“Por suerte tuve una infancia feliz”, asegura. Dolores sabía lo que quería ser mucho antes de poder ponerlo en palabras. Recuerda, cuando aún era muy pequeña, sacar la ropa de su madre y vestirse, y sentirse cómoda con la imagen que devolvía el espejo. “Cuando mi mamá me enganchó, le dije cuando sea grande quiero ser una nena”.
Y así fue. A los 9 años nació Dolores Guadalupe. Guadalupe en honor a la Virgen de Guadalupe, de la cual su madre es devota. Dolores, porque era el apodo que eligió de pequeña. Su nombre de nacimiento asegura no recordarlo. “Lo olvidé totalmente”, comenta, y continúa: “No está conmigo esa persona, ósea, esa persona dejó de existir a los 9 años. Se me quedó para adentro. Hasta los nueve años él se encargó de cuidar lo que había adentro. Ahora hicimos un intercambio para que Lola pudiera estar afuera”.
Una secundaria marcada por la transición y sus primeros años fuera de San Juan
“Fui al Colegio Parroquial de Angaco, y en cuanto terminé la secundaria volé. En Angaco todos se conocen, y la transición para mí era difícil, porque no quería exponer tampoco a mi familia a ese cambio”, relata Dolores.
Asistir a un colegio privado hacía que Dolores se sintiera encerrada, atada de manos, como dice. Si bien asegura no haber sufrido discriminación por su condición de parte de sus compañeros, con quien algunos hasta el día de hoy mantiene contacto; si había una mirada crítica de parte de los maestros, pero por la formación católica de la misma institución y las épocas que corrían en ese momento.
San Luis fue el primer lugar que la recibió tras terminar la secundaria, y fueron sus primeros pasos como ser libre. La primera parte la pasó con una amiga, luego se estableció en pareja y su transición más importante la pasó en pareja. “Me acompañó durante ese proceso donde de repente me vi con unas prótesis puestas y lloré todo un día. Tal vez no era que mi identidad la marcaba solamente el hecho de tener pecho, pero era algo personal mío, bien de Guadalupe”, recuerda.
La invitación que le cambió la vida y la militancia como filosofía
La provincia vecina fue su hogar hasta el 2010, año en el que se fue a Buenos Aires. “Me invitó alguien a pasar unos días allá y me enamoré de Buenos Aires”, asegura.
Las calles porteñas se abrieron ante la angaquera como un mundo nuevo listo para ser explorado. Pero la maravilla de conocer se veía una que otra vez opacado de la discriminación que día a día padecen las mujeres trans.
“Hay una creencia popular que toda mujer trans se prostituye. Socialmente te hacen sentir que es lo único que podemos hacer. Como personas trans tenemos que naturalizar la violencia desgraciadamente. Somos víctimas de un sistema patriarcal y excesivamente machista donde ser mujer para nosotras es fácil hasta el punto en el que te encuentras con la sociedad. Las realidades trans hoy son tremendas”, comenta Dolores.
En su afán por no caer en la estigmatización y el castigo social solo por elegir ser mujer, Dolores se dedicó a trabajar, poniendo por delante su capacidad y competencia.
Buenos Aires no solo le permitía volar y sentirse libre, sino que también le presentó a la militancia. “La militancia me enseñó lo que eran mis derechos, que era increíble tener que pelear por ellos si soy ser humana. En la lucha, en la lucha militante la entendí”, comenta.
El primer espacio que le enseñó la militancia fue Mujeres Trans Argentina, donde tuvo la oportunidad de conocer a Alba Rueda, militante y activista trans reconocida a nivel nacional por su lucha. “Después me autoconvoque, porque aprendí a abrazar no solo las luchas propias, sino de las de todos. Marché por el aborto, por ejemplo. Abracé y abrazo un montón de causas porque la militancia se quedó en mí. La militancia es mostrarle a la sociedad que estamos”, asegura.
Fueron casi 15 años los que estuvo Dolores en Buenos Aires, donde pasó por el Bachillerato Mocha Celis, una de las únicas secundarias públicas y gratuitas para personas trans y travestis del mundo; trabajó como camarera en bares; comenzó a militar en distintos espacios y estuvo en la primera fila durante el debate de la Ley de Identidad de Género.
“Ah, y también hice cine”, suelta entre risas. Una historia de su vida que merece un capítulo aparte.
“La Noche”, la película que la tuvo como protagonista
“En Buenos Aires conocí a Edgardo Castro, de quien me hice muy amiga. Un día me dijo `yo quiero que seas la actriz de mi película´. Le dije que no, obvio. No sabía de actuación, pero bueno, me convenció y a fines de noviembre de 2012 comenzamos. Yo seguía trabajando en el bar y un día me cayó. Me dijo: ´salís de acá y vamos a hacer una locación´. Era cierto lo de la película”, cuenta.
Dolores recuerda la filmación como una de las mejores experiencias. Asegura que durante el rodaje tuvo mucha libertad a la hora de interpretar su personaje. Incluso comenta que en un momento el guion proponía que ella fuera prostituta, algo que no compartía, ya que es partidaria de demostrar que la prostitución no es el único destino de las mujeres trans, y que, como cualquier persona, son capaces de construir vínculos sanos sin droga ni prostitución de por medio. “Lo planteé y me dieron la libertad de construir mi personaje, eso fue re lindo”, recuerda.
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Fragmento de la película "La Noche"
Y continúa: “Fue raro hacer la película, porque nunca estudié actuación y nunca me hubiese imaginado terminar haciendo una película, pero lo bueno es que el público lo tomó a bien, viendo a una persona trans desnuda, viendo también la situación, o sea, se trata específicamente de la noche de Buenos Aires. Se muestra bastante en crudo lo que se vive, y está bueno no estigmatizar ni generalizar, porque ya es suficiente con la sociedad”.
La vuelta a San Juan, entre la familia y la militancia
Su regreso a la provincia no estaba en los planes, pero una circunstancia de fuerza mayor la trajo de vuelta en julio del año pasado. Su padre fue diagnosticado con cáncer, y al ser hija única, regresó para acompañar a sus padres en el proceso. “Por suerte lo superó, pero están grandes y decidí quedarme con ellos en vez de regresar a Buenos Aires”, comenta.
A la semana de haber regresado, se enteró que se estaban llevando encuentros para organizar lo que fue la Semana del Orgullo, y no pudo con su deseo de seguir luchando por las causas que considera justas. Hoy forma parte del Consejo Provincial de Diversidad, desde la provincia es coordinadora federal del Movimiento Trans de Buenos Aires, y recientemente ha comenzado un grupo de WhatsApp, para que se vuelva un espacio de contención y de lucha compartida, llamado Movimiento Transfeminista.
¿Qué es para Dolores ser mujer?
“Una responsabilidad muy grande. Una responsabilidad muy grande porque seguimos viviendo en un sistema patriarcal. Seguimos viviendo en ese sistema tan machista, donde también tenemos momentos de violencia. Y el transfeminismo, para mí, desde que lo conocí, desde que nació, es algo que me tiene empoderada, pero porque conozco mis derechos, porque los pude aprender y transmitirlos también es muy importante”, reflexiona.