Por completa casualidad, un trabajador sanjuanino se topó hace tres años con una lujosa antigüedad protegida por un enorme galpón de chapa, en medio de una finca de Pocito. Se trataba de un coche de tren equipado con muebles de madera torneada y suntuosos detalles que, a primera vista, le hicieron pensar en el Titanic. Sorprendido, pidió permiso y tomó algunas fotos que guardó durante mucho tiempo. Hace unos días, recordó aquel episodio y decidió compartir en el cuenta de Facebook "San Juan antiguo" su hallazgo. De inmediato, comenzaron a aparecer todo tipo de especulaciones sobre su presencia en aquel lugar. Pero, ¿qué se puede saber sobre aquel coche?
“Yo llegué a aquella finca de Pocito ubicada sobre calle Mendoza por cuestiones de trabajo. Cuando estaba en su interior, me llamó la atención el galpón ubicado muy cerca de una antigua bodega. Fue entonces, que pedí autorización para ingresar y saqué las fotos”, contó Cristian Santiago a Tiempo de San Juan.
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Los descendientes de la familia construyeron un galpón alrededor del coche para protegerlo.
Y agregó: “Me dijeron que ese vagón había pertenecido a los dueños de la finca y la bodega que llevaba de nombre el apellido de la familia, Larrínaga. Que el dueño del vagón había sido Ventura Larrínaga, quien además de vitivinicultor y bodeguero había llegado a ser ministro. Él falleció y las últimas personas a cargo de aquel lugar fueron sus descendientes, cuatro hermanas mujeres”.
Fueron los distintos miembros de la familia quienes a lo largo de los años se encargaron de proteger aquel coche que se terminó transformando en reliquia. De hecho, ellos decidieron levantar un galón de chapa en torno a él para evitar que el Sol y el viento lo afectaran. Incluso, cambiaron el tapizado rojo que originalmente tenía el sillón por uno nuevo, de color verde, para mejorar su estado.
Pero hace dos años, las dueñas del lugar vendieron las tierras con el vagón en su interior. Ahora, consultados sobre la situación actual del coche, fuentes de la zona dijeron a este diario que, “todo se perdió”. Según contaron, hace unos 7 u 8 meses el lugar comenzó a ser desvalijado por delincuentes que ingresaron por los fondos y se llevaron distintos elementos.
“Yo siempre había visto ese vagón y siempre había estado muy cuidado. Pero ahora no quedó prácticamente nada. El nuevo daño mandó a cerrar todo y además tuvo que instalar medidas de seguridad para evitar nuevos daños en el finca”, comentaron.
¿Qué se puede saber sobre aquel coche del tren?
Si bien tanto los nuevos dueños de la finca como las dueñas anteriores prefieren mantener en reserva la historia de aquella reliquia, Tiempo de San Juan consultó al especialista sanjuanino en trenes Gustavo Trigo, quien reveló algunos detalles que dedujo sobre la historia del coche luego de ver las fotos.
“Vi las imágenes y me llamaron mucho la atención. Lo ideal sería poder ver el coche porque siempre, tanto los coches como los vagones de carga, tienen una chapa con los datos del fabricante y el año en que se hicieron. No me atrevería a decir una fecha, pero por las fotos calculo que se puede tratar de un coche fabricado entre las décadas de 1930 y 1940”, indicó Trigo. Al tiempo que, sostuvo, “hay que tener en cuenta que se trata de propiedad privada, no del Estado. Todos estos elementos se podían comprar, sólo bastaba con tener en el dinero”.
Para continuar, detalló que, “teniendo en cuenta que antes en San Juan se movía mucha más uva y había muchas más bodegas, deduzco que esta familia tenía el poder económico para tener su propio coche. De hecho, por esa finca pasaban las vías del tren porque en las bodegas había un pequeño desvío que permitía el ingreso para que se dejaran los vagones que transportaban el vino. Muchas bodegas tenían el acceso del ferrocarril. Mientras que, las familias que tenían un coche propio sólo debían coordinar con el servicio de pasajeros en qué momento iban a viajar. Entonces, un día antes llevaban el coche a la estación para que se realizara el enganche y lo abordaban en el horario en que salía el viaje”.
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Los coches privados contaban con diversas comodidades que no había en el resto de los espacios del tren.
Para finalizar, confió que, “todos estos elementos son importantes porque dan testimonio de lo que fue San Juan, de cómo se vivía en otra época, de cómo funcionaba la industria. Es una pena que se pierdan”.