Tinta, identidad y resiliencia: la historia de Sheik y su apuesta a la autogestión
El joven de 26 años dedica su vida a su pasión: el tattoo. Su trayectoria profesional viene del campo de las artes visuales y ahora invierte su tiempo en su propio estudio.
Sheik en su estudio ubicado en pleno centro. Trabaja junto a un equipo de tatuadores en el negocio.
En la vida no hay nada más valiente que seguir el camino propio y encontrar la plenitud en el trabajo diario. Esto es lo que Sheik Janavel muestra día a día con su emprendimiento Kintaro Tattoo Estudio, dedicado precisamente a la confección de tatuajes, donde desarrolla su talento en artes visuales volcando su creatividad en la piel de sus clientes. Cuenta con un local en pleno centro y lo que empezó siendo un hobby, hoy es su sostén económico. En el marco del Día de la Visibilidad Trans que se conmemora el 31 de marzo, la historia del joven inspira a nuevas generaciones, aunque reconoce las dificultades sociales que afronta la comunidad en San Juan.
Sheik es un varón trans que tiene actualmente 26 años y arrancó en el mundo de los tatuajes en 2019, pero recién años más tarde pudo tener su negocio propio. “En un momento me empezó a ir bastante bien, me alquilé una casita y empecé a tener mi espacio ahí; después trabajé en otros estudios”, contó.
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El joven encontró su pasión en el mundo del tattoo.
Su pasión por el rubro tuvo su arranque como un simple usuario de tatuajes, le llamaba la atención y empezó a enfocarse en capacitaciones o seminarios sobre la actividad. A esto se suma su amor por las artes plásticas y visuales. Sheik, además de ser tatuador, también es artista plástico y profesor de artes visuales, con una fuerte vinculación a la pintura, el dibujo y el cosplay. De hecho, contó que su familia tiene una florería y un taller donde se dedicaba a realizar creaciones ligadas al dibujo, algo que lo marcó en su vida, y cursó su secundario en la Escuela Polivalente de Arte. "Más adelante, durante mi adolescencia, me interesé por el cosplay. Me gustaba como una forma de crear mis propios trajes; era muy divertido para mí, tanto por el proceso artístico como por el hecho de caracterizar a un personaje", expresó.
Para Sheik, hacerle un tatuaje a una persona es una gran responsabilidad, debido a que es una huella que llevará por el resto de su vida y, además, supone dejar su impronta artística en la piel del otro. "Es reloco porque, después de mucho tiempo, pasan cosas así... El otro día vino una chica que se había tatuado conmigo hace ocho años. Es increíble dejar una marca tuya para siempre”.
"En realidad tiene su ciencia y desde muchos lados. Tenés que aprender bioseguridad y saber de dibujo; pero no solo saber dibujar, sino lograr que el diseño se adapte anatómicamente al cuerpo. Tiene muchas reglas", continuó el emprendedor.
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Sheik es dibujante y artista visual.
Destacó que cada diseñador está especializado en un estilo diferente, dependiendo de los gustos de cada uno. Algunos se dedican al realismo, otros a trazar símbolos o realizar animé, etc. “Hago cosas como góticas, con muchas texturas, detalles y delicadas… A veces me dicen: 'Me quedó el tatuaje muy grueso'. Y claro, el problema es que se tatuaron con alguien que maneja un estilo totalmente distinto", dijo.
Respecto a su identidad de género, Sheik comentó que desde chico sentía que su identidad era distinta al género asignado socialmente y comenzó a transicionar recién a los 19 años. Al principio a su familia le costó aceptarlo, pero después pudieron entenderlo. Incluso, Sheik indicó que lo llevaron a un psicólogo para analizar su situación y, precisamente, el especialista hizo comprender a sus padres que no podían ir en contra de los sentimientos de su hijo. "Me mandaron a una psicóloga que se especializaba en género y diversidad. Después, mi mamá también tuvo que ir a su psicólogo para poder transitar su propio proceso, mientras yo me iba sintiendo mucho mejor".
"Mirando atrás, me doy cuenta de todo el tiempo que pasó desde mi transición. Sinceramente, mi calidad de vida y mi autoestima dieron un salto enorme. Ese sentimiento de seguridad personal influyó en todo: en como me relaciono con los demás y en mi arte, porque cuando dejás de sentirte incómodo, tu capacidad creativa se potencia", siguió.
En relación a la situación que vive la comunidad trans en San Juan, señaló que aún persisten muchos prejuicios y desconocimiento sobre la temática, aunque destaca que no vive situaciones diarias de discriminación. "Es increíble, pero hay gente que prefiere lidiar con la mirada crítica de afuera antes que dejar de ser auténtica. Vivir solo para complacer a los demás o vestirse según lo que otros esperan es desgastante. Al final, que no te importe el juicio ajeno es lo que te da calidad de vida; eso es respetarse a uno mismo".
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Para Sheik realizar un tatuaje conlleva una gran responsabilidad, ya que permanecerá en la piel de sus clientes durante toda su vida.
Si bien nota avances en las nuevas generaciones, todavía considera que hay desafíos por delante. En este sentido, destacó que las personas trans deben soportar discursos de odio en redes sociales que terminan afectándolas. Por otra parte, resaltó la necesidad de implementar una legislación de cupo laboral trans para garantizar el derecho al trabajo. Dijo que “la gente cree que vivimos del Estado” y, en el caso de las mujeres trans, contó que "terminan en el trabajo sexual porque no pueden conseguir un puesto laboral”.
El camino transitado por Sheik marca una huella para las futuras generaciones y también muestra cómo, a partir de la perseverancia y el esfuerzo, se puede vivir de lo que más se ama, sin importar las habladurías del mundo. No obstante, reconoce que quedan deudas irresueltas de la sociedad hacia la comunidad trans y remarca la importancia de ser uno mismo para poder desenvolverse en la vida.
31 de marzo: Día Internacional de la Visibilidad Trans
Desde el 2009 y por iniciativa de Rachel Crandall, co-fundadora de la organización Transgénero Michigan, se estableció el 31 de marzo como el Día Internacional de la Visibilidad Trans para reflexionar sobre las condiciones de vida y los derechos de la comunidad en el mundo.
Las personas trans han ido ganando lugares a fuerza de lucha y organización, pero aún son discriminados sin poder acceder a derechos básicos como la salud y el trabajo.
Con un promedio de vida de 35 años, muy por debajo de la expectativa de vida del resto de la población, y estimando que entre un 80 y 90% viven en situación de prostitución como única salida ante las dificultades de acceso a empleo.
En Argentina las personas trans han conquistado distintas leyes como la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género y el Cupo Laboral Trans. Pero existe una brecha entre lo que se ha reconocido y la realidad material que viven a diario.