Hace 23 años Guillermo Peralta, montañista sanjuanino, protagonizó una de las historias de supervivencia más impactantes del país. Se perdió en abril del 2001 en el Cerro Blanco, en el departamento Zonda, y movilizó al Gobierno que en ese entonces encabezaba Alfredo Avelín, a la Dirección Provincial Aeronáutica, el Cuerpo de Bomberos, Gendarmería, el Ejército, particulares e integrantes del Club Andino Mercedario, entre otros. Guillermo apareció vivo tras 11 días desesperantes a unos 4500 metros de altura sobre el nivel del mar, en una grieta de por lo menos 15 metros de profundidad.
"Ese día era el último que lo buscábamos, yo iba por la montaña sin esperanzas, llorando, pensando que nunca más sabríamos qué pasó con él. Llamé por radio a Natacha para decirle que no estaba en condiciones de seguir, y me dijo ‘cortá, cortá, que me están llamando porque lo encontraron vivo.´ Hoy se me hiela la sangre y no me olvido más de ese momento”, contó hace un tiempo Verónica Hammar, una de las rescatistas.
El hecho conmovió fuertemente a los sanjuaninos que siguieron el rastrillaje desesperado en el que participaron cerca de 200 personas. Al rescate lo llamaron "el milagro de Semana Santa”, rescate que enciende una luz de esperanza con el caso de la joven alemana que desapareció el jueves pasado por la mañana, cuando salió sola a hacer trekking en el cerro Tres Marías.
En el caso de Peralta, él había subido junto a un amigo el cerro Santa Rosa. Pero vio el cerro Blanco Las Cuevas y dijo que quería hacer cumbre. Como su compañero prefirió no seguir, se separaron. Sin embargo, justo cuando Guillermo intentó bajar, pero cayó y se rompió el seno frontal y el tobillo. Quedó en adentro de una hendidura en el lateral del cerro.
Allí, tuvo que soportar el frío de hasta 5 grados bajo cero vestido con ropas livianas, echó mano a raíces para alimentarse, racionó unas pasas que llevaba en el bolsillo y tomó agua de nieve derretida.
Mientras, tras diez días de rastrillaje multitudinario e intenso, con tres helicópteros incluidos, la esperanza se iba apagando. Sin embargo, quedaba una esperanza. Uno de sus amigos montañistas aseguraba que en medio de las tareas, en una oportunidad, había gritado el nombre “Sebastián” y había oído un, “sí”. Fue entonces, que se formaron tres parejas de buscadores que iniciaron nuevamente la tarea por la zona indicada. Justamente allí, lo encontraron vivo.
De a poco, el equipo comenzó a hidratar a Guillermo y a abrigarlo. En tanto que, una veintena de rescatistas se las ingenió con cuerdas y una camilla, a unos 4.500 metros de altura, para lograr llevarlo hasta un punto donde lo estaba esperando el helicóptero del Gobierno de San Juan.
Con una delgadez extrema y los labios partidos, Guillermo fue recibido como un héroe, bajó con una sonrisa y se quebró cuando vio a su familia. La noticia del rescate recorrió el país.