Una finca enmarcada por el Pie de Palo con quincho, pileta y recorrido por los parrales para aprender
Héctor Hugo Crescentino Quiroga es un libro abierto. A sus 74 años, recibe a sanjuaninos y turistas en su finca de Caucete con un fin: compartir experiencias.
El paisaje manda. Los parrales se ordenan prolijos, verdes y vivos, y detrás, como si fuera un telón natural, se alza el cerro Pie de Palo, imponente, silencioso y siempre presente. No es una postal armada: es el escenario cotidiano de Ecohumus, una pequeña finca escuela ubicada en Caucete donde la tierra, la historia familiar y el aprendizaje conviven en equilibrio. Tiempo de San Juan llegó hasta el lugar para recorrerlo y mostrar una nueva opción para esta temporada de verano en la provincia.
El anfitrión es Héctor Hugo Crescentino Quiroga, 74 años, voz entusiasmada y una vida fértil y llena de experiencias. Habla y enseña al mismo tiempo. Cada frase trae una anécdota, una idea, una filosofía. “La tierra que hoy poseés no es tuya porque la heredaste de tus padres, sino porque te la prestan tus hijos”, dice, y esa premisa atraviesa todo el emprendimiento. La finca pertenece a la familia Quiroga desde hace generaciones y hoy está formalmente en manos de sus hijos, aunque es él quien la trabaja y la habita, con la mirada puesta en quienes vendrán después.
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Ecohumus es una finca chica, de ocho hectáreas (seis de ellas con parrales), pero con una historia grande. Donde antes había apenas un par de viñedos, desde mediados de los años 80 comenzó un camino pionero hacia la producción orgánica. Héctor Hugo fue parte del primer grupo de productores que apostó por ese modelo en San Juan y, en 1991, la finca logró la certificación orgánica, con una idea clara: producir cuidando al máximo la naturaleza.
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Hoy, el recorrido por el lugar es también una clase a cielo abierto. Hay uva Cereza destinada al consumo fresco y al mosto orgánico que se comercializa a través de una bodega; uva Flame que se deshidrata en forma natural, sobre el piso, para la producción de pasas; y un pequeño parral de Red Globe para mesa. Todo se explica, todo se muestra, todo se aprende caminando entre las plantas.
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La experiencia se completa con tecnología aplicada al campo. En la finca funciona una estación meteorológica del INTA y un sistema de sensores que miden temperatura, humedad y otros factores clave para optimizar el uso del agua. El riego, por manga, está diseñado para aprovechar cada gota. Producción, cuidado ambiental y conocimiento científico conviven sin estridencias.
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Pero Ecohumus no es solo vitivinicultura. Es también encuentro. Durante años funcionó como granja educativa y recibió a escuelas de toda la provincia. Hoy, además, es un punto de intercambio cultural: llegan voluntarios de Francia a través del programa Wwoof, jóvenes que trabajan algunas horas en la finca a cambio de alojamiento y comida, y se llevan una experiencia profunda de la vida rural sanjuanina. “Cultivamos amistad”, resume Héctor. Sumado a eso, puede ser recorrida por turistas y familias sanjuaninas, quienes pueden disfrutar el salón con quincho, pileta y espacio verde, para celebrar la naturaleza y la vida.
Embed - Ecohumus, la finca caucetera en la se puede festejar y aprender
Las claves para conocer y disfrutar la finca
Para quienes buscan pasar un día distinto, el lugar ofrece quincho, salón, pileta y amplios espacios verdes. Se puede recorrer los parrales, aprender sobre producción orgánica, hacer un asado y descansar con la montaña de fondo. La capacidad es de hasta 35 personas y, con organización previa, el predio incluso ha sido escenario de celebraciones y casamientos.
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El costado servicio es claro: el valor para disfrutar del día completo, con todas las comodidades básicas —baños, heladeras, mesas y sillas— es de $120.000 para grupos de hasta 30 personas, con posibilidad de acordar precios para grupos más chicos. Instituciones educativas y tecnológicas realizan prácticas sin costo, en un intercambio donde todos aprenden.
Ecohumus está a solo 22 kilómetros de la Capital. Se llega por Ruta 20, tomando calle San Isidro Labrador, a unos 800 metros al norte. El contacto es directo, sin intermediarios: basta con llamar al 264-5063219 y acordar la visita.
Como si faltara algo, Héctor Hugo también está armando un pequeño museo. Herramientas antiguas de finca, herrería y carpintería empiezan a ocupar su lugar, contando cómo se trabajaba la tierra y los oficios hace décadas. Otro modo de enseñar, esta vez mirando hacia atrás.