Ivana Almazán recuerda así la primera vez que vio a su hija Anita quien nació a las 26 semanas de gestación y con tan sólo 715 gramos. En la Semana del Prematuro su testimonio es una cuota de esperanza.
En el marco de la Semana del Prematuro que se desarrolla con actividades en todo el país el ministerio de Salud difundió una serie de testimonios de madres de bebés prematuros para concientizar y llevar alivio a quienes atraviesan por la misma situación.
Esta es el testimonio de Ivana Almazán
Después de una vida casi hecha y cerca de cumplir los 40, Ivana Almazán, madre de tres hijos adolescentes de 19, 17 y 15, años, nunca se imaginó que Dios le enviaría un angelito que le enseñaría el valor de luchar por la vida.
Desde el primer momento la mamá sabía que era un embarazo de riesgo, sin embargo nunca bajó los brazos y decidió cuidarse lo más que pudo, pero el destino quiso otra cosa. Con tan sólo 26 semanas y 715 gramos nació Anita, justo al día siguiente de haberse inaugurado la sala de maternidad del Nuevo Hospital Rawson.
“Cuando la fuimos a ver nunca imaginamos que fuera tan pequeña y su piel tan de color extraño, tan transparente, se le veían todas las venitas” Ese momento fue el más duro que le tocó vivir a Ivana y su familia, pero también fue esperanzador. “Dios nos tiene preparados a cada uno una misión y yo creo que la misión de Anita fue darnos esperanza de luchar, de luchar por ella. Uno piensa en las veces que la acompañamos todos los días mientras estuvo en neonatología, pero en realidad era ella quien nos daba las ganas de venir a verla y a acompañarla…”
Las visitas en el área que se encontraba la pequeña eran un poco restringidas por el cuidado que merecen los niños de estas características. La mamá ingresaba por primera vez a las 8 para dejarle la leche. Luego lo hacía cada 3 horas por una hora hasta las 21.
Ivana aprovechaba la hora que tenía con su hijita para acariciarla y contarle todo lo que pasaba en el mundo exterior. También para recordarle que “sus flores la estaban esperando”, y es que cuando ella se encontraba en la pancita de mamá, juntas plantaron unas flores naranjas que florecieron con su nacimiento.
Hoy con 2 años y medio, Anita es la niña de la casa, que debe ser cuidada aún más por supuesto, pero que lo mismo es una nena normal. La mamá, el papá o cualquier miembro de la familia de un prematuro no debe tener miedo a esto, pues hay diversos programas que los ayudarán, simplemente no tienen que bajar los brazos y verán cómo el momento de espera afuera de la sala de neonatología se transformará en ver el brillito de los ojos de su hijo o hija cuando ande en bici, cuando diga su primera palabra o cuando juegue con su perrito.
Recuerden que para lograr esto los controles de los bebés deben ser periódicos, por lo menos hasta los 3 años.