Curiosidad: la época en que San Juan fue parte de Estados Unidos
En el Paleozoico, territorio que hoy es San Juan formó parte de un fragmento continental ligado a Norteamérica. La geología explica cómo llegó a Sudamérica.
La zona conocida como Cuyania no se formó originalmente en Sudamérica. Por el contrario, habría sido parte del margen sur de Laurentia y se separó durante el Paleozoico temprano.
Puede sonar extraño, pero la geología cuenta una historia tan curiosa como sorprendente: hace cientos de millones de años, parte del territorio que hoy ocupa San Juan no estaba donde está ahora. Según explican los científicos, formaba parte de un fragmento continental vinculado a lo que hoy es Norteamérica y, tras un largo viaje geológico, terminó integrándose al borde de Sudamérica. Ese antiguo bloque es conocido como Cuyania, y su historia puede leerse todavía en las rocas de la Precordillera sanjuanina.
El licenciado y doctor en Geología Aldo Luis Banchig, profesor de la Universidad Nacional de San Juan, resume la idea con una mezcla de humor y ciencia: “Esa es la parte divertida. Antes éramos laurénticos”, dice en referencia a Laurentia, el antiguo continente que incluía gran parte de lo que hoy es América del Norte.
Según explica el especialista, el llamado Terreno Cuyano es un bloque de corteza terrestre que se extiende desde el noroeste de La Rioja, atraviesa San Juan, pasa por la Sierra de Valle Fértil y continúa hacia el sur, involucrando sectores de Mendoza hasta cerca del río Colorado. Pero lo más interesante es su origen.
Las investigaciones geológicas desarrolladas durante décadas indican que ese bloque no se formó originalmente en Sudamérica. Por el contrario, habría sido parte del margen sur de Laurentia y se separó durante el Paleozoico temprano. "Ese pedacito estuvo viajando durante todo el Cámbrico y el Ordovícico, estamos hablando de entre 500 y 480 millones de años aproximadamente”, explica Banchig.
En ese tiempo, Cuyania se desplazó a través de un antiguo océano (conocido como Iapetus) hasta acercarse al supercontinente Gondwana, que entonces reunía a lo que hoy son Sudamérica, África, Australia y la Antártida.
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Estas reconstrucciones paleogeográficas muestran la hipótesis central: Cuyania (donde hoy está la Precordillera sanjuanina) estaba originalmente cerca de Laurentia, en Norteamérica, y luego se desplazó a través del antiguo océano Iapetus hasta chocar con Gondwana.
Finalmente, hace unos 470 a 450 millones de años, ese fragmento continental chocó contra el borde occidental de Gondwana y quedó definitivamente incorporado al territorio que millones de años después sería el oeste argentino.
Las pistas escondidas en las rocas
La historia de ese viaje no se reconstruyó por casualidad. Los geólogos pudieron rastrear el origen de la Precordillera gracias a varias evidencias científicas. Una de las más importantes proviene de los fósiles marinos encontrados en las rocas de la región. Muchas de esas especies del período Ordovícico tienen afinidades con organismos hallados en antiguas plataformas marinas de Norteamérica.
“Los fósiles presentaban afinidades correspondientes a los que tiene Laurentia, en América del Norte, al sur de los Apalaches”, explica Banchig. Es decir, la fauna marina registrada en San Juan se parecía más a la de esa región que a la que existía en el borde de Gondwana.
También las rocas aportaron pistas. La Precordillera contiene grandes formaciones de calizas que se originaron en ambientes marinos cálidos, similares a los de plataformas tropicales actuales. “Representan la evolución en un ambiente casi tropical, una plataforma como la de Florida o las Bahamas”, señala el geólogo.
Ese dato llamó la atención de los investigadores: mientras en otras zonas del antiguo Gondwana, como el actual noroeste argentino, predominaban condiciones mucho más frías, las rocas sanjuaninas indicaban un ambiente completamente distinto.
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La Precordillera sanjuanina guarda los secretos del viaje de estas tierras a lo largo de millones de años.
Otra evidencia aparece en finas capas de ceniza volcánica preservadas entre las calizas de la Precordillera. Esas capas, visibles por ejemplo en la zona de Talacasto, se formaron cuando Cuyania se acercaba al borde de Gondwana.
Según explica Banchig, ese proceso generó un arco volcánico asociado al antiguo sistema de Famatina, en La Rioja. Las erupciones liberaron cenizas que cayeron sobre la plataforma marina donde se encontraba la Precordillera. “Esas cenizas las encontramos como pequeños niveles arcillosos entre las calizas, y coinciden con la edad de ese proceso de acercamiento”, señala.
Para analizar esta teroría, los científicos también recurrieron a estudios paleomagnéticos, una técnica que analiza la orientación magnética registrada en las rocas cuando se formaron. Al comparar esos datos con los de otras regiones del planeta, los geofísicos encontraron que los vectores magnéticos de las rocas de la Precordillera coincidían con los de zonas cercanas a los Apalaches, en Norteamérica. “Los geofísicos proyectan esos vectores y todos coinciden en un mismo sector. Eso quiere decir que estaba todo junto en aquel momento”, explica Banchig.
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El mapa muestra la distribución actual del terreno Cuyania en Argentina, que incluye gran parte de San Juan, Mendoza y sectores de La Rioja.
Un rompecabezas de continentes
El caso de Cuyania no es único. Según los geólogos, el borde occidental de Sudamérica se formó como un verdadero rompecabezas de fragmentos continentales que se fueron adosando con el tiempo. Antes de Cuyania, otro bloque llamado Pampia ya se había incorporado a Gondwana. Más tarde se sumó Chilenia, asociado al actual territorio de Chile.
“Cuando vemos el mapa hoy, pensamos que siempre fue un solo pedazo de tierra, pero la Tierra se rompe, se mueve y los continentes viajan”, resume Banchig.
Por todo esto, San Juan es considerada por muchos científicos como un auténtico laboratorio natural. Las capas de roca que afloran en la Precordillera conservan registros de antiguos océanos, movimientos de placas tectónicas y cambios climáticos ocurridos hace cientos de millones de años.