra, casi arrogante, como desafiando esa muerte anunciada por su propietario.
Actualmente el inmueble pertenecería al Dr. Juan Manzur, actual ministro de Salud de la Nación, quien lo habría adquirido junto a otra inversión hace algunos años. Cabe recordar que el ministro está casado con una sanjuanina de apellido Mattar y asiste con frecuencia a la provincial.
Las versiones indican que el funcionario habría decidido demoler la casona histórica para construir moderno edificio. Defensores del Patrimonio cultural y del escaso patrimonio arquitectónico previo al terremoto de 1944 consideran que una campaña de información podría preservar para futuras generaciones el encanto de este “túnel del tiempo”, si intervinieran la Secretaría de Cultura y la Dirección de Patrimonio Provincial.