Día de la Inmaculada Concepción

Historias mínimas, fe enorme

Una intensa lluvia puso a prueba la fe de los fieles que todos los años mantienen la tradición de acompañar en procesión durante la madrugada del 8 de diciembre a la imagen de la Virgen María, desde el Colegio Santa Rosa hasta la iglesia de Concpeción. Tiempo de San Juan rescató algunas de las historias de los cientos de sanjuaninos que soportaron estoicamente el aguacero y participaron de la primera misa en el día que el catolicismo dedicó para reafirmar que la Madre de Jesús nació libre de pecado.
domingo, 11 de diciembre de 2011 · 14:37

Una intensa lluvia puso a prueba la fe de los fieles que todos los años mantienen la tradición de acompañar en procesión durante la madrugada del 8 de diciembre a la imagen de la Virgen María, desde el Colegio Santa Rosa hasta la iglesia de Concpeción. Tiempo de San Juan rescató algunas de las historias de los cientos de sanjuaninos que soportaron estoicamente el aguacero y participaron de la primera misa en el día que el catolicismo dedicó para reafirmar que la Madre de Jesús nació libre de pecado.

“Estamos incorporando más fieles”
Desde hace años, todos los 8 de diciembre, la familia Picón asiste a la peregrinación del día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Y este año no fue la excepción, a pesar de que el cielo prometía lluvia y así se cumplió.

Emilia y Carla Picón caminaban por la vereda este de la avenida Rioja, empujando con esfuerzo sus carritos de bebés. Allí transportaban a Camila, de 2 meses, y Abril, de 2 años. Atrás las acompañaban sus padres y uno de sus hermanos.
“Siempre venimos y le pedimos a la Virgen María lo mismo: salud para toda la familia”, comentó Emilia, mientras daba trancos largos para achicar el tiempo de recorrido hacia la iglesia de Concepción y evitar la lluvia.

“Somos muy agradecidos de la Virgen. Todos los años venimos con la familia por tradición y por agradecimiento”, agregó Emilia.

“Todos los 8 me paso toda la noche en la capilla”
Liliana Pinto tiene 23 años y es una de las voluntarias que participaron del cordón que separaba a los fieles de la camioneta que transportaba la imagen de la Inmaculada Concepción. Al grito de ¡Viva la Virgen!, se mostraba emocionada hasta las lágrimas.

“Desde hace 8 años que todos los 8 de diciembre me paso toda la noche en la capilla colaborando en lo que haga falta en la organización para la peregrinación y la misa. Es una forma de demostrarle a la Virgen María la fe que le tengo”, comentó la joven, mientras caminaba armando un cordón humano tomada de la mano junto a otros jóvenes voluntarios.

Pero sus ojos, atrás de los vidrios de sus lentes, demostraban una profunda emoción que no se vio minimizada por la lluvia, ya que siguió empapada acompañando a la Virgen hasta que entró a la iglesia.


“Vengo a pedirle por mi cuñada que tiene cáncer”
María Angélica Ripoll llegó a Concepción desde Pocito acompañada de sus dos hijas, una foto con la imagen de la Inmaculada Concepción y flores para agradecerle a la Virgen. Pero también este año le traía un pedido muy especial: “Vengo a pedirle por cuñada, Teresita de Jesús, que tiene cáncer”, comentó la mujer.

María Angélica estaba acompañada de Soledad Milagros y Ayelén Camila, sus dos hijas, y las tres no mostraron ninguna dificultad en seguir peregrinando por las calles del Pueblo Viejo bajo una intensa lluvia.

“Las flores tienen energía positiva y a la Virgen le gustan las flores, así es que por eso las traigo. Siempre se las dejo como una ofrenda al terminar la misa”, comentó la mujer, mientras salía al encuentro de su marido, quien fue a buscarla en una moto para retornar a su casa cuando comenzó a aclarar el día.


“Tengo una promesa para poder ser mamá”
La confesión es de Mariela Martín, una empleada de comercio que tiene 38 años y no pudo tener un hijo. Y la hizo abajo del techo de un hall de entrada de una de las casas de la avenida Rioja por la que pasaba la procesión, mientras esperaba que la lluvia bajara su intensidad.

“Tengo una promesa a la Inmaculada Concepción para poder ser mamá. Estoy en tratamiento médico y hace cinco años que pido lo mismo. Vamos a ver si ahora resulta”, comentó Mariela, mientras sostenía en sus manos una flor amarilla envuelta en papel celofán. “Dicen que ese color es el que hay que traerle a la Virgen para pedir poder ser mamá”, comentó Mariela.

Esta comerciante había ido a la procesión acompañada de un grupo de vecinas, quienes asentían en su comentario como si también ellas participaran del pedido de Mariela a la Inmaculada Concepción de poder ser mamá.
 

“Le agradecemos a la Virgen desde que éramos novios”
Omar y Lorena Sisterna participan de la procesión para el día de la Inmaculada Concepción desde hace 15 años. “No lo hacemos en forma ininterrumpida, pero hacemos lo imposible por venir todos los años. Lo hacemos desde que éramos novios y venimos para agradecerle a la Virgen por todo lo que nos da todos los días”, comentó Omar, quien se gana la vida como chofer de larga distancia.

Omar y Lorena son padres de cinco hijos que tienen de 1 a 13 años. Tres de ellos los acompañaban en la procesión. Y ya les fueron inculcando de qué se trata la fe: es que los chicos intentaron ser tapados con camperas y protegidos en un carrito, pero igual sufrieron el aguacero y quedaron empapados. Pero lejos de estar molestos, vivieron el momento con alegría.

“Me siento muy bien de haber colaborado”
Vicente Hugo Silva tiene 93 años y se autodefine como “el vecino más viejo del barrio”, en ese tramo de la avenida Rioja, en Concepción. Don Vicente es devoto de la Inmaculada Concepción y el jueves se levantó de madrugada para ver pasar la procesión, ya que ahora no puede participar porque necesita de un bastón para poder caminar.

Sin embargo, tuvo una participación especial en esta procesión: abrió las puertas de su casa de par en par para que los fieles no se mojaran ante la lluvia. Y su actitud le fue muy agradecida por los fieles. “Me siento muy bien de haber colaborado”, dijo don Vicente. Y agregó que “lástima que la casa no es más grande para que hubiera cabido más gente”.

Como su familia también es devota de la Inmaculada Concepción, su mujer, de 90 años, se levantó de madrugada y directamente se fue a la iglesia para asegurarse un lugar para la misa.

Vicente está jubilado y trabajó durante 27 años en la bodega Gualino y Escolar. “Tenía problemas en un oído y un bocinazo de un camión aquí en la calle me terminó dejando sordo”, comentó el abuelo que se ganó el cariño de muchos sanjuaninos.

Comentarios