En la casa de la familia Zaragoza hay una regla no escrita pero muy clara: si aparece Bichi, todo se detiene.
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SUSCRIBITEVive en Rawson, tiene 8 años, pasea por las fincas, abre puertas, se escapa a la calle y ama que la peinen con un rastrillo. La historia de la oveja más famosa y mimada de San Juan volvió a hacerse viral.
En la casa de la familia Zaragoza hay una regla no escrita pero muy clara: si aparece Bichi, todo se detiene.
No importa si alguien está juntando hojas, limpiando el fondo o tratando de ordenar el jardín. La oveja más famosa de Rawson tiene otras prioridades y suele imponerlas sin demasiadas vueltas. De hecho, en los últimos días se volvió viral un divertido video donde se la ve disfrutando como una reina mientras la peinan con un rastrillo de plástico y recibe masajes en plena sesión de relax.
“Ese video lo subió mi esposo hace unas semanas. No nos deja juntar hojas porque hay que hacerle masajes”, cuenta entre risas Cecilia Zaragoza, acostumbrada a convivir con una mascota que hace años dejó de comportarse como oveja para convertirse, prácticamente, en un integrante más de la familia.
Y no cualquier integrante.
Porque Bichi tiene personalidad fuerte, mañas propias y hábitos bastante particulares. Sale a caminar todos los días por las fincas, patrulla el barrio, exige mimos, roba comida cuando puede y hasta aprendió a escaparse a la calle para ir a buscar sus “snacks favoritos” en las acequias.
Sí, una oveja escapista.
“Ahora tiene una nueva maña: cuando abrimos el portón se escapa porque le encanta comer unas basuritas que crecen al costado de las acequias”, relata Cecilia. El problema es que la aventura puede ser peligrosa dependiendo del tránsito y del horario, aunque por suerte el barrio entero ya conoce a la celebridad ovina.
“Los vecinos la ven y empiezan a tocar bocina. O ella espera que le cortemos unas ramas o le llevemos una manzana o zanahorias para volver”, dice.
Como toda estrella, Bichi también tiene carácter.
Durante mayo entra en celo y eso modifica bastante el humor de esta oveja sanjuanina que lleva ocho años revolucionando la vida familiar. “En esta época es común que nos quiera topar y eso no es muy agradable si te agarra desprevenido”, admite Cecilia.
Pero incluso con esas mañas, nadie imagina la casa sin ella.
La historia de Bichi comenzó en 2018, cuando Cecilia trabajaba en la Escuela Agrotécnica Los Pioneros. Allí criaban animales para la venta y la ovejita rápidamente se convirtió en la favorita de todos. Era dócil, simpática y extremadamente sociable, por lo que decidieron buscarle un destino diferente: venderla solamente como mascota.
Cecilia no dudó demasiado.
La llevó a su casa el 31 de octubre de aquel año sin imaginar que terminaría transformándose en la guardiana oficial de las fincas y en la protagonista de incontables anécdotas.
Eso sí: apenas llegó dejó claras sus intenciones.
“Apenas entró nos comió todas las rosas y todas las plantas que habíamos sembrado”, recuerda entre carcajadas. Desde entonces, el jardín familiar tuvo que reinventarse para sobrevivir a semejante máquina de podar con patas.
“Por eso ahora nuestro jardín es aéreo: tenemos macetas altas, enredaderas y plantas colgadas”, explica.
Pero aunque destrozó el paisaje original, Bichi compensó rápidamente con otros talentos. Entre ellos, el mantenimiento natural de las fincas.
Recorre parrales, limpia malezas, poda el pasto y mantiene despejado un callejón entre viñas que antes obligaba a la familia a trabajar muchísimo durante las épocas de cosecha.
Claro que la jardinería ovina también tiene límites. Las uvas y los higos están terminantemente prohibidos porque pueden hacerle mal, así que la familia debe vigilar permanentemente que no aproveche algún descuido para darse un banquete.
Y si de comida se trata, Bichi tiene fama bien ganada.
Es fanática de las manzanas, las zanahorias, las hojas tiernas y cualquier snack que encuentre a mano. Si ve a alguien comiendo una galleta, directamente activa el “modo asalto”.
“Es glotona”, resume Cecilia.
Con los años también desarrolló hábitos bastante perrunos. Persigue a los perros de la casa, juega con ellos, hace caminatas diarias y patrulla el terreno por las noches. Incluso aprendió algo que ya desespera a la familia: abrir puertas.
“Golpea cuando quiere entrar y aprendió a bajar el picaporte”, cuenta Cecilia. “Sabe que la vamos a retar, pero no le importa”.
Como si fuera poco, Bichi también tiene rutina estética.
La esquilan en septiembre y nuevamente en enero, cuando luce completamente renovada y mucho más liviana para soportar el calor sanjuanino. En invierno, como disminuye el pasto verde, complementan su alimentación con comida especial para rumiantes.
Pero probablemente lo más increíble de todo sea el vínculo afectivo que generó con la familia y con los vecinos.
Porque Bichi ya no es solamente una oveja doméstica. Es una especie de mascota comunitaria, una celebridad barrial que recibe bocinazos cariñosos, frutas de regalo y sesiones obligatorias de masajes con rastrillo.
Y aunque a veces complique la limpieza del patio, robe comida o salga corriendo hacia las acequias, en la familia Zaragoza lo tienen clarísimo: la vida sin ella sería muchísimo más aburrida.
