El análisis del día

Una de Intrusos en el Bicentenario

Amenaza de piñas como en el barrio, renuncias como en el baile del caño y hasta un habitante de esos shows televisivos. Pero atención que es peligroso: los hinchas después rompen todo.
lunes, 31 de octubre de 2011 · 19:14

Por Sebastián Saharrea

Lo único que faltaba era Jorgito Rial. O la Canosa, cuestión de gustos. La zona de vestuarios del estadio del Bicentenario parecía el sábado pasado, apenas consumado el lapidario 3 a 0 de Desamparados sobre Independiente Rivadavia, un escenario digno de estos espectáculos que ahora monopolizan el rating.

Cogote Dillon, mendocino radicado en San Juan y luego prestado a su provincia natal para dirigir a la Lepra, gritaba furioso contra lo que se le cruzara. Apuntaba al árbitro como quien apunta a la Alfano. Y disparó munición gruesa sobre su colega Bonetto, el DT de Sportivo, lugar que alguna vez ocupó: “Vivo en el barrio Altos de Natania y cuando quiera que pase así arreglamos esto como hombres. Me tiene cansado”, disparó en tono parecido a Diego cuando invitó a Sanfilippo a “Segurola y Habana”, la casa de la Tota.

Hasta estaba el Ogro, protagonista de esos livings de Rial por sus entradas y salidas con cuanta vedetonga se le puso adelante (Granata, Vanucci, las Pombo, y siguen las firmas): “Yo mido 1,90, así que imaginate que no me achico, pero me cagaron a patadas”. Uff, más quejas.

Mientras, los hinchas mendocinos arrasaban contra los baños del Bicentenario, como si tuvieran la culpa por alguno de los goles. Y nadie reflexiona sobre el fondo: cuánto se hace desde la dirigencia para estimular este estúpido cruce entre Mendoza y San Juan.

Estos muchachos, está claro, no necesitan que nadie los empuje. Pero la violencia que baja desde arriba suele ayudar: como la de un periodista escribiendo en twitter el hashtag #guerraconsanjuan, el gobernador electo mendocino acusando al sanjuanino de vende humo o su vice hablando de minas feas con minifaldas. Después ellos van, y rompen.

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