El vértice que une a Capital con Rivadavia guarda más que un incesante flujo de autos. Allí, donde se cruzan la avenida Ignacio de la Roza y la calle Hipólito Yrigoyen, sobrevive un rincón que respira historia. Se trata de la Esquina Colorada.
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SUSCRIBITEPunto neurálgico del Gran San Juan, esta intersección que une Capital con Rivadavia guarda un pasado que nace en el siglo XIX, cuando los federales dejaron allí su impronta roja y comenzaron a escribir la leyenda de La Esquina Colorada. Fotos y video: Gabriel Iturrieta.
El vértice que une a Capital con Rivadavia guarda más que un incesante flujo de autos. Allí, donde se cruzan la avenida Ignacio de la Roza y la calle Hipólito Yrigoyen, sobrevive un rincón que respira historia. Se trata de la Esquina Colorada.
Para entender su nombre hay que retroceder al siglo XIX. En aquellos años, perseguidos por los unitarios, los federales encontraron refugio en ese cruce. Su presencia no pasaba inadvertida.
Los transeúntes quedaban sorprendidos por el rojo punzó de sus uniformes, un color que terminaría marcando a fuego la identidad del lugar. Con el tiempo, aquel punto del camino empezó a ser llamado “la esquina de los colorados”, denominación que, simplificada, llegó hasta nuestros días.
Hoy, el paisaje es distinto, aunque la memoria persiste en detalles que resisten al paso de las décadas. Dos de sus esquinas están ocupadas por estaciones de servicio; en otra, avanza un proyecto inmobiliario. Y en la cuarta, donde antaño se alzaba una casona, que en sus últimos años albergó consultorios odontológicos, ahora funciona una playa de estacionamiento. Sobre los muros que delimitan ese predio, los murales cuentan lo que los edificios borraron: la historia de los federales, el pulso de la estación Wilkinson y el recuerdo del tren que pasaba a pocas cuadras.
Convertida en referencia inevitable para quienes circulan por el Gran San Juan, La Esquina Colorada no es solo una intersección de tránsito intenso. Es un punto donde confluyen pasado y presente, donde las huellas de la historia aún se asoman entre los ruidos de la ciudad, invitando a detenerse un instante y mirar con otros ojos el lugar que tantas veces cruzamos sin advertir todo lo que guarda.

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