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Informe especial: Las rutas de la trata de personas en San Juan

De la veintena de testigos-víctimas que se descubrieron en la primera investigación por trata de personas en la provincia, al menos 14 eran extranjeras. Cómo las captaron; cómo las trasladaron desde Colombia, Brasil y Mendoza hasta Media Agua, Jáchal y Chimbas, donde las explotaban sexualmente; cómo vivían en esos lugares. Tiempo de San Juan muestra por dentro una realidad macabra que parecía de otro mundo y estaba a la vista de todos. Por Gustavo Martínez.
sábado, 19 de mayo de 2012 · 09:10


Por Gustavo Martínez
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com
A una chica colombiana de buena estatura, morena, labios gruesos, de buen busto y cola pronunciada, que apenas había terminado el nivel primario y provenía de una familia con escasos recursos económicos, le ofrecieron trabajar de cocinera en un restaurante de Chile. La chica aceptó, sin saber que iba a terminar prostituyéndose en un lugar llamado Las Bóvedas, en un pueblo llamado Jáchal, donde ni siquiera le permitían salir del predio al que le llevaban la comida, le daban una habitación –donde ejercía la prostitución- y le proveían hasta las inyecciones abortivas y para la desinflamación de la vagina. Para llegar a esta situación la chica colombiana pasó por varias manos y una red de mentes macabras que transformaron su sueño de un mundo mejor en un verdadero infierno.
Pero la de la chica colombiana es sólo una de las historias que salieron a luz con la primera mega investigación que se realizó en la provincia por trata de personas, a cargo del juez federal Leopoldo Rago Gallo, con la secretaría penal de Paula Carena, que arrojó un saldo de 16 procesados, siete de ellos con prisión preventiva.
De la veintena de testigos-víctimas que tomaron de los 16 allanamientos, descubrieron que habían dos rutas internacionales por la que terminaron llegando a la provincia 14 extranjeras: 6 brasileras, 5 colombianas, 2 paraguayas y 1 dominicana. También había 2 mendocinas. Además, entre ellas, también había una sanjuanina menor de edad, de 17 años. A estos casos se agregan el testimonio de muchas sanjuaninas que también eran sometidas.
Cada una de estas historias reúne las condiciones establecidas para la figura de la trata de personas. Jurídicamente está establecido que en ese ámbito delictivo, la persona es considerada como objeto o mercadería y transformada en un bien de intercambio, lucro, rédito o ganancia. Se comete un menoscabo a su libertad, de manera indirecta o velada, infundiéndoles miedo, ya sea con la amenaza de un mal, gritos, violencia o dando apariencia de poder, de impunidad.
Largo camino
El caso de la chica colombiana que quería ser cocinera es un reflejo de ese cuadro. Según consta en la investigación judicial, ella llegó a Mendoza contactada por un colombiano que vivía en esa provincia. Allí la esperó un sujeto que la hospedó y cubrió sus gastos para trasladarla a Chile. Pero, al momento de llegar a la aduana, todo empezó a complicarse: en ese momento el contacto que tenía desapareció y en la aduana no le permitieron ingresar a Chile porque le faltaba algunos papeles.
Sin dinero y sin ningún conocido, la chica colombiana tuvo que hacer dedo y recurrir a los camioneros para volver hasta la Terminal de Mendoza. Allí quedó varada. Sin dinero para poder comer. Allí es cuando empiezan a aparecer los delincuentes que se muestran como “los buenos” de la historia. En el caso de la chica colombiana, fue un sujeto muy bien vestido, que le ofreció trabajar “en un hotel” que estaba ubicado en un lugar llamado Jáchal. La subieron en el micro y en Jáchal la esperó otro colombiano. Lejos de ser un hotel, el lugar era una whiskería ilegal llamada Las Bóvedas, en las afueras de la Villa San José, la cabecera de Jáchal. Allí le ofrecieron una forma de hacer dinero rápido: invitar a los clientes a tomar una copa por 20 pesos. Y luego hacer un “pase” por 100 pesos para tener sexo en un lapso de 15 a 20 minutos.
Se supone que el 50 por ciento del dinero era para ella, pero siempre el que manejaba el dinero era el colombiano que la recibió en la terminal de Jáchal, quien manejaba la caja de la whiskería. Pero nunca le dio su parte: ella era la que siempre le debía dinero por el hospedaje –la hacía dormir en la misma habitación que tenía sexo con sus clientes-, por la comida, por la atención médica y las inyecciones abortivas y para la desinflamación de la vagina. Así, sin imaginarlo, la chica colombiana que quería ser cocinera terminó cautiva en ese lugar, donde no le permitían salir por sí sola bajo ningún motivo. Y, cuando lo hacía, iba siempre acompañada por uno de los 6 hombres y mujeres que manejaban ese lugar.
Otra chica colombiana que pasó exactamente por el mismo camino que la anterior, fue captada de otra forma, también en la Terminal de Mendoza. Allí apareció un compatriota suyo, un colombiano “amigable” que la invitó a visitar una especie de “casa del inmigrante” que funciona en un hostel. Allí le dieron alojamiento, comida y armaban bailes y fiestas.  El colombiano la enamoró y le terminó “consiguiendo un trabajo” para que juntara dinero y pudiera volverse a su país: en una whiskería de Media Agua, llamada Olev. Al igual que el caso anterior, allí hacía de copera y hacía “pases” con los clientes que se lo pedían.
Otras rutas
Las chicas colombianas y dominicanas llegaron por una de las rutas descubiertas por la justicia. La otra es la que reclutaba chicas de Brasil y Paraguay, vía Triple Frontera hasta Mendoza. En la justicia explican que esa vía está más combatida desde Santa Fe por la Gendarmería.
El caso de las extranjeras no es la única forma de reclutar chicas. La justicia descubrió también el caso de mendocinas que llegaron hasta un prostíbulo ubicado en Chimbas, llamado La Luz Verde, en el cual funcionaba un “sistema de plazas”. Allí las chicas hacían de coperas y debían someterse sexualmente a cambio de un lugar para dormir –el mismo donde vivían- y por la comida.
El otro sistema fue descubierto en la Capital: un matrimonio le alquilaban habitaciones y departamentos a las chicas mediante subcontratos, así ellos no figuraban, y allí las chicas ejercían la prostitución para poder pagar el alquiler y crear así un modo de vida. El matrimonio vivía gracias al trabajo sexual de las chicas.
La historia de la única menor hallada en ese procedimiento, una chica de 17 años que tiene un bebe, no es menos escabroso: esa ruta de la trata fue descubierta en Media Agua y la chica fue reclutada por un remisero que la invitó a la whiskería Olev para “divertirse”. Allí le propusieron una forma fácil de hacer dinero: como copera. Pero al poco tiempo le siguió otro pedido: el de los “pases” por sexo con los clientes a cambio de dinero. Pero ella nunca manejaba ese dinero, lo hacía el regente del lugar, quien la amenazaba con que si dejaba de cobrar esas sumas nunca iba a poder darle un futuro mejor a su hijito.
Todos estos mecanismos permitieron que chicas extranjeras, de otras provincias y sanjuaninas quedaran sometidas a un infierno del que no veían cómo escapar.

Cuatro conceptos claves

1- Trata de seres humanos. Es cuando hay captación, transporte o traslado –ya sea dentro del país, desde o hacia el exterior-, la acogida o la recepción de personas mayores o menores de 18 años, con fines de explotación, cuando mediare engaño, fraude, violencia, amenaza o cualquier medio de intimidación o coerción, abuso de autoridad o de una situación de vulnerabilidad, concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre la víctima, aún cuando existiere asentimiento de ésta. En el caso de los menores de 18 años, no hace falta que exista engaño, violencia o fraude al momento que una persona tenga autoridad sobre la víctima.

2- Explotación sexual. Es cuando una persona promueve, facilita, desarrolla u obtiene provecho de cualquier forma de comercio sexual.

3- No punible. Las víctimas de la trata de personas no son punibles por la comisión de cualquier delito que sea el resultado directo de haber sido objeto de trata.

4- Inmigrantes. Tampoco les serán aplicables las sanciones o impedimentos establecidos en la legislación migratoria cuando las infracciones sean consecuencia de la actividad desplegada durante le comisión del ilícito que las damnificara.


Las penas

El delito de trata de personas está penado con prisión de 3 a 6 años. Y, si es agravado, de 4 a 10 años. Se agrava cuando hay menores de 18 años involucrados, cuando hay más de 3 personas organizadas para cometer el delito o cuando hay más de tres víctimas.
Mientras que la explotación sexual está penada con prisión de 3 a 6 años.


“El cartel de la prostitución siempre tapó este mundo complejo y triste”

“Hubo que trabajar con psicólogos para tratar a las víctimas que muchas veces no entendían a qué estaban siendo sometidas. Hubo que hacerles entender que las víctimas eran ellas, que no se las perseguía. El cartel de la prostitución siempre tapó este mundo complejo y triste de la trata de personas”, explicó a Tiempo de San Juan el juez federal Leopoldo Rago Gallo.
El juez Rago informó que “es un delito complejo de investigar, hay que darle un trato distinto por las características del delito y la problemática de la víctima, que son personas vulnerables, con una situación económica muy frágil, lo que permitió ser captadas por estos tipos”.
Desde febrero, policías de la Federal y personal de Gendarmería –todos ajenos a la provincia- trabajaron encubiertos visitando como particulares las whiskerías, prostíbulos o lugares privados donde se ejercía la trata de personas y la prostitución.
Además, durante los allanamientos y las testimoniales, hubo un equipo de psicólogos de otras provincias que asistieron permanentemente a las víctimas, las que luego fueron asistidas en refugios del ministerio de Desarrollo Humano.

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